Celta 0 - 3 Oviedo
Un espectro se pasea por Balaídos
El Celta sufre un serio revés al caer con claridad y justicia ante el colista | El Oviedo explotó la flojera defensiva del conjunto de Claudio que apenas generó situaciones de peligro en medio de una desconexión absoluta
El Celta sigue en Friburgo. Allí se quedó el jueves haciéndose preguntas y persiguiendo camisetas rojas que nunca se estaban quietas. Su triste espectro se paseó ayer por Balaídos donde el Oviedo, colista de la categoría y con un pie en Segunda División, le pegó un terrible revolcón para castigar su desconexión y el desorden generado por una alineación que Claudio hizo con la idea de preservar a buena parte de los jugadores que deben ser importantes en el intento de remontada de esta semana. En el día que el Celta había previsto poner al fuego la olla en la que quiere cocer a los alemanes dentro de cuatro días llegó el Oviedo y arrojó un cazo de agua fría sobre ella. Y aún por encima lo hizo cuando los vigueses podían cerrar el domingo en la quinta plaza (sinónimo de Liga de Campeones en estos momentos). Pero pesó demasiado el lastre que para el Celta supone en estos momentos su propio área, terreno favorable para cualquier delantero con un mínimo de intención y donde los centrales parecen haberse volatilizado. Desde que Starfelt se echó mano al lumbago en Suecia, muchos de los planes del Celta saltaron por los aires. La firmeza defensiva que lució en otros momentos de la temporada se ha difuminado por completo y la portería se ha agrandado para los rivales. Al Oviedo le bastó para hacer sangre con poner cuatro balones en una zona delicada y dedicarse luego a defender con un mínimo de orden a un equipo bloqueado, irreconocible y con buena parte de los jugadores atrapados en su peor versión.
Es difícil gestionar cansancio, emociones y objetivos a estas alturas de la temporada. Hay que tomar decisiones difíciles y establecer prioridades. La vida es mucho más sencilla para quien solo tiene un objetivo en mente. En la virtud lleva su penitencia el Celta. Claudio antepuso el descanso para buena parte de los jugadores que serán esenciales el jueves (Ilaix, Borja, Jutglá...tal vez Sotelo) y tomó decisiones arriesgadas como la de hacer debutar a Andrés Antañón como titular y formar en el doble pivote a la pareja Vecino-Fer López. Todos parecieron jugar en diferente onda, como si se hubiesen conocido minutos antes de arrancar el partido. Perfectos extraños quienes un rato antes se cambiaban juntos en el vestuario. Nadie conectó. En eso influyó la mala gestión emocional que el Celta hizo del primer mazazo en contra. Lo recibió en el minuto cuatro justo después de que el equipo rematase dos veces en los dos primeros minutos de juego (disparo de Antañón y cabezazo de Rueda). Un simple espejismo. Pero llegó el Oviedo al área de Radu y descubrió un territorio abonado a los problemas. Carreira despejó y después de una serie de rebotes el balón fue rechazado por Radu y cayó a los pies de Recio, mucho más vivo que Alvaro Núñez que marcó con facilidad.

Aspecto de Marcador, durante el partido de ayer. / MARTA G. BREA
El 0-1 desconectó al Celta por completo que solo tuvo la opción de cambiar el destino del partido en una buena llegada de Antañón y un disparo posterior de Fer López que se encontraron ambos con ese buen portero que es Escandell. No lo sabían, pero acababan de despedirse de la última oportunidad de enchufarse al partido. Y solo estaban en el minuto 15. A partir de ahí el equipo fue un dolor con la pelota, con muchos jugadores irreconocibles (ni una triste arrancada de Rueda, ni un punto de luz en Fer López, con la versión deprimente de Williot, con Pablo Durán equivocándose de forma repetida...), sin profundidad ni remate. Fue desesperante la cantidad de veces que el balón bailó por la frontal el área en pases inocuos mientras todos renunciaban a la responsabilidad de acabar la jugada. El Oviedo, que creía que pasar por Balaídos era como atravesar un bosque oscuro una noche de tormenta, se encontró un ambiente muy parecido a dar un paseo por Samil tomando un helado. Nadie le amenazaba con un mínimo de credibilidad. Por eso antes de llegar al descanso se les ocurrió salir de su campo y poner otro balón en el área pequeña. El caos una vez más. Fede Viñas, un tipo decidido y rápido en esos últimos metros, puso en evidencia a Aidoo para meter la punta de la bota y sorprender a Radu, vendido por una defensa transparente.
Cambios
Claudio trató de cambiar el destino del partido con la entrada de Ilaix y Aspas por el joven Antañón y el inexistente Vecino. En Valencia le funcionó abandonar el tradicional esquema de tres centrales, pero esta vez el técnico no quiso recorrer ese camino y se mantucvo abrazado al plan de cabecera. El Celta tuvo más presencia en el campo del Oviedo, pero no sabía explicar muy bien con qué intención. La movilidad (con escaso acierto) de Aspas y las conexiones puntuales con Fer López sí permitieron encontrar alguna situación de ventaja en los costados, pero la realidad del partido siguió siendo tétrica para el Celta que en el minuto 57 recibió el tercer tanto en otro balón que fue a su particular «triángulo de las Bermudas», ese espacio en el que desaparecen sus centrales y solo parecen existir delanteros rivales. Otra vez un balón sencillo desde el costado acabó en Fede Viñas que anotó a placer el tercer tanto para desesperación incluso de los optimistas compulsivos que aún confiaban en el arreón del Celta en algún momento.
Cuando aparecieron en escena Jutglá y Borja Iglesias la situación mejoró para el Celta porque ahí sí se advirtió un punto de veneno que hasta el momento no había tenido el grupo de Claudio. Jutglá es ahora mismo uno de los asideros a los que debe agarrarse el Celta en estos momentos. Se le ve fino, intenso, rápido y decidido. Fueron suyas las mejores acciones del tramo final del partido, el que probó a Escandell y quien dio más trabajo a una defensa que hasta ese momento había pasado una tarde apacible en Balaídos.
Así se murió el Celta, sin ser capaz de abrir el muro que el colista había plantado en Balaídos. Buscaba esperanza pensando en el jueves, pero solo encontró nuevas dudas. Se fue a casa con la cabeza baja, pero con la obligación de levantarla.
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