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Victoria gris para una primera vuelta brillante

Un gol de penalti de Marcos Alonso en el minuto 87 tumba a un Sevilla calamitoso en un duelo con muy poco fútbol

Los de Giráldez se consolidan en la séptima plaza tras encadenar cinco victorias y un empate como visitantes

Marcos Alonso celebra el gol ante el Sevilla.

Marcos Alonso celebra el gol ante el Sevilla. / Julio Munoz

Vigo

El Celta cierra con un triunfo gris en Sevilla una primera vuelta extraordinaria que gracias a sus 29 puntos se consolida en la séptima plaza. El gol de penalti de Marcos Alonso en el minuto 87 sentenció un encuentro con muy poco fútbol, con muchas imprecisiones y escaso juego ofensivo. Los célticos se aprovecharon de la calamitosa puesta en escena de un Sevilla que suma cinco derrotas en las siete últimas jornadas y pone en peligro la continuidad de Matías Almeida en el banquillo de Nervión. Una vez más, el buen trabajo defensivo ha dado más réditos de los esperados al equipo de Giráldez, que ya casi deja resuelto su primer objetivo de la temporada: la permanencia en Primera División. Desde su regreso a la máxima categoría, en 2012, nunca antes había cosechado un botín tan valioso el Celta como en esta ocasión al alcanzarse el ecuador del torneo liguero.

El premio llegó ayer en los minutos finales, en una aparición en el área de Ilaix Moriba, al que un rival pisó delante del colegiado, que no dudó en señalar la pena máxima. Con Aspas y Borja Iglesias ya en el banquillo, Marcos Alonso asumió la responsabilidad del lanzamiento desde los once metros. El madrileño aguantó lo suficiente el lanzamiento para engañar a Odysseas Vlachodimos, un especialista en neutralizar estas faltas directas.

Con ese tanto en el minuto 87, los célticos dejaban sin respuesta a un rival que llegó desfondado al tramo final del partido después del enorme esfuerzo que le supuso el marcaje a pares por el que apostó Almeyda para tratar de neutralizar a un rival que se presentaba en la capital andaluza después de golear al Valencia y con una trayectoria como visitante casi inmaculada, pues no pierde desde la visita a Elche a finales de septiembre.

Hasta ese momento decisivo, el partido en el Sánchez-Pizjuán había transcurrido de manera muy poco vistosa para los espectadores porque el Sevilla había llevado la iniciativa pero sin ideas en ataque y el Celta había aparecido en cuatro ocasiones en el área rival pero todas ellas las afrontó con una inocencia inapropiada para el fútbol profesional.

Ayer, el Celta regresaba a un Sánchez-Pizjuán en el que Claudio Giráldez debutó en la élite con una victoria mucho más brillante que la que le sitúa entre los mejores de la tabla clasificatoria, empatado a puntos con el sexto, el Betis. Buenos recuerdos de aquel día de marzo de 2024, reforzados además por la excelente trayectoria como visitante en esta temporada.

El equipo sevillano, por su parte, repetía ante su afición después de haber recibido un duro correctivo ante un casi desahuciado Levante (1-3) que puso en la cuerda floja a Matías Almeyda. Cinco derrotas en las siete últimas jornadas sitúan al equipo de Nervión en una zona comprometida. El duelo de ayer, que cerraba la primera vuelta del campeonato, resultaba clave para el futuro del técnico argentino. Y la necesidad llevó a los sevillistas a arrancar el partido con mucha intensidad, tomando la iniciativa con la pelota pero sin generar peligro ante Radu pese a las numerosas concesiones del Celta a balón parado. Los célticos defendían en bloque bajo en busca de una buena salida a la contra. Y tuvieron tres buenas ocasiones en la primera mitad para adelantarse en el marcador. En la primera, Bryan Zaragoza remató flojo. Tampoco tuvo problemas el portero sevillista para atrapar un balón manso que salió de las botas de un Aspas que remató mientras se resbalaba. La más clara oportunidad llegó después de una triangulación en la que intervinieron Aspas y Moriba. Javi Rodríguez apareció por sorpresa en el punto de penalti y golpeó la pelota con inocencia.

La primera parte se agotó sin que Radu tuviese que intervenir, pese al dominio territorial del Sevilla, aunque las ocasiones las puso el equipo de Giráldez, que en esta ocasión apostó por un once con tres novedades con respecto al equipo que goleó al Valencia: Starfelt, El-Abdellaoui y Aspas entraron por Aidoo, Carreira y Williot.

El juego incluso empeoró en la reanudación y ambos banquillos decidieron mover piezas en el minuto 57 para tratar de romper el empate: el Sevilla por necesidad y el Celta porque quería aprovechar las facilidades que concedía un rival sin pegada. Williot y Pablo Durán entraron por Aspas y Borja Iglesias, muy desacertados ambos ayer. Nueve minutos después, Javi Rueda y Hugo Álvarez sustituían a El-Abdellaoui y Bryan Zaragoza, con muy poco brillo también durante el partido.

Entonces, el partido entró en una fase de intercambio de golpes, pero sin peligro: Williot disparó flojo y Agoumé firmó el primer disparo a Radu, que tampoco tuvo problemas para embolsarse el balón entre los guantes.

En el minuto 80, Moriba falló la más clara ocasión. El centrocampista mandó el balón por encima del larguero a unos metros de la línea de gol cuando tenía toda la portería para marcar después de recoger un rechace del portero tras un disparo cruzado de Williot.

El guineano enmendó el error seis minutos después presentándose de nuevo en el área y abriéndose camino en busca de un remate pero recibió un pisotón de un defensa del Sevilla. El colegiado no dudó en señalar la pena máxima. Y Marcos Alonso marcó de penalti su primer gol de la temporada para dar tres puntos al Celta y consolidarse en la séptima plaza (empatado con el Betis). Firma así la mejor primera vuelta desde hace trece años. De los 29 puntos que contabiliza, 21 los ha sumado a domicilio. Ayer, añadió los tres últimos después de una gris actuación, pero con un premio enorme como regalo.

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