DIECISEISAVOS EUROPA LEAGUE
300 valientes celtistas en el Hades
La reducida marea celeste desplazada a Salónica disfrutó del sol de la antigua ciudad griega, con el Monte Olimpo contemplándolos y advertencias de ser discretos con sus enseñas, antes de vivir una apasionada noche de fútbol y conquistar el infernal estadio Toumba

Marta G. Brea
Salónica, la segunda ciudad griega (319.000 habitantes), recibió al Celta en el día de su partido contra el PAOK con un sol radiante, del que los menos de 300 incondicionales celestes disfrutaron con avidez alejados de la borrasca perpetua que se ha instalado en Vigo desde hace ya demasiados meses. Menos aficionados, una tercera parte de los desplazados a Belgrado y la mitad de los que tiñeron de celeste las calles de Zagreb y Stuttgart, pero igualmente orgullosos de la pasión que corre por sus venas y que volvió este jueves a latir con fuerza aunque, por razones de seguridad, de modo más discreto que en Croacia o en Alemania.
Hubo menos celtistas y estuvieron más dispersos que en anteriores desplazamientos por la mayor distancia y la complejidad del viaje, con menos y más problemáticas combinaciones de vuelo. Pese a ello, se plantaron en Salónica más de dos centenares de celtistas de todo tipo y condición, llegados desde lugares tan dispares como Suiza (tal es el caso de Marcos Lorenzo, presidente de la peña celtista de Ginebra) o Estambul (Pablo Villaverde y su familia, que hicieron parada en Salónica de regreso de sus vacaciones para arropar al Celta en tal señalada cita).

Ambiente celeste previo al partido PAOK - Celta en Tesalónica / Marta G. Brea
La mayoría se desplazó desde Galicia con combinaciones de vuelo muy dispares, con escalas tan variopintas como Barcelona, Múnich o Gotemburgo. El desembarco fue escalonado, desde la tarde del miércoles a la mañana del jueves y, en algunos casos bastante accidentado debido a las rachas de viento huracanadas que azotaron Salónica la víspera del partido y que impidieron el aterrizaje de un buen número de vuelos, de las que la expedición del Celta se libró de puro milagro.
Juanjo Presa, celtista impenitente curtido desde hace décadas en viajes europeos, fue uno de los afectados por el viento y tuvo que desviarse a Atenas. El contratiempo le sirvió al menos para trabar amistad con un ultra del PAOK residente en Barcelona que regresaba a su ciudad natal para pasar el final de semana y, de paso, asistir al partido. Su recomendación fue tajante: nada de exhibir bufandas ni camisetas por las calles del centro. «Sed muy prudentes», le dijo a él y a su hijo Guzmán, no sin antes darle su teléfono «para lo que necesitasen». La policía griega también pidió discreción, recomendando a los celtistas no exhibir bufandas ni banderas por el centro de la ciudad. No todos hicieron caso.
A diferencia de anteriores desplazamientos, las visitas al hotel de concentración del Celta para tratar de cazar algún autógrafo o hacerse fotos con los jugadores fueron contadas, por no decir inexistentes. En un retiro casi monacal, la expedición celeste se concentró en un resort de lujo a media hora en coche del centro, lo que dificultó el encuentro con los hinchas. Allí permanecieron velando armas hasta la hora del partido los jugadores, que recibieron la inesperada visita de Zisis Vrizas, aquel delantero campeón de Europa con Grecia en Portugal que colaboró al penúltimo ascenso del Celta a Primera hace más de dos décadas, a las órdenes de Fernando Vázquez. Carles Pérez, enrolando provisionalmente en las filas del Aris, el eterno rival del PAOK, no se pasó por el hotel, pero sí asistió luego al partido para saludar a sus compañeros.
Sí abandonó el retiro del hotel el grupo de directivos encabezado Marián Mouriño y el presidente emérito, su padre, Carlos, así como la plana mayor de la dirección deportiva, con Marco Garcés al frente, para realizar una visita guiada por una ciudad con siglos de antigüedad y visitar sus principales monumentos: la Torre Blanca, el Arco de Galerio, la estatua de Alejandro Magno o la Iglesia de San Demetrio, patrono de la ciudad, entre otros.
Giráldez y su cuerpo técnico abandonaron también por un tiempo la concentración para darse una vuelta por el centro y disfrutar de una mañana de sol sumamente agradable por el hermoso paseo marítimo a orillas del Mar Egeo, con las nevadas cumbres del majestuoso Monte Olimpo, aquel donde se dice que moraban los antiguos dioses, enfrente.
La bulliciosa zona portuaria, repleta de terrazas y atractivos turísticos, fue el destino final de la pequeña marea celeste. Allí fueron llegando los dispersos celtistas en pequeños grupos para concentrase en una desierta explanada del puerto para tomar la lanzadera al estadio Toumba dos horas antes del partido y disfrutar luego de una experiencia europea inolvidable.
Los 300 valientes del Celta la vivieron en una semidespoblada esquina de fondo sur, en el lado opuesto a los temibles ultras del PAOK, una de las hinchadas más calientes de Europa, por encima incluso de la del Dinamo y el Estella Roja, con cánticos que hicieron retumbar el estadio con un rugido infernal, como venido del inframundo. El Hades no debía sonar muy diferente.
Pero en esto del fútbol, hasta el mismo Hades puede congelarse. Y así ocurrió en una noche mágica para esos 300 irreductibles celtistas que salieron victoriosos del Hades, como si el mismo Orfeo y no el gran juego y los goles del Celta, los hubiese guiado.
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