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El Celta pasa a cuartos con un ejercicio de madurez

Brillante pase del Celta a cuartos de final con todo un ejercio de madurez futbolística en el césped y en la pizarra para superar al Olympique de Lyon, gigante de la liga gala y mejor equipo de la fase liga. Los de Giráldez alimentan su sueño.

Julio Bernardo

Julio Bernardo

Vigo

Todo salió a pedir de boca para el Celta, pese al penalti hurtado en el primer minuto y las sensibles bajas con las que llegaba el equipo, privado de la artillería de Borja, la brújula de Miguel Román y el talento de Mingueza. Claudio Giráldez planteó un partido sin complejos, ambicioso al extremo, que sus jugadores ejecutaron mirando siempre al frente, sin desordenarse, y con una determinación implacable.

Salieron los celestes desbocados en el arranque, pero enseguida supieron echar el freno, aprovechando a temprana expulsión de Niakhaté para monopolizar la pelota con paciencia en ventaja numérica hasta dar con la jugada ganadora y gestionar la ansiedad del rival para matarlo con un segundo gol del Jutglà en el descuento cuando Fonseca había echado el resto con todo lo que tenía en el armero.

Los cambios justos

Pocos cambios con respecto al partido de Balaídos. Apenas tres, los justos para cubrir las bajas de Borja y Mingueza y la novedad de Fer López por Aspas en novedoso frente ofensivo que completaron Pablo Durán y Williot. El Olympique saltó al césped con los mismos que jugaron en Vigo, pero con mucho menos balón por la salida en tromba del Celta y la temprana, pero irrebatible expulsión de Niakhaté en el minuto 20 de partido.

Un arbitraje indescifrable

La salida a degüello de Celta, sin complejos para apretarle las clavijas a pares a un equipo de tanta calidad técnico como el OL, se vio muy perjudicada por el nefasto arbitraje del bosnio Irfan Peljto, que obvió un clamoroso penalti de Tagliafico a Javi Rueda que incomprensiblemente el VAR no rectificó, un pisotón monumental que todos vieron menos ellos. A partir de ese momento, Peljto fue encadenando errores, un error para compensar otro que desconcertaron a todos y solo contribuyeron a deslucir el encuentro.

Expulsión de Niakhaté

No erró el colegiado en la expulsión de Niakhaté por una peligrosa entrada por encima del tobillo a Javi Rueda. Roja clara, pero mucho menos evidente que el penalti que tanto el árbitro como el VAR se tragaron miserablemente en el primer minuto de partido. A diferencia del Olympique, que no tradujo en Balaídos el dominio del balón que le reportó la expulsión de Borja Iglesias, los celestes manejaron con eficacia los tiempos, sin impacientarse hasta dar con la tecla.

Inmenso Javi Rueda

Sin duda el hombre de la eliminatoria. El insancable malagueño anotó el gol del empate en Balaídos en una magnificar jugada que él mismo empezó y culminó tras una carrera de 80 metros y fue anoche diferencial en la victoria en el Groupama Stadium. Su voracidad en la presión proporcionó enormes réditos al Celta, robando cerca del área contraria, siempre un paso por delante de la defensa rival, pero también brilló el de Alozaina con el balón en los pies, abriendo el flanco derecho a la carrera hasta convertirse en una verdadera pesadilla para los de Paulo Fonseca. Su mejor partido hasta la fecha como celeste. Lástima que vio la tercera tarjeta y no podrá jugar el próximio partido.

La pizarra de Giráldez

El entrenador del Celta estuvo brillante en el planteamiento e inteligente en la gestión, que adecuó en cada momento a los intereses de su equipo. No escatimó ambición buscando desde el segundo uno el marco rival, pero supo también darle al juego la pausa necesaria hasta que la fruta cayese de puro maduro.

Cada movimiento del banquillo tuvo sentido, con cambios protectores de Williot y Starfelt y Fer Lopez para evitar una segunda tarjeta que nivelase las fuerzas y movimientos de piezas que mejoraron las prestaciones del equipo, especialmente Hugo Álvarez, pero también Aspas o Jutglá, que volvió a marcar para liquidar el encuentro. Lució mucho Carreira, sobre todo en sociedad con un Hugo Álvarez que ha recuperado su mejor versión.

El cielo es el límite

Con su triunfo ante el OL, el Celta se ha convencido definitivamente de que tiene capacidad y recursos para llegar a lo más alto en esta competición. El cielo de Estambul es el límite. Dijo Berizzo que para que las cosas sucedan hay que soñarles y este Celta sueña a lo grande.

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