Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

«Os fillos dunha paixón» aterrizan en la Galia

El celtismo, ante la alta demanda de los vuelos, se las ha ingeniado de mil formas diferentes para apoyar a su equipo en el desplazamiento europeo más numeroso de la historia del club

Embarque de seguidores en el Sá Carneiro.

Embarque de seguidores en el Sá Carneiro. / Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Lyon

Para «derrumbar la puerta» y «seguir con la conquista», el Celta va a contar on la fuerza de más de tres mil celtistas en Lyon. La cifra más alta de viajeros a domicilio en las diez ocasiones que la entidad ha disputado competición europea –supera a los 2.800 que lloraron en Old Trafford– y en el podio de mayores desplazamientos en la historia del club, junto a las finales de Copa del Rey de 1994 y 2001. La excelente acogida por la hinchada, sin embargo, no ha ido de la mano, en la mayoría de los casos, con la comodidad y las conexiones sencillas con la localidad lionesa.

Desde el instante en que Maniche desveló el rival en octavos, las páginas de comparadores de precios de aviones colapsaron, los precios alcanzaron cifras desorbitadas y el ingenio se agudizó en la parroquia céltica.

Celtistas en Sá Carneiro. | MARTA G. BREA

Celtistas en Lyon, con una bandera rumana y Radu. / Marta G. Brea

La opción más cómoda, vuelo directo de Porto a Lyon, se agotó en cuestión de segundos. Entre los agraciados están Sergio Vilariño, Nicolás Ferreiro, Pedro Santos o Miguel Pastoriza. «Nos subieron los precios mientras estábamos pagando los aviones, pero tal y como se puso todo, nos salió bien de precio», comentaban durante el trayecto aéreo los chavales, que por la hora de su partida saliron de Vigo a las cuatro y media de la mañana rumbo a Sá Carneiro.

Por Madrid y por Lisboa

Madrid y Lisboa actuaron como aeropuertos de enlace con la ciudad gala y una minoría del total de aficionados pudieron llegar al lugar. Diego Pinto, David Fernández y Carla Casal, peñistas de Fora de Xogo, son algunos de los que, a través del aeropuerto lisboeta, asistirán al duelo. «En la ida hicimos Porto-Lisboa-Lyon y en la vuelta vamos mañana en autobús hasta Marsella y de allí volvemos a Porto», explicaban exhaustos e impacientes los tres jóvenes.

En el capítulo más agitado de la ‘Odisea Celeste’, y en proporción, la mayoritaria, los aviones no tenían Lyon como destino. Barcelona, París, Marsella o Ginebra recibieron con los brazos abiertos a miles de celtistas que, ante la imposibilidad de llegar de forma directa, se unieron a través de redes sociales para alquilar coche o encontrar autocares y trenes con destino al municipio francés, sin importar las innumerables horas y el evidente incordio que pudiera acarrear.

Brei Ramos y Xoel Romero, abonados del Celta y repetidores en lo que a viajes europeos de esta temporada se refiere, relataba: «Dormimos en el aeropuerto de Porto, salimos directos a Marsella de mañana y por la noche cogimos un autobús hacia Lyon de más de cuatro horas». Diego Cacheiro, de la comitiva que voló hasta Suiza, tampoco tuvo una hoja de ruta relajada. El joven aterrizó en la mañana de ayer en Ginebra y, tras pasar todo el día en la localidad helvética, llegó a Lyon a la noche por la vía de un autobús de casi tres horas de duración.

Aficionados jóvenes y veteranos, en pleno vuelo.

Aficionados jóvenes y veteranos, en pleno vuelo. / Miguel Salgado Reboreda

La penúltima camada del celtismo, acostumbrada a la constante pelea por la permanencia en Primera y con noche en «El Teatro de los Sueños» sin cicatrizar del todo, ya tiene la batalla con la que fascinará a sus hijos y nietos.

Del mismo modo que ellos crecieron con el orgulloso dolor de sus padres y abuelos por los naufragios en el Calderón y La Cartuja, esta promoción juvenil tendrá marcada a fuego toda la experiencia. Los noventa minutos determinarán el ánimo de la imborrable anécdota en el imaginario colectivo céltico y en el centenario tomo de la historia del equipo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents