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Aspas llega a tiempo

Dos goles del delantero moañés en el tramo final hacen justicia al ejercicio de paciencia del Celta ante un Mallorca anulado por completo | Los vigueses saltan al sexto puesto tras este valioso triunfo

Vigo

Camino de los 39 años, mientras deshoja con la tensión de un guionista de cine negro la margarita sobre su futuro inmediato, Iago Aspas sigue con esa rutina que consiste en cuidar del estado de ánimo de esa parroquia que ya no encuentra altar al que subirle porque todos parecen demasiado poco para su grandeza. Tras marcar y dar una asistencia en Salónica el pasado jueves, el delantero moañés completó su semana asombrosa anotando el doblete que ayer acabó con la resistencia del Mallorca en Balaídos y coloca a los vigueses en la sexta posición de la tabla, con la permanencia virtual ya en el bolsillo y cargado de esperanzas para pelear por sueños más importantes. Los goles de Aspas desatascaron un partido que puso a prueba la paciencia de un Celta que tuvo que esperar para trasladar al marcador la superioridad que se reflejaba en el campo y en la estadística.

Era fácil perder la cabeza, dar un mal paso, cometer ese error que buscaba el equipo bermellón desde que asomó por el túnel de Balaídos. Pero el Celta no se movió un metro de su plan, insistió desde el orden y el sentido, acosó la portería rival convencido de que tan importante como perseverar era no conceder en defensa hasta que en el tramo final, con el rearme que generaron los últimos cambios, Iago Aspas anotó el penalti con el que se sancionó un agarrón a Borja y en el descuento culminó una contra llevada de manera ejemplar por Williot.

Iago Aspas se lleva buena parte del foco de la victoria, pero este triunfo tiene muchos padres. En el buen tono general de casi todo el equipo brilló el desequilibrio generado por Hugo Álvarez, protagonista de casi todo lo producido por el Celta en el primer tiempo, y la solidez granítica de Aidoo que convirtió la presencia de Muriqi en Balaídos en una simple anécdota. El delantero kosovar condiciona el juego propio y ajeno y hay pocos defensas que sean capaces de anularle porque sus recursos van más allá del papel de cabeceador implacable. Claudio Giráldez con su planteamiento, siempre defendiendo hacia delante, consiguió su propósito de tenerle lejos del área de Radu. Aidoo le persiguió para evitar sus descargas y ganarle todos los duelos hasta condenarlo al aburrimiento. Esa seguridad en campo propio (a lo que también habría que añadir la vigilancia que Rueda y Javi Rodríguez hicieron sobre el veloz Virgili) permitió al Celta ejercer un control absoluto sobre el partido y preocuparse, sin perder la calma, de buscar la rendija por la que colarse en el área de Leo Román.

Ahí es donde entra Hugo Álvarez. El Mallorca defendió con mucha gente y sin ánimo de ir a buscar al Celta. «Donde esté un buen muro que se quite cualquier otra idea» debió de pensar Jagoba. No quería que los vigueses encontrasen metros para correr ni intercambio alguno de golpes. Su partido ideal era uno cerrado, de escasas ocasiones, en el que cundiese la impaciencia. El Celta en el primer tiempo no encontró otra solución que Hugo Álvarez. Jutglá, intenso en la persecución, estaba peleado con los controles; Fer López se enredó de forma excesiva en algunas maniobras (aunque siempre regala un instante de plasticidad y eficacia que solo él puede generar) y los medios (Román y Vecino) estaban más preocupados por arar su parcela de manera eficiente. Pero Hugo fue otra historia. Su crecimiento en las últimas semanas es palpable y eso ha desembocado en un futbolista distinto. De sus botas salieron las mejores opciones del primer tiempo: en aquel pase a Pablo Durán que el de Tomiño envenenó con un toque de puntera y sobre todo en aquel slalom en el que sentó a dos defensas y cuyo «pase a la red» se encontró con las piernas de Jutglá. Hubiese sido un gol de bandera.

El problema para el Celta, tantas veces vivido en Balaídos, era que no supiese gestionar un dominio tan aplastante y eso le llevase a dar un mal paso por un exceso de ansia. Pero Giráldez ha mejorado también la mente del Celta que piensa más y mejor dentro del campo. Los vigueses asumieron la clase de partido que debían jugar y eso obligaba a masticar las jugadas como si fuesen niños que están dejando la papilla. Fer López tuvo la primera ocasión del segundo tiempo, luego fue Javi Rueda el que probó suerte...los disparos comenzaban a acumularse y la estadística decía cosas que callaba el marcador.

La entrada de Moriba, Aspas y Borja Iglesias a falta de media hora fue un movimiento esencial en el desarrollo del partido. Un rearme en toda regla ante un Mallorca que respondió con un paso resignado: sacar del campo a Muriqi que era como ofrecer las tablas en una partida de ajedrez. Pero Claudio es de la escuela de Bobby Fisher y negó cualquier alto el fuego. El partido entró en una dinámica más abierta porque al Mallorca ya le costaba recuperar la posición y la energía de los recién entrados (hay que sumar también a Williot que compareció al final del primer tiempo por el lesionado Durán) arrinconaron aún más al Mallorca. La entrada de Jones, que cada día que pasa añade nuevas actualizaciones a su repertorio, empujó aún más a los bermellones contra su portería. El noruego probó suerte en un par de situaciones con escasa puntería y el agobio del equipo de Jagoba era evidente.

A falta de cinco minutos Raíllo, cansado ya de pelear contra Borja Iglesias, abrazó al santiagués en un centro al área. El árbitro señaló el correspondiente penalti que Iago Aspas colocó en la red con un disparo ajustado al palo derecho. Tampoco el Celta titubeó con el marcador ya en su mano. Cuidó la ventaja, pero no dejó de ver hacia la portería del Mallorca. De hecho, a Radu no se le vio en el tiempo de prolongación, ese momento en el que el miedo acula a los equipos en su propio área. En el largo descuento Aspas y Williot armaron un lío en la banda izquierda; el sueco condujo la contra con la velocidad justa a la espera de que el moañés atacase el espacio. El pase preciso, la fuerza justa y el gol. El segundo de la noche de Iago; el salto al sexto puesto, la permanencia ya casi en el bolsillo, la historia que no se detiene, un mito que esté lejos de apagarse.

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