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Pródigo por avaro

Varios equipos de Primera División han caído. La mayoría entre los supervivientes ha sufrido. Al Celta se le podía comprender la acción atascada y elogiar la reacción. Más imperdonable, pese a la lesión de Borja, es que no supiese conservar su ventaja por mala ubicación física, táctica y emocional.

Yoel Lago cae
 ante Jefté. 
|  J. Moreno  (LOF)

Yoel Lago cae ante Jefté. | J. Moreno (LOF)

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

«Los goles determinan las actitudes», solía resumir Fernando Vázquez. En realidad, los mejores equipos son aquellos cuyo comportamiento no se ve tan afectado por los goles, propios o ajenos. O que, en cualquier caso, eligen la táctica que mejor conviene en cada caso. No sucedió con el Celta en Albacete, que pagó su avaricia.

«¿Por qué acaparas? ¿Por qué derrochas?», se gritaban mutuamente los avaros y los pródigos en el cuarto círculo del infierno, colisionando ante los ojos de Dante. El Celta cometió ambos pecados. Malgastó por proteger lo acumulado. De dominador pasó a dominado tras el 1-2. De la combinación, al pelotazo. De la presión alta, al bloque bajo. Y tan mal basculado que el Albacete ametralló tranquilamente centros hasta que Vallejo cazó el empate.

El dolor de Borja. Duele el dolor de Borja. Angustia su cojera. Escalofría su mirada tras el 2-2, intuyendo estéril el sacrificio de mantenerse en pie. Esa cadera maltrecha dejó al Celta sin dirección en la presión y sin alivio en los balones largos. Lo extraordinario de la victoria sobre el Athletic es que se gestó sin él sobre el campo. Sólo con él, saliendo del banquillo, adquirió sentido el juego en Albacete. Antaño había que rezar por la salud de Iago. Hoy, por la de Borja.

débil con el débil. Quizá cuando concluya la temporada su relato adquiera coherencia en el recuento. De momento hay que ir adivinando por qué el Celta se ha convertido en el negativo de su fotografía; la misma fisonomía, con sus valores invertidos. En estas últimas semanas el mismo equipos capaz de batir a Real Madrid y Athletic ha caído ante Ludogorets y Albacete. Débil con los débiles y fuerte con los fuertes.

Pueden percibirse, no obstante, ciertos defectos estructurales que radiografían esta dinámica. Al Celta le falta creatividad ante defensas cerradas, especialmente si Iago amanece nublado. Y se descoordina en la presión elevada, especialmente si Borja está en el banquilllo. Cuando estas dos carencias confluyen, el equipo está condenado a masticar cada jugada como un filete barato.

La bolsa de jugadores. Giráldez ha desarrollado una gestión de plantilla inimitable. Nada ha sucedido que cuestione su método desde aquel 13 de marzo de 2024 en que se hizo cargo del primer equipo. Esta eliminación supone, de hecho, su primer fracaso, que es un condimento abundante en la carrera de cualquier técnico. Hasta ahora había excedido las expectativas ligueras, todo aún resulta posible en Europa y de la anterior derrota copera sólo había indignado la actuación arbitral en el Bernabéu.

Así que Claudio seguirá insistiendo en explorar todos los miles de combinaciones posibles con sus 28 elementos tomados de 11 en 11.

Su sistema, no obstante, impide deducir si el estado de sus jugadores explica sus alineaciones o es en parte su consecuencia. La bolsa de valores de cualquier plantilla fluctúa a lo largo de la temporada. La del Celta parece aquel frenesí ochentero sobre el parquet de Madrid, cuando todo el mundo se podía enriquecer o arruinar en un segundo. Sotelo, el medio más en forma en el arranque, se ha caído. Román, el quinto en la jerarquía, se ha erigido en el más lúcido. Giráldez despoja de vanidad a sus jugadores. Los obliga a compensar con estabilidad mental la inestabilidad en minutos. No todos lo asimilan de igual manera. Y sin la Copa, el reparto a partir de enero se complicará.

Hacia el parón. Tras la visita al Oviedo llegarán dos semanas de parón. Una eternidad en fútbol. E inevitablemente las interminables tertulias estarán determinadas por el capítulo previo. El Celta puede irse al descanso en media tabla o entre los candidatos europeos. Con el celtismo enfadado por la eliminación copera o ilusionado por la visita del Lille. Lo inmediato siempre nubla lo sustancial. Hay que esforzarse en la moderación. El Celta no ha sido la excepción en esta ronda copera –incluso Lunin salvó de la prórroga al Madrid–. Es un buen equipo, con identidad y futuro, que reparte entre su gente alegrías que exprimir y tristezas de las que recuperarse.

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