El Celta circula sin luces
El equipo vigués acumula una nueva decepción en Balaídos donde acusó su incapacidad para hacer daño en el último tercio
Un error de Radu dio un premio exagerado al Espanyol

Las imágenes del Celta-Espanyol en Balaídos /
El problema no es el bloqueo que el Celta vive en Balaídos; lo inquietante es que Dmitrovic se haya marchado de Vigo sin necesidad de pasar por la ducha. El equipo de Claudio se ha vaciado de fútbol, incapaz de dar continuidad en el último tercio de campo a su idea de juego. Todo muere en esa zona donde los rivales se compactan, los espacios escasean y el atrevimiento acostumbra a escasear. Se marchó Fer López, no llegó esa pieza por la que suspiraba Claudio y el Celta sigue mirando a Iago Aspas a la espera de que el genio moañés vuelva a hacer su prodigio. Y cuando no sucede la oscuridad es casi absoluta. El Espanyol, recompensado con un premio exagerado para sus méritos, se sumó a la larga lista de equipos que esta temporada han salido con una sonrisa del estadio vigués. El plan de Manolo González era sencillo: obligar al Celta a jugar en pocos metros y extremar la atención sobre ese dolor de cabeza que para los centrales rivales es Borja Iglesias. Fue suficiente con eso. No había más amenazas enfrente y así resistieron con tranquilidad los «pericos» hasta que un saque de esquina en el tramo final de partido y un terrible error de Radu les dio los tres puntos y dejó al Celta desnudo delante de unos aficionados que no son capaces de reconocer a un equipo que ha perdido aquel entusiasmo que le hizo tan atractivo y cómplice hace solo unos meses.
Lo curioso es que sucedieron muchas cosas del gusto de Claudio. El porriñés ordenó al Celta con sentido para iniciar el juego y para replegar cuando el Espanyol tuviese intención de correr. Ha sido la principal arma de los barceloneses en el arranque de temporada y ayer no pudieron pegar una sola carrera gracias a la solidaridad que el Celta tuvo para ir a los duelos y para entorpecer cuando fuese necesario (muy bien Miguel Román). Esa parte de la función parecía controlada, también la salida de la pelota entre centrales (Claudio repitió con su trío de cabecera: Javi, Starfelt y Marcos Alonso). Lo doloroso comenzaba a partir de Fran Beltrán. Ni frescura, ni velocidad, ni una gota de inspiración. Iago Aspas no tardó en adelantar que le faltaba la finura de otras tardes. El Celta consiguió hacerle llegar el balón en contadas ocasiones, pero siempre eligió de forma deficiente. Ante este panorama las posibilidade del equipo vigués quedaron en manos de Borja Iglesias que volvió a demostrar que es el jugador de la temporada con mucha diferencia. Juega con los centrales rivales subidos a su espalda, pero aún así cada balón que bajó del cielo lo convirtió en una jugada prometedora con esa mezcla de fuerza y habilidad que le hace tan especial. A veces parece un bailarín encerrado en el cuerpo de un estibador portuario. Viendo su estado de forma resulta doloroso que le estén faltando socios.
Fue el delantero santiagués quien generó la que pareció la mejor ocasión del Celta cuando estaba a punto de cumplirse la primera media hora de juego. Calero le derribó en el área después de que le hubiese ganado la posición. Un penalti claro que no lo fue porque había fuera de juego previo de Iglesias aunque la visita del árbitro al VAR despertó la esperanza en el graderío. Esa jugada fue el punto de partida de los mejores minutos del Celta, los únicos en los que el Espanyol transmitió cierta sensación de agobio. Bryan Zaragoza, demasiado tímido para encarar, rozó el gol en un remate cruzado al palo largo. No lo sabía Claudio, pero esa fue la situación en la que más cerca estaría de celebrar un gol.
La segunda parte fue un suplicio para el Celta. Su dominio se hizo más evidente, pero también su poca capacidad para hacer daño. El Espanyol cercó aún más a Borja Iglesias e incapaz de encontrar al delantero centro el equipo vigués se quedó sonado en el campo. Seguía teniendo controlada la situación en el propio porque el Espanyol ni pasó a saludar a Radu, pero con la pelota en los pies la situación era alarmante. Los únicos ramalazos de esperanza salieron en dos arrancadas de Bryan Zaragoza en las que sentó a su pareja de baile y apuró la línea de fondo para elegir luego mal.
Claudio agitó el árbol. Echó mano de Jones por un errático Rueda y llamó a Ilaix para que entrase por Aspas. Si el Celta ya estaba tuerto, a partir de ese instante se quedó ciego del todo. Lejos de buscar a futbolistas de mejor pie (Mingueza), Claudio eligió músculo. Y seguramente no era lo que pedía el partido en ese momento. En el otro lado Manolo sí introdujo aire porque era justo lo que empezaba a necesitar su equipo después de más de una hora aguantando las deficientes acometidas del Celta.
Las cosas no mejoraron. Claudio dio entrada entonces a Pablo Durán y a Williot por Beltrán y Borja Iglesias. Tampoco el contexto de partido estaba para ellos. Demasiado poco espacio concedía el Espanyol para picar al espacio o para desenvolverse en el área. Pasaba el tiempo y los vigueses no encontraban la forma de amenazar a una defensa que cada vez estaba más firme pese a que por lesión perdieron a Calero. Pero esa concesión tampoco supieron cómo aprovecharla.
Al menos el punto (que ayer le hubiera permitido al Celta subir tres posiciones en la clasificación) parecía en el bolsillo. Pero para algunas cosas el Celta sigue en la guardería esperando a que les den el bocadillo de Nocilla a la hora de la merienda. Kike García, delantero de mil cicatrices, tosco, intuitivo como pocos, llevaba unos minutos en el campo. En una serie de saques de esquina en el área viguesa advirtió que después de los cambios de Giráldez el equipo se había desnortado en la defensa del balón parado, que estaban demasiado estáticos (para analizar también lo del Celta en ese aspecto del juego). Y pidió un saque de esquina al primer palo que peinó con facilidad y Radu hizo el resto. El rumano, una de las mejores noticias en este comienzo de temporada, se tragó el balón de forma infame la pelota. Y ya no hubo tiempo para más. Bueno, para que entrase Jutglá a jugar el descuento. Balaídos sigue siendo extraño para el Celta esta temporada, pero la peor noticia no es ésa. Sino ver a los jugadores del Espanyol con la misma expresión que tendrían tras asistir a una película de la «nouvelle vague» francesa. Hace unos meses cualquiera salía de Balaídos como si viniesen de ver «Viernes 13».
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