El Celta dilapida una oportunidad enorme
Inesperado batacazo del Celta, que retrocede en sus aspiraciones europeas frente al rival más asequible. El Ludogorets, un equipo menor de la modesta liga búlgara, doblegó con sorprendente autoridad a los de Giráldez, que reaccionaron demasiado tarde y dilapidaron una oportunidad enorme de sellar el pase la siguiente ronda.

Remate fallido de cabeza de Ilaix en el área del Ludogorets. / Alba Villar
Nada o casi nada le salió al Celta en Razgrad. Concedió demasiado Giráldez en la alineación, extravagante incluso para él, falló el técnico en el planteamiento, muy poco ambicioso, y los jugadores en la ejecución. Regaló muchos minutos a un rival animoso, muy mejorado con el cambio de técnico, que pilló a los celestes a contrapié y los tuvo demasiados minutos contra las cuerdas. Solo cuando el rival hizo el tercero y todo parecía perdido despertó el Celta para reducir distancias y rondar en el descuento un empate que no llegó ni mereció. No fue fácil reconocer al equipo vigués con la pelota y mucho menos sin ella. Errático e impreciso con el balón, al Celta le costó sobre todo incomodar en campo ajeno al Ludogorets, que superó la presión alta de los celestes con una facilidad sorprendente, buscándole las cosquillas a la espalda de una defensa extremadamente insegura.
Diez cambios y un debut
Nada menos que diez cambios introdujo Giráldez con respecto al once que derrotó el pasado sábado al Alavés en LaLiga, una cifra sorprendente incluso para el porriñés, que dio descanso a la mayoría de sus pesos pesados pensando en la inminente visita del Espanyol a Balaídos, la gran asignatura pendiente del Celta este curso. Repitió apenas Ilaix, acompañado en el eje por Damián, con renovada defensa de cuatro (Mingueza, Yoel, Manu y Ristic), Jones como extremo derecho y Jutglà y Borja Iglesias en punta. Las grandes sorpresas fueron Ángel Arcos, la nueva joya del filial, debutante en Europa, e Iván Villar, debido a la necesidad de gestionar los minutos de Radu, todavía con molestias en la mano.
Desajustes en la presión
No le funcionó el experimento a Claudio porque el rival no se dejó intimidar y no le quemó la pelota cuando el Celta quiso apretarle en la salida de balón. Lejos de ponerse nervioso, el Ludogorets aprovechó los errores de cálculo de los celestes para atacar el espacio y encontrar siempre un hombre libre al que entregar al balón jugado desde atrás. Con paciencia y criterio sacó mucho partido a las pérdidas en medio campo para lanzar balones a la espalda de la defensa con peligro para Villar. El primer error propició el penalti que abrió el marcador; el segundo, un mano a mano frente al portero que Caio Vidal perdonó de forma incomprensible.
Una defensa de chiste
A la mala ocupación del campo de los celestes, que presionaron mal y a destiempo, se sumaron errores defensivos groseros que el adversario no desaprovechó. Se notó (y mucho) la diferencia entre la primera y la segunda unidad en un bisoño eje de la zaga que acusó de forma muy notable la ausencia de gente como Starfelt, Javi Rodríguez o Marcos Alonso. Ni Yoel Lago ni mucho menos Manu Fernández estuvieron a la altura de la exigencia del partido. La peor parte se la llevó el ferrolano, que concedió dos penaltis y cometió varios errores de bulto.
Reacción tardía
Con todo perdido y tres goles sobre las espaldas, al Celta le entró uno de esos ataques de orgullo que en el pasado le han permitido dar la vuelta a marcadores que parecían imposibles. Casi lo consigue. Pero, como otras tantas veces también le ha sucedido, despertó demasiado tarde, con tres goles en contra.
En la reacción de los celestes tuvieron mucho que ver los cambios, primero Miguel y Pablo Durán para suplir a Jutglá y un errático Damián; luego Bryan, doble asistente anoche, y Iago para refrescar el frente ofensivo, que ganó desborde y contundencia con el malagueño y el tomiñés, y finalmente Starfelt. Fue Durán, bendecido en Europa, el que encontró,tras una maravillosa asistencia con el exterior de Bryan, por fin el portal de Bobmann para meter al Celta en el partido con 20 minutos para obrar el milagro. Jones, con un golazo de volea tras pase del malagueño, hizo el segundo y pudo hacer ya en el descuento el empate, solo unos minutos después de que Ilaix perdonase a dos metros de la portería lo que no está en los escritos.
Jones y Angelito
La mejores noticias de la noche las protagonizaron los más jóvenes. Ángel Arcos, que dejó buenos detalles en un partido que se puso muy complicado, pero sobre todo Jones, un chaval con zancada de galgo que empieza a tomarle el pulso a la alta competición. Una pieza diferente, veloz y contundente, el noruego, que puede jugar en el extremo o en el carril y que va a dar muchas alegrías al Celta a poco que aprenda a elegir un poco mejor en los metros finales.
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