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Friburgo 3 - 0 Celta

Deja al menos un cadáver hermoso

El Friburgo avasalla a los celestes a nivel físico, técnico y táctico desde el primer minuton Concluir con orgullo la Europa League en Balaídos, objetivo inicial para la vuelta en la persecución del milagro

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Enviado especial a Friburgo

Al Celta se le atraganta el sur alemán. Inició esta Europa League desmadejado ante el Stuttgart y apunta a concluirla como un muñeco de trapo ante su vecino Friburgo. Nunca encontró Claudio Giráldez cómo competir. Su planteamiento inicial naufragó desde el primer instante y ninguno de sus cambios en piezas y tácticas resolvieron la inferioridad manifiesta. A Balaídos se le exige un auténtico milagro.

Claudio y Julian Schuster, orfebres de estas criaturas camaleónicas, han jugado a engañarse diciéndose la verdad. Claudio, que deja en la suplencia a Fer López y Aspas, confía la pausa a Sotelo. Su equipo insinúa con atreverse, pero sin agresividad. Los locales, que se definían desde la reacción, buscan a pares, como han estado ensayando durante las últimas jornadas de la Bundesliga.

Su apuesta incomoda al Celta, que recae en los defectos de septiembre, cuando Borja Iglesias se ofrecía como única salida, antes de la eclosión de Román, aquel teórico actor de reparto hoy tan añorado como protagonista. Con el ariete neutralizado, los celestes intentan sobrevivir apretándose en el área. Pretenden capear el temporal resguardándose bajo el soportal de Radu. Pero no está Starfelt para ponerle masilla a la defensa. Grifo, el Aspas local, encuentra la rendija que ya Eggenstein había explorado. El arquero rumano no llega a este segundo disparo.

El Friburgo se concede un respiro tras el 1-0 o le tienta tal vez la codicia. El balón al fin transita por Sotelo y el Celta agita el balón de lado a lado. Pero Jutglà abusa del regate, a Borja le sobra medio metro en el control y un rival se interpone en el disparo de Javi Rodríguez.

Aunque el partido se equilibra ahora en la alternancia de fases, el pecado original no se ha remediado. El Celta se asienta con el balón pero se descoordina en la presión. El Friburgo salva con facilidad ese corsé y va encadenando acciones a balón parado, que Claudio había recomendado evitar. Sus laterales se intercambian en un acción; Mingueza sufría por la derecha, con Makengo, y el segundo gol llega justo en ese instante por la izquierda, en una concatenación de fallos de la que Mingueza participa y Beste culmina.

Estambul y ya Braga o Sevilla se han difuminado en el horizonte en apenas media hora. Claudio había reclamado estabilidad emocional a sus jugadores, anticipándoles el sufrimiento. No lo aguardaban en tanta medida o con el temple necesario. Empiezan a multiplicarse los que se precipitan en el pase o se retardan en la ayuda. La insidiosa duda se ha instalado en sus mentes y devora su confianza. Cada ataque les parece imposible y cada defensa, insoportable. Borja acude a la banda a pedir el consejo de su entrenador. Por mucho que lo hubiera descartado, a Claudio le preocupa el marasmo de los suyos; esa línea mal tirada que Grifo rompe, aunque no lo rentabilice, o los despejes retorcidos de Radu. Aunque Borja se lanza a la acometida contra todos, al descanso sólo se observan los males que el Friburgo ha aventado. No se distingue la esperanza al fondo de la jarra.

Claudio agita enseguida el banquillo. Fer y Jones reemplazan a Javi Rodríguez y Swedberg. Como ante el Valencia, el dibujo se inclina al 4-4-2. Pero el Friburgo, al revés que el Valencia, no se descuadra. Sigue llegando antes a cada balón dividido. Sigue imponiéndose en cada choque como un adulto jugando contra un niño. Por eso Claudio eleva su edad media introduciendo a Vecino por Sotelo.

Una colisión de cabezas, en un intento de remate de Jutglá, enfría la noche germana, pero no serena al Celta, incapaz de recuperar la sincronía y de ajustarse combinaciones y desmarques. Carreira intercepta a Suzuki. El Friburgo siente que puede dejar sentenciada la eliminatoria. Y lo peor es que también lo siente el Celta, que sólo intenta seguir latiendo en el siguiente despeje, sin ningún plan posterior. Un disparo elevado de Borja en el minuto 70 es el primer amago de peligro.

Claudio intenta impedir el naugrafio según va distinguiendo más agujeros en el casco. El equipo se ha partido en dos. Nadie sigue a Jutglá y Borja en una presión en la que tampoco ellos, en realidad, creen. Entran Durán, para multiplicarse en el trabajo, y Iago Aspas. Porque ya no parece quedar otro recurso que rezarle al santo. Hasta su peana está ya gastada de tanto que se le ha exigido durante casi dos décadas. Un mal pase suyo concluye en el córner del 3-0. Ginter lo remata en el área pequeña ante un Celta que defendía con once, sin descolgar a nadie a la contra.Es el retrato de una profecía autocumplida.

El Friburgo insiste, queriendo ahorrarse el viaje a Vigo. Aunque sus aficionados y los del Sttugart, el gran rival en el estado de Baden-Wurtemberg, se detesten, se han imitado en la superioridad sobre el Celta. Y esta vez no llega el gol aislado que, a doble partido, hubiera alentado la fe. Fer López remata fuera el único centro preciso de Mingueza. Que el balón de Scherhant gire hacia fuera tras salvar a Radu y eso salve el cuarto resulta un escaso consuelo. Manzambi seguirá tronzando a sus marcadores como a espigas maduras hasta el silbido final.

La aventura céltica en esta Europa League parece aproximarse a su conclusión. No sólo por el contundente marcador, sino porque resulta más breve aún que preciso. Justamente superados, no merecen los de Claudio Giráldez un funeral triste. Que Balaídos contemple al menos un hermoso cadáver.

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