Kike García agrava el síndrome de Balaídos
Kike García volvió a vacunar al Celta y agravó el síndrome de Balaídos, que casi entrado el mes de diciembre continúa sin ver ganar a su equipo en Liga. El tanque de Motilla de Palancar decidió en el minuto 87 a balón parado un plomo de partido, sin llegadas ni tiros a puerta, en el único remate entre palos del Espanyol.

Borja Iglesias trata de zafarse de la marca de Pol Lozano. | P.H. Gamarra
El veterano delantero del Espanyol resolvió con eficacia uno de esos partidos sumamente tácticos que tanto gustan a los entrenadores y aburren soberanamente a los espectadores. Noventa minutos de mucho orden, excesivas precauciones por ambos bandos y muy poca sustancia. Un puro tostón, vamos. Por más que el Celta trató de imponer su estilo, el partido se jugó a lo que quiso el Espanyol, equipo disciplinado y bien trabajado que ocupó con criterio del campo e hizo bandera del orden defensivo. A lo más que pudo aspirar el Celta fue a tener la pelota, a veces también con mayor precaución de la cuenta, pero la manejó en zonas del campo insustanciales, a ritmo cansino, y sin posibilidad de hacer daño. Faltó velocidad de juego en los metros decisivos y claridad en el último pase para acercarse al triunfo.
Un especialista en chascos
Kike García ha convertido amargar la vida al Celta en una especialidad. El veterano artillero le ha marcado goles con cuatro equipos diferentes, el Murcia (en Segunda División), el Eibar, el Alavés y el Espanyol. Solo defendiendo los colores de Osasuna se ha librado de su martillo el conjunto celeste, que es una de sus víctimas favoritas. Seis goles le ha marcado ya, al que más junto con el Sevilla y el Leganés.
Manolo González prefirió emplearlo como revulsivo y no se salió nada mal la jugada, pues García desatascó, sin margen apenas para la reacción celeste, un choque que parecía abocado a un empate sin goles que el Celta no mereció perder ni el Espanyol ganar.
En un acto de pillería, aprovechando el desconcierto de la zaga céltica en la marca, García se deslizó astutamente hacia el primer palo para conectar con fortuna un cabezazo mordido, sin mucho veneno, que Radu se tragó miserablemente. Un movimiento letal, que sorprendió al cancerbero rumano dentro de la línea de gol. Cuando quiso reaccionar (llegó incluso a sacar el balón), ya era demasiado tarde. El Celta podía darse por muerto.
La horma de su zapato
Claudio Giráldez ha encontrado en Manolo González la horma de su zapato. Tres veces se han enfrentado ambos técnicos y los tres partidos los ha ganado el Folgoso de Caurel, que parece tenerle tomada la medida. La de ayer fue seguramente la victoria más apurada de las tres, rentabilizando al máximo un único disparo a portería, porque aunque el Espanyol minimizó el ataque celeste, no se asomó a los dominios de Radu más que en un par de ocasiones a balón parado.
Manolo sacó también ayer mayor partido a los cambios, fortaleciendo el frente ofensivo con un tercer delantero (precisamente Kike García), dando luego entrada a Edu Expósito, su mejor pasador y autor del centro decisivo, y refrescando sus líneas con Salinas y Jofre. Intuyó el técnico perico que el partido podía resolverse a balón parado y puso los medios para llevarse el gato al agua.
Giráldez fue más errático, casi extraño, a la hora de agitar el banquillo, adelantando primero a Miguel Román para acumular sin sentido efectivos en el frente ofensivo, con Jones retrasado al carril derecho, y escaso protagonismo de Williot y Durán, que no encontraron su sitio, antes de jugar, ya con todo perdido, la baza de Jutglá.
Lo mejor que se puede decir del conjunto celeste es que, salvo esta última jugada fatídica, defendió bastante bien, con seguridad en las marcas y criterio para buscar al hombre libre en la salida de pelota. Nada sufrió el Celta, que impidió con acierto que el Espanyol corriese en transición, una de sus mayores virtudes. Nada sufrió hasta este último córner mal defendido.
El síndrome de Balaídos
A este paso, la afición del Celta va a tener que apuntarse a los desplazamientos para poder ver ganar a su equipo. Ocho partidos consecutivos lleva la victoria esquivando al Celta en Balaídos, un campo que no hace mucho era poco menos que inexpugnable para la mayor parte de los rivales.
La tendencia se ha invertido este curso de modo difícilmente explicable. El ambiente no ha decaído, al Celta no le falta empeño y hasta ha desplegado buen juego en más de un partido, pero ha faltado contundencia en los metros para traducir el dominio que el equipo ha tenido en más de un partido.
Tanto acierto ha faltado que Giráldez está a punto de igualar el récord negativo de falta de triunfos como local que hace un par de años estableció Rafa Benítez. Los celestes no ganaron entonces su primer partido en casa hasta el 16 de diciembre, gracias a un solitario gol de Larsen al Granada.
El actual Celta encadena ocho jornadas sin ganar en casa. Aunque su balance es algo mejor que el que presentaba Benítez porque ha perdido menos y empatado más, si no gana el próximo día 13 al Athletic, la primera victoria deberá esperar hasta el próximo año.
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