El Celta escribe otra epopeya
El equipo de Claudio asegura su presencia en la siguiente ronda europea tras ganar al Lille en un partido que jugó más de una hora con uno menos | Williot marcó en el minuto uno y Starfelt coronó su gran partido con el segundo tanto

Celta-Lille | Las imágenes que nos deja el encuentro / Marta G. Brea
Balaídos se fue a la cama después de escuchar una vez más el cuento de hadas que es el Celta de Giráldez. Es difícil encontrar mejor manera de despedir este día tormentoso que añadió aún más épica a la epopeya que este grupo escribe desde hace tiempo. Los poetas deberían escribir esta aventura y no los periodistas. Su historia en Europa tendrá nuevos capítulos esta temporada. La victoria sobre el Lille, agónica, sufrida, merecida, garantiza la presencia del Celta en las siguientes rondas del torneo. Con el play-off ya asegurado los de Claudio acudirán a Belgrado dentro de siete días en busca de una victoria que facilite una carambola (complicada) y les pueda meter en los directamente en los octavos de final. Pero esa será otra película. La de ayer es una oda al esfuerzo y al sentido del orden de un equipo que resistió durante una hora con un futbolista menos tras la expulsión de Sotelo, pero compensó con sacrificio y unión esa dolorosa inferioridad. Los goles de Williot y Starfelt derribaron al Lille. Hoy la bandera de Suecia debería ser izada los balcones.
Todo comenzó demasiado pronto. A los treinta segundos una imprudencia de Alexsandro dio al Celta un regalo inesperado. El central, un absoluto irresponsable, estrelló un pase contra Borja Iglesias y Aspas se encontró solo delante del portero. El moañés quiso asegurar el gol y cedió a Williot para que empujase a la red. El estadio ya estaba boca abajo y la mayoría no se habían enterado muy bien lo que estaba sucediendo. Lo mismo le pasó al Lille que por momentos lo veía todo borroso. Le soplaban de frente dos tormentas: la climatológica y la que generó el Celta en una primera media hora electrizante. Los vigueses ganaron el sorteo y eligieron jugar a favor de viento. Es como si Claudio hubiese encontrado en el cielo un arma más para combatir a los franceses que de salida tuvieron más problemas para ordenarse. La presión del Celta fue feroz y su circulación ágil y precisa. Los cambios de posición de Román (uno de los nombres de la temporada) y Sotelo, el buen pie de los carrileros y las descargas de los delanteros hicieron que siempre encontrasen en el medio el hombre libre para lanzar ataques mortales. Una locura que pudo llevarse por delante a un Lille incapaz de coger la pelota. De hecho, el 2-0 de Borja Iglesias lo anuló el VAR por unos centímetros tras una acción primorosa de Aspas que encontró al incansable Rueda en un costado.
El partido ya era una cuesta abajo para el Celta llegó el giro de guion que nadie imaginaba. Hugo Sotelo, persiguiendo a un rival, cometió la imprudencia de ir con los tacos donde no debía en una acción en el medio del campo. Allí encontró dos cosas: el talón de Mandi y una tarjeta roja después de que el VAR advirtiese al árbitro alemán que había sancionado la acción con amarilla. Un mazazo para el chico que volvía a ser titular, pero también una enseñanza para el futuro. El panorama era inquietante, pero el Celta actuó durante un tiempo como si nada hubiera sucedido, sin pestañear, sin mover a sus futbolistas de posición. Tan confiado estaba que no se dio por aludido e incluso durante un rato insistió en pisar el área francesa. Pero le duró apenas unos minutos. De forma razonable dio tres pasos atrás y, tras un primer tiempo defendiendo lejos de Radu, se protegió en su área y comenzó a defender la lluvia de balones que desde la derecha comenzó a poner Broholm en busca de Giroud. El noruego era un dolor de cabeza porque Mingueza no es un legionario en el uno contra uno y Williot estaba demasiado cansado para ayudar. Resistieron los vigueses gracias sobre todo al espectacular comportamiento de Starfelt, protagonista del larguísimo descuento, y que en muchos momentos se metió al ilustre Giroud en un bolsillo. Ese tramo también confirmó la mutación defensiva que ha experimentado el Celta en esta temporada.
Tras el descanso los dos técnicos movieron el banquillo. El Lille sacó nuevas amenazas (Santos y Matías Fernández) y Giráldez una nueva coraza. Durán y Carreira entraron por Borja Iglesias y Aspas con lo que Mingueza se desplazó para fortalecer el medio del campo. El Celta se pertrechó para resistir el esperado acoso de un Lille que no iba sobrado de ideas y que empezó a probar con los disparos lejanos –sin tener en cuenta la incidencia que el viento a favor tenía en ese tipo de decisión– porque se desesperaba buscando a Giroud, engullido por Starfelt. El sueco iba tan sobrado que incluso decidió aumentar su peso en el partido en el otro área. En una de las escasas salidas de su campo el pétreo Pablo Durán provocó un saque de esquina con la experiencia de un vetarno. Lo lanzó Miguel Román con la tensión precisa y el central conectó un brutal cabezazo que dejó sin respuesta al portero del Lille.
Le tocaba al Celta resistir el arreón final de los franceses, que echó mano de todos los delanteros que tenía a mano. Pero ahí estaban los vigueses cerrando puertas, achicando sin perder el orden y ganando cada duelo con una entrega asombrosa. Sin deserciones ni temblores adolescentes. Puro ejercicio de madurez, de serenidad, de responsabilidad. Solo se le abrió una grieta en el minuto 86 cuando Giroud cazó en el área pequeña un envío desde la izquierda del joven Diaoune. El Celta no pestañeó. Lejos de poner cara de pánico apretó aún más los dientes, corrió siempre un metro más que su rival y en esos interminables seis minutos de descuento defendió a dentalladas esa historia europea que debería estar escribiendo Homero.
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