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El Celta cae por aplastamiento

El equipo vigués complica su camino europeo tras perder ante un Bolonia que impuso su orden y sobre todo su abrumadora superioridad física

Bryan adelantó al Celta, pero el gol fue un simple espejismo

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

El Bolonia le recordó al Celta que jugar en Europa es hacerlo en la mesa de los mayores. La euforia desatada tras la victoria en el Santiago Bernabéu se desvaneció por completo en cuanto el granítico equipo italiano asomó por Balaídos y metió al Celta en su máquina prensadora de la que no le dejó salir en toda la noche. Un aplastamiento en toda regla. El gol de Bryan Zaragoza con el que se adelantaron los de Claudio fue una anomalía en el desarrollo del partido porque el control de la situación del cuadro boloñés no admitió discusión. La lógica acabó por abrirse camino gracias a la pierna izquierda de Bernardeschi que castigó en el segundo tiempo las concesiones de un Celta completamente desbordado por el empuje de los italianos y sometido a un zarandeo que no se recuerda en Vigo desde que Claudio inició su andadura.

Es una cosa muy seria el Bolonia. Un equipo diferencial en lo físico que planteó el partido con una ambición desmedida y que no dejó un solo momento de sosiego al Celta, incapaz de quitarse de encima la presión de un Bolonia que llevó el partido a una serie interminable de duelos que ganó de forma sistemática. Incluso Borja Iglesias, habitual en esta clase de escenario, naufragó contra los centrales, tan intensos y apasionados como un grupo de italianos en su excursión de fin de curso. El Bolonia obligó a jugar siempre en su campo a un Celta que no encontró a sus carrileros (Mingueza y Carreira) ni a sus medios (Beltrán e Ilaix). La cuestión era conectar con alguno de sus tres puntas –Claudio situó a Bryan y a Williot junto a Borja– pero era completamente imposible. Como una manada de lobos caían sobre ellos los italianos en cada duelo para volver a cargar siempre con calidad sobre un área donde Starfelt, Javi Rodríguez y Ristic achicaban agua como buenamente podían. No había grandes ocasiones, pero la sensación era inquietante y se convertía en aterradora cada vez que asomaba la pierna izquierda de Bernardeschi que a sus 31 años sigue teniendo los detalles de un elegido.

Superado el primer cuarto de hora el Celta rogaba por encontrar alguien, propio o ajeno, que le permitiese dar una bocanada de aire para respirar. El peligro de asfixia era más que evidente. Pero entonces llegó Lykogiannis con una bombona de oxígeno. El griego, una bestia que metía miedo en cada choque, derrapó sobre Balaídos persiguiendo a Williot en un balón al costado y dejó una puerta abierta hacia el corazón del área. El sueco, bendecido tras su paso por el Bernabéu, aprovecho el regalo y profundizó hasta entregar el balón en bandeja de plata a Bryan para que anotase su primer gol como futbolista del Celta.

Espejismo

Fue un espejismo absoluto. Ni con ventaja se sintió a gusto el equipo de Claudio, incapaz de dar tres pases seguidos o de poner a prueba a un portero que se marchó de Balaídos sin necesidad de utilizar las manos en toda la noche. Aquello empezó a traducirse en ocasiones. La tuvo Rowe tras el único fallo grave de Starfelt, Castro en un cabezazo y Radu tuvo que sacar una mano prodigiosa a Bernardeschi. Al Celta se le puso la cara del clásico personaje de película de terror que desde la primera escena parece condenado a la muerte pero que para sorpresa de los espectadores se mantiene con vida según van pasando las escenas.

Dio un mínimo síntoma de reacción el Celta en el arranque del segundo tiempo. Borja Iglesias fue capaz de ganar alguna de aquellas batallas cruentas contra los centrales y eso permitió disfrutar a los vigueses de alguna posesión más larga e incluso de ir al campo del Bolonia para complicar su salida. La nueva situación duró un suspiro. Los de Vincenzo Italiano pusieron de nuevo en marcha la tuneladora y por pura insistencia el Celta acabó por derrumbarse. Pobega empató tras una maravillosa acción de Bernardeschi que dejó hecho pedazos a Mingueza en el área, pero el VAR acudió al rescate por un fuera de juego casi milimétrico. El Celta no tardó en desaprovechar esa vida extra porque al minuto siguiente Javi Rodríguez, sin medida y desquiciado, la emprendió a empellones en el área en una persecución a un rival. El árbitro pitó fuera de juego, pero le corrigieron desde la cabina. Lo comido por lo servido. Bernardeschi ajustició a Radu con un golpeo primoroso (lo que podía haber sido este muchacho).

Claudio reformuló al equipo con la entrada de Iago Aspas, Rueda y Jutglá. Ya había pisado el campo en el descanso Hugo Alvarez por Bryan. Con un ataque completamente nuevo el Celta fue incluso peor. A su inferioridad física –sonrojante en según qué casos– se añadieron ahora errores en la conducción, en el pase...uno de ellos tuvo como protagonista al mismo Iago Aspas que se equivocó al dar el balón a un acelerado Beltrán. Bernardeschi agradeció el regalo y se encontró una autopista hacia Radu porque medio equipo estaba en ese momento con el pie cambiado. El zurdo avanzó y colocó el balón con la puntera lejos del alcance del portero.

A partir de ahí el Celta quedó a expensas de un milagro. Italiano introdujo varios campos con lo que aún por encima hizo más patente el abuso físico. Quiso ganar el partido desde la energía y guardaba herramientas para reafirmar esa superioridad. Por momentos los jugadores de Claudio parecían de otra especie. Rueda envió a las nubes el último intento desesperado de los vigueses y el Bolonia volvió a empujar hacia la portería de Radu la inmensa piedra con la que ayer aplastaron al Celta.

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