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Balaídos apaga su sed

El Celta suma su primer triunfo de esta Liga como local tras superar al Athletic en un gran arranque del segundo tiempo

Williot y Jones marcaron los goles y Radu detuvo un penalti a Nico Williams

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

El fútbol fue honrado con el Celta. Balaídos no podía despedirse de un año como este, en el que tantas cosas hermosas sucedieron, con el récord negativo de semanas sin conocer la victoria como local. Una anomalía que amenazaba con enquistarse. Pero el mal fario se esfumó y el refugio de Fragoso estalló de felicidad después de que el Celta superase al Athletic de Bilbao en un partido equilibrado en el primer tiempo, pero que viró de forma determinante a la vuelta del descanso cuando la velocidad de los vigueses no encontró respuesta en los bilbaínos, superados en uno de esos escenarios que tanto dominan y al que empujan a la mayoría de rivales. Esta vez fue el Celta quien cursó la invitación; el Athletic aceptó gustosamente y cuando quiso darse cuenta Williot y Jones, dos galgos sin freno, les habían desvalijado con dos goles extraordinarios en su gestión y en su ejecución. El intento de los rojiblancos por regresar a la pelea se murió en las manos del gigantesco Radu y en la firmeza defensiva con la que se emplearon los vigueses.

Williot es un jugador difícil de descifrar. Transmite a veces una despreocupación que desconcierta y que equivoca el diagnóstico de sus rivales que no acaban de calibrar su verdadero peligro. Un fantasma que siempre aparece en el área en el momento justo, un pececillo de colores vivos que esconde bajo su aspecto un veneno mortal. El sueco dio un aviso en el último suspiro de ese complejo primer tiempo en el que el Celta no fue capaz de correr por los costados ni de progresar a partir de Iago Aspas en su posición de «falso nueve» porque, aunque sus compañeros conectaron con él, los intentos de pase del moañés nunca dieron con un destinatario. Williot sí encontró su momento en la frontera del descanso cuando encaró ganó la espalda de los defensas y encaró a Unai Simón, recortó en un palmo de terreno a Vivian y solo la providencial aparición de Paredes para taponar su remate al rincón impidió que el Celta se adelantase. Pero no tardó en encontrar de nuevo su oportunidad. En el primer ataque del segundo tiempo los de Claudio tejieron una jugada que fue de un costado a otro (Mingueza a Rueda) hasta que en el corazón del área apareció Williot con su aspecto templado, a sus habituales sesenta pulsaciones, para cabecear a la red. Los defensas bilbaínos se miraban extrañados como preguntándose de dónde había salido ese paisano con cara de estar haciendo pellas en el instituto.

Fue el primer latigazo de unos minutos disfrutones porque el segundo tiempo arrancó con los dos equipos compitiendo por ver quién era capaz de correr más, un viaje de ida y vuelta que obligaba a largos y continuos esfuerzos en una semana en la que ambos venían de afrontar exigentes compromisos europeos (los vigueses ante el granítico Bolonia y los bilbaínos frente al colosal PSG). Un ecosistema en el que dos futbolistas disfrutaron como si fuesen niños abandonados a su suerte en un parque de bolas: Javi Rueda y Jones. Con buen criterio Claudio dio entrada al noruego en el descanso por un Jutglá demasiado gris y desconectado durante el primer tiempo. Aunque el plan era evidente, Valverde no encontró antidoto para su velocidad. Yuri ya no está para competir con un galgo como él. En la primera carrera tras sus tobillos se le saltaron las costuras del cuádriceps aunque el remate de Jones, demasiado cruzado, resultó una absoluta vulgaridad. Pero aprendió rápido de su error. Pocos minutos después otra irrupción del incansable Rueda por la derecha acabó en un balón a la carrera para Jones que encaró a Unai Simón y lo superó con un suave remate por alto sobrado de categoría. En un santiamén, al galope, el Celta había hecho trizas la maltrecha defensa del Athletic.

La cuestión en ese momento pasaba por no enredarse y castigar la presumible urgencia de los rojiblancos. Pero la tranquilidad nunca está garantizada en el fútbol actual. Bastó una tímida caricia de Carreira (que entró por Rueda que casi pierde la mejilla en un choque fortuito) en el tobillo de Iñaki Williams para que éste se fuese al suelo con cierta dosis de sobreactuación. El «sexador de pollos» de la sala VAR empezó a estrujar la maquinita y acabó por empujar a Hernandez Hernández a la señalización de otro de esos penaltis de broma que asolan la Liga española. Nico reclamó el lanzamiento a su hermano y Radu se adueñó de la escena para detener el lanzamiento. El rumano, un tipo sobrado de carisma, se ha convertido en otra de las grandes noticias del Celta durante esta temporada. Las dudas de las redes sociales en verano en relación a él son otra prueba más de lo absurdo de según qué discusiones.

El Athletic había perdido la ocasión de engancharse al partido mientras el Celta le amenazaba con otra cuchillada por la espalda. El partido poco tenía que ver con el de la primera parte en la que el Athletic tenía la pelota y al menos su portería no corría peligro. Manejó bien Claudio el banquillo dando entrada a Ilaix por Sotelo en su regreso a la titularidad, a Iago Aspas, a Hugo Alvarez (sus mejores minutos en mucho tiempo) y manteniendo en el campo a Miguel Román, otro de esos futbolistas que de puntillas, sin hacer el mínimo ruido, se ha ganado un sitio en el equipo y es capaz de hacer esas cosas que nadie se atreve a su alrededor. Claudio aportó aire nuevo en la zona de ataque, pero no tocó nada de su retaguardia donde Starfelt fue un coloso, Marcos Alonso se acercó a su mejor versión y Manu Fernández elevó el nivel con respecto a sus últimas apariciones. El Athletic se estrelló de forma permanente contra ellos y contra el palo en un remate cruzado de Izeta en el minuto 80. Fue el último respingo que provocaron. De ahí al final el Celta estuvo a medio metro de acertar en el pase definitivo para agrandar la diferencia. Balaídos cantaba feliz por una victoria que cierra un 2025 que no ha sido otra cosa que una invitación a seguir soñando con nuevas y mejores aventuras. Lo merecía el Celta, lo merecía su gente.

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