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Europa no perdona los excesos de confianza

El Celta regala dos penaltis y numerosas ocasiones de gol al Ludogorets en la noche que falló la rotación masiva de Giráldez

El gol de Pablo Durán despertó ilusiones y el de El-Abdellaoui solo maquilló una mala puesta en escena del equipo celeste en Razgrad

Razgrad (Enviado especial)

Ayer fue uno de esos días en los que Giráldez pensaría que se había excedido con las rotaciones después de analizar la actuación de su equipo en el Huvepharma Arena, donde a los once minutos regaló un penalti que Stanic transformó en el primer gol. El mismo jugador hizo el segundo nada más iniciarse la segunda parte al concluir desde la frontal una jugada mal defendida de estrategia y completó el ‘hat trick’ con el segundo penalti que cometió Manu Fernández en una noche muy desafortunada de la defensa del Celta. Recortó diferencias Pablo Durán en el minuto 70 y a continuación pudo meterse en el partido el equipo vigués, pero tanto un remate de cabeza del tomiñés como una clara ocasión de Moriba no acabaron en ese segundo gol que generase dudas en un Ludogorets que no celebró el cuarto porque lo impidió el pie izquierdo de Iván Villar. Ya en el descuento, El-Abdellaoui anotó un gran gol de volea. El internacional marroquí tuvo otra ocasión de gol en el último remate pero los fallos defensivos habían matado al equipo vigués.

Este 3-2 supone un golpe inesperado para un Celta que llegaba a la quinta cita europea con la ilusión de encadenar su cuarta victoria que le mantuviese en las primeras posiciones de la liguilla y con muchas posibilidades de alcanzar directamente los octavos de final de la Liga Europa. Ahora le esperan dos partidos seguidos en Vigo para superar este contratiempo, ante el Bolonia y el Lille, aunque lo importante es salir indemne de esta dolorosa derrota en Razgrad y buscar otra victoria en la Liga que le consolide en la zona templada de la clasificación y que ayude a superar el mal trago a los numerosos jóvenes que componen la plantilla celeste.

Ayer Giráldez quiso ser muy generoso en las rotaciones, hasta el punto de que solo dio continuidad a Moriba con respecto a los que el sábado ganaron en Mendizorrotza. Y en esa profunda remodelación del once celeste llamó la atención por encima de todo la presencia de Iván Villar por un Radu que todavía arrastra molestias en el dedo de una mano y del canterano Ángel Arcos, que recibía un premio mayúsculo de poder debutar con el primer equipo nada más y nada menos que en un compromiso de la Liga Europa. El talentoso jugador de O Rosal, de 19 años, recibía de esta forma el premio de su entrenador por su excelente temporada en el Fortuna. Aspas y Starfelt, que lo habían jugado todo hasta el momento en Europa, se quedaron en el banquillo, junto a muchos de los que el domingo, sin apenas tiempo para preparar el partido, intentarán superar la complicada prueba de la visita del Espanyol a Balaídos.

Recurrió al moañés, al sueco y a Bryan Zaragoza cuando ya todo parecía perdido, cuando el Ludogorest se había ido en el marcador con dos goles de ventaja. Poco antes de la entrada en el campo de Starfelt, el conjunto balcánico anotó el tercero en otro inocente penalti no apreciado por el árbitro pero sí desde el VAR, que invitó al colegiado húngaro a que revisase la jugada en el monitor de televisión. Ahí decretó entonces la pena máxima cuando se cumplía la hora de juego. Quedada tiempo suficiente para intentar la remontada o al menos maquillar la goleada. Marcó Pablo Durán, que había sustituido en el descanso a un desaparecido Jutglà, al rematar como le llegaba el balón al pie tras un pase en profundidad de Zaragoza. Quedaban más de veinte minutos para conseguir lo que parecía imposible. Este Celta nunca baja los brazos, ni siquiera en situaciones complicadas como las de ayer, en la que echó en falta gente con más oficio para imponerse a un rival que solo había conseguido una victoria en sus cuatro compromisos europeos. De hecho, el técnico noruego Per-Mathias Hogmo afrontaba su segundo partido al frente del Ludogorest, que suponía además su estreno en la competición continental.

Incógnita del rival

Esta brevedad en el banquillo balcánico restaba información a Giráldez para analizar los posibles planes que pudiese poner en práctica su homólogo escandinavo, que le ganó la partida, pero debido sobre todo a los errores cometidos en defensa. Ayer, esos fallos resultaron impropios de un equipo que aspira a pasar de ronda en la Liga Europa.

Porque a la revolución en la alineación, al Celta ayer tampoco le sentó bien la apuesta de Giráldez por una línea de cuatro con dos noveles como Yoel Lago y Manu Fernández, o con Mingueza como lateral sabiendo de las dificultades del catalán en tareas de contención, que ayer combinó con complicaciones en la salida del balón. En el centro del campo, Damián no se adaptó al mal estado del césped. Y en ataque, no se presentó Jutglá. El catalán va perdiendo protagonismo en el juego de manera preocupante.

Giráldez tampoco encontró el revulsivo inmediato con los dos cambios que hizo en el descanso: Miguel Román y Pablo Durán por Damián y Jutglà. Ni siquiera se notaron cambios sustanciales cuando entraron Iago Aspas y Bryan Zaragoza por el debutante Ángel Arcos y por un Borja Iglesias que tuvo poca incidencia en el juego ofensivo ante un rival que pasó más apuros por los costados que por el centro de la zaga. Pero ayer, los centros de Arcos y El-Abdellaoui tampoco encontraron rematadores que pudiesen limar la diferencia en el marcador. Tras el gol de Pablo Durán no hubo otro acierto inminente en la portería de Bonmann y el segundo tanto de El-Abdellaoui llegó ya en el primer minuto del descuento. Cabía una remota posibilidad de empatar, pero se quedó en una quimera que solo sirvió para maquillar un mal planteamiento de Giráldez.

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