Un equipo serio y formal
Hay días, escenarios y rivales que reclaman por encima de todo un nivel mínimo de seriedad. No suelen ser partidos agradables, ni entretenidos. Mendizorrotza y el Alavés son de esa clase. El Celta ofreció una imagen impecable en aquellas facetas en las que su rival siempre suele ser mejor.

Iago Aspas cae tras ser derribado por Sivera. | Efe
El fútbol obliga a ser camaleónico. Mucho más en este tiempo donde todo está tan medido, calculado y estudiado al detalle. Solo quienes van sobrados de calidad pueden ir por la vida con una partitura única y repetir cada día el mismo concierto. Claudio sabía que para ganar al Alavés en Mendi tendría que ser un poco como ellos; vestirse en muchos momentos de «babazorro» y ser competitivo en aquellas facetas que los vitorianos manejan con mayor eficacia como la segunda jugada o los centros laterales. El libreto de costumbre no suele funcionar en un campo donde la memoria no encuentra un partido redondo del Celta. Las victorias allí siempre han llegado por caminos que no suele transitar pero donde no queda más remedio que adentrarse si uno quiere encontrar el premio. A eso obliga el Alavés. El Celta fue un equipo serio, alguien de quien te fiarías si te vendiese un coche usado o a quien harías caso cuando te recomendase un sitio para cenar o un bar que evitar. Ordenado todo el tiempo, intenso en los duelos por la segunda jugada, seguro cuando llegaron los centros desde el costado e inteligente para no permitir que el Alavés encontrase esas transiciones siempre dañinas y con las que tanto disfrutan los equipos de Coudet (recuerden a su Celta). Así el equipo vigués hizo mejor las cosas que domina el Alavés y luego encontró en el segundo tiempo las situaciones donde era más fuerte que su rival y acabó por llevarse un triunfo que confirma el cambio de dinámica de la temporada. No fue el triunfo más brillante, pero sí uno de los mejor gestionados. Esa es también una forma de madurar y de crecer.
Moriba
El hombre del partido con mucha diferencia. Fue el responsable de anular muchas de las cualidades del Alavés porque dominó casi todas las segundas jugadas en el medio del campo, cubrió hectáreas de campo, frenó transiciones y puso sentido y calidad con la pelota. Solo cuando se encontró con situaciones en las que dispuso de metros por delante para correr le costó dar con la mejor solución. Pero su partido que era notable se convirtió en catedralicio en el tramo final de partido. Se embolsó el balón (con la ayuda de Borja Iglesias) y el partido se acabó con medio Alavés víctima de un ataque de frustración tratando de quitarle la pelota en una esquina del campo.
Seriedad
Fue el Celta un equipo serio y ordenado. Poco brillante, con escasa mordiente en el último tercio del campo, pero muy eficaz en aquellas facetas del juego donde no acostumbra a brillar. Perdió la pelota donde debía (aunque hubo algún despiste de Marcos Alonso que pudieron generar drama de forma innecesaria), supo presionar al Alavés para obligarle a pelotazos más fáciles de defender y tuvo una salida más o menos ordenada de la pelota al comienzo del partido que le hizo ganar confianza. El Celta no progresaba en exceso, ni amenazaba a Sivera, pero iba preparando el terreno para el segundo tiempo. Su primer objetivo que era anular las cualidades del Alavés y hacerle sentir incómodo en su refugio ya estaba conseguido.
Centros laterales
Es uno de los males habituales del Celta y una de las virtudes de un Alavés que tiene jugadores poderosos en esa suerte. La defensa estuvo impecable en todos ellos, especialmente Starfelt que no dio un metro de más a los atacantes vitorianos. Cuando pidió el cambio la situación podía ser algo delicada, pero surgió entonces la figura de Aidoo a quien no se le puede poner un solo pero en una situación comprometida para él. Seguro con la pelota y firme en cada balón que voló a su zona. Y fueron unas cuantas, pero no dudó en ninguna.
El banquillo.
En equipos como el Celta es absurdo poner etiquetas de titulares y suplentes. Muchas veces Claudio deja a algunos jugadores en el banquillo porque prioriza lo que le ofrecerá en un contexto determinado en el segundo tiempo. Ayer las prestaciones de todos los jugadores que salieron del banquillo elevaron muchos puntos el nivel del equipo. Mingueza le dio una salida y una seguridad por la derecha que no tenían hasta entonces; Miguel Román incrementó el nivel de la presión cuando el Celta empezaba a flojear en ese aspecto; Aidoo mantuvo el nivel de Starfelt; Jones estiró al equipo y rozó el gol; y Borja Iglesias dio un curso de juego de espaldas. El delantero santiagués está en un momento iluminado. Gana casi todo y está con un punto de confianza que le lleva a mejorar casi todo lo que pasa por sus pies. Ayer hizo un control y un cambio de juego con la izquierda hacia Jones que hizo derramar lágrimas de tristeza a Morata.
El gol
El Celta al final ganó porque fue comiéndole terreno al Alavés poco a poco hasta acabar por hacerse presente en el área de Sivera y a partir de ahí ya estaba el partido en manos de un momento de inspiración. Lo tuvo Aspas para provocar, listo como una ardilla, un penalti en el que Sivera arrolló al delantero moañés. Y él mismo se encargó de hacer justicia al partido de un equipo serio y formal.
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