El Celta choca con los elementos
El equipo vigués empata en el descuento un partido que jugó de forma primorosa pero en el que se vio penalizado por la incomprensible anulación de un gol en el tramo final

Los celestes celebran el gol del empate. /
El Celta está lejos de recibir lo que merece. Atraviesa un tramo de la temporada en el que su fútbol y los marcadores que produce (acumula cuatro jornadas sin ganar) poco tienen que ver. Ha ganado partidos esta temporada jugando bastante peor. En Cornellá rescató un punto en el descuento después de ofrecer un duelo maravilloso por momentos pero en el que se vio penalizado por su escaso acierto, el incomprensible afán de protagonismo arbitral y dos pequeñas lagunas en defensa que dieron vida a un Espanyol que se veía impotente para frenar el inmenso volumen ofensivo del equipo vigués. Se le escapa al Celta el sexto puesto por ahora, pero le sobran razones para sentirse orgulloso.
El partido fue por momentos una sinfonía del Celta que bailó al ritmo que marcaron desde el centro del campo la pareja formada por Miguel Román y Fer López, reubicado en posición de mediocentro. Juntos enloquecieron al Espanyol por su facilidad para armar posesiones, cambiar el sentido del juego y tejer relaciones. Con casi todo el mundo inspirado, el Celta fue construyendo y empujando a los “pericos” en su área. Javi Rodríguez tuvo la primera en un disparo desviado por poco, luego fue Borja Iglesias…los vigueses, con parsimonia y sentido, fueron esperando su oportunidad con paciencia. Llegó superada la media hora con una jugada coral en la que Fer López puso en carrera a Javi Rueda por el costado y éste encontró en el corazón del área a Jutglá para que fusilase a placer. Era el premio al gran trabajo que el Celta estaba realizando en ese momento y esa superioridad que nadie manifestaba como Fer López, convertido en mariscal de campo.
Las cosas mejoraron con el paso del tiempo porque el Celta después del descanso amenazó con destripar al Espanyol. Le penalizó su escaso acierto en esos minutos en los que, casi siempre por la banda de Carreira y de Williot, los vigueses llegaron al área rival con enorme facilidad. Dmitrovic negó a Carreira en un gran disparo, Jutglá tuvo un par de situaciones de peligro y la impresión era que el Espanyol era impotente para tapar las vías de agua que se le iban abriendo.
El VAR marcó el partido
El pecado del Celta fue no dejar la cuestión liquidada en ese momento porque Manolo tiró de su arma favorita, y una de las kryptonitas del equipo de Claudio: Kike García. Llevaba pocos minutos en el campo el delantero cuando el balón cayó en sus pies tras una serie de rebotes y de malas decisiones en el Celta. De la nada sacó un remate descomunal que se fue cerca de la escuadra. Con una décima parte de méritos el Espanyol tenía el mismo premio que el Celta.
No aflojó el equipo de Giráldez que retomó el mando del partido revitalizado con las entradas de Durán, Moriba y Mingueza. Volvía a achicar aguas el cuadro blanquiazul, el gol seguía rondando su portería. Y llegó en una jugada algo embarullada en la que Borja Iglesias desde el suelo ajustició a Dmitrovic. Pero entonces llegó una de esas penalidades que amenazan al fútbol. El árbitro del VAR metió la jugada en el microscopio y entendió que el balón llega al delantero santiagués de Pablo Durán y que el toque del defensa del Espanyol, claro e intencionado, es producto de una casualidad. Gol anulado; pura imaginación arbitral.
El Celta se quedó algo tocado después de la anulación y por momentos dejó que el partido entrase en una locura poco conveniente. Es verdad que tuvo en dos transiciones el segundo tanto, pero abrió una peligrosa puerta atrás. Y por allí se colaron para ganar la espalda a Javi Rodríguez y poner un balón atrás que Dolan transformó en el 2-1. Era difícil de digerir aquello. Pero en ese momento fue cuando el Celta mejor impresión dio. Con la entrada de Aspas y pese al agobio de tiempo y la frustración metió al Espanyol en su área, lo llevó de un lado a otro y le buscó las cosquillas de forma insistente.
Siempre con sentido en todo lo que hacía. Un tramo para reconciliarse con el fútbol y la vida. Finalmente en el minuto 93 se hizo algo de justicia cuando Borja Iglesias cazó un taconazo de Pablo Durán en el área para fusilar al Espanyol y rescatar un punto gigantesco, que cuanta mucho menos de lo que realmente significa
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