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El trabajo invisible del Celta en Friburgo con fisios, utilleros y personal de apoyo clave: «Llevamos lo de ser celtistas desde pequeños»

Ernesto Vieito, jefe de fisioterapia, y Edu Fernández, responsable de utillaje, enrolados desde tiempos de Lotina, ejercen en Europa como veteranos y desempeñan, junto a sus compañeros, un papel imprescindible

Edu Fernández y Borja Puga, con el material, en el aeropuerto de Basilea.

Edu Fernández y Borja Puga, con el material, en el aeropuerto de Basilea. / Marta G. Brea

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Medio centenar de personas componen la expedición del Celta a Friburgo. Cada uno desempeña un papel en esta representación teatral. Directivos y ejecutivos participarán en los actos protocolarios y asistirán desde el palco, sujetos al escrutinio de las miradas ajenas. Claudio Giráldez y su cuerpo técnico impartirán instrucciones antes y durante el partido. Los jugadores interpretarán la obra y se someterán al aplauso o al abucheo de la platea. Otras manos, sin embargo, han trabajado desde antes de que se haya levantado el telón y seguirán afanándose cuando caiga. Ellos aceitan la maquinaria y alivian a los protagonistas de tareas. Bullen de manera invisible, como tramoyistas. Desde detrás del decorado han presenciado y participado de la historia, como los veteranos Ernesto Vieto y Edu Fernández.

A Ernesto, aquel joven enrolado en el primer equipo en 2002, hoy jefe de fisioterapia, se le ha encanecido levemente el pelo y ya gastaba como veinteañero ese temple que lo distingue. A Friburgo lo han acompañado Ignacio Herrando y Salva Domínguez, con los que se repartirá el cuidado de los cuerpos celestes. En el hotel montan sus camillas e igual en el vestuario del estadio. El cronograma “no cambia demasiado”, con respecto a cualquier otra cita, asevera. Si acaso, “un poco más de trabajo por el entrenamiento previo al partido que en LaLiga, donde se suele viajar el mismo día”.

Las bolsas con los almuerzos personalizados, en Peinador.

Las bolsas con los almuerzos personalizados, en Peinador. / Marta G. Brea

Tampoco la trascendencia se percibe en lo que los jugadores exigen de sus fisios. “Como son partidos cada tres días, estamos nosotros más atentos a aquellos que puedan arrastrar alguna molestia o que tienen que ajustarse. Estamos encima. Pero ellos no nos demandan nada”.

Del acarreo de sus cachivaches, como de todas las demás prendas y artefactos de la expedición celeste, se encargan el responsable de utillaje, Edu Fernández, contratado en 2003 como reemplazo de Nino, y su ayudante, Borja Puga. Para ellos, el tiempo en avión o autobús es un breve paréntesis en su frenesí. Los dos asumen el traslado de entre 600 y 650 kilos, repartido en 25 bultos grandes, entre baúles y bolsones.

Ya que el autobús oficial del equipo les espera en cada destino liguero desde 2017, en las citas europeas se les complica algo más la carga. Por Friburgo se mueven en el camión que lo transporta todo. Después de comer se trasladan al estadio para preparar el entrenamiento y ya lo dejarán todo anticipado para el partido si los responsables de las instalaciones se lo permiten y si la seguridad privada lo aconseja. En caso contrario, regresarán a la mañana siguiente, temprano. Será cuando la reunión del responsable de la UEFA y los delegados comprueben las equipaciones, que una semana antes se habrán elegido mediante el sistema “kit selector”. Antes, los contrincantes debían presentarse con todas sus indumentarias.

Ernesto y Edu, que compartieron habitación durante casi dos décadas, hasta la pandemia, y que este miércoles retomaban esa tradición, han impregnado el Celta de su personalidad como antaño sus predecesores: los masajistas Tito o Álvarito, tan popular que la grada lo jaleaba y le dedicaron una peña; los utilleros Galeiro o Marcial. E igual que Cameselle, el chófer que manejaba el Lanzallamas, el autobús del equipo, por los laberintos empedrados de la posguerra, o Carmen, la encargada de lavandería a la que los futbolistas temían confesar que habían regalado o intercambiado una camiseta. “La gente que trabaja en el club solemos tener una larga vida laboral, siempre que lo hagamos bien. Se respeta el trabajo bien hecho. Otros clubes son más cambiantes en esas parcelas”, valora Edu.

Y aunque el oficio los mantenga ocupados durante casi todo el viaje, ambos no pueden abstraerse de la emoción que los rodea. Una sensación que no se ha mitigado en la acumulación de experiencias, desde la Champions de Lotina a esta Europa League en curso, con las aventuras de Fernando Vázquez y Berizzo en medio.

-Estás un poco nervioso. Creo que te voy a dejar funcionar solo por casa -le espetó a Edu su mujer, el martes, mientras este preparaba la cena de sus hijos.

“En mi primer año, cuando entramos en Champions, sinceramente no lo disfruté mucho. Acababa de entrar y estaba muy tenso con el trabajo”, reconoce. Pudo paladearlo mejor las siguientes oportunidades “y un poco más esta por la gente de la casa, que lo vive de forma diferente”, destaca.

A Ernesto no se le olvidan la victoria de San Siro o la derrota de Manchester, “todo aquel sueño del que hablaba Berizzo. Ahora me gusta lo que se ve, que vamos partido a partido, sin hablar de futuro. Se está muy seguro de lo que se hace, con gente de aquí”.

Hay más: los chicos que han traído a Peinador desde Afouteza las bolsas con los almuerzos personalizados de cada futbolista (los eligen dentro de lo que oferta que ha diseñado Álex Rodríguez, el nutricionista, a través de una aplicación); Cristina Martínez, el rostro con ángel de Celta TV, el cámara y el fotógrafo, que narrarán con arte y alma las peripecias del equipo y los aficionados; Gudelj, mito y delegado… Ninguno reclama un sitio sobre el escenario, pero disfrutarán de la gloria igual que les dolerá la pena cuando la obra concluya. “Llevamos lo de ser celtistas desde pequeños”, expresa Ernesto. “La ilusión es doble al vivirlo desde dentro, con ese corazón”.

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