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Coged las rosas

«Momento» fue casi la palabra más repetida por Claudio Giráldez en la comparecencia del viernes. Y es el partido de ayer una invitación a disfrutar del momento: los que le resten a Alfon vestido de celeste y a Aspas como futbolista, los que retratan el crecimiento constante de Fer López...

Fer López ejecuta el remate del 1-2. |  LOF

Fer López ejecuta el remate del 1-2. | LOF

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Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

El fútbol se conjuga en tiempos verbales contradictorios. Cada jornada erige imperios y demuele montañas. Se habita, a la vez, en todos los futuros hipotéticos mientras el instante se desvanece. Ha importado menos en estos días el Alfon que es que el Alfon que puede ser o será. «Coged las rosas mientras podáis /veloz el tiempo vuela /la misma flor que hoy admiráis /mañana estará muerta», escribió Robert Herrick y se lo declamó Robin Williams. «Carpe diem». Lo único cierto, el pasado, se ignora o se olvida. El celtismo ha sufrido demasiado en estos años como para distraerse con amarguras. Así de efímera es la felicidad. Coged las rosas.

Guion perfecto. Giráldez exprime el momento; el de Alfon, único atisbo de optimismo en la primera mitad y quien giró el destino en la segunda. Al Celta, club de tantas frustraciones en el pasado reciente, le salen últimamente perfectos sus guiones, mezclando drama y comedia. A Giráldez le disgusta ese reparto de papeles entre villanos y héroes que el tenebrismo del fútbol alumbra. Él escribió una historia de redención que Alfon interpretó con maestría.

La vía principal. En el peor de los casos, Alfon está rindiendo de maravilla aunque ya se haya apalabrado su mudanza. Resultaría absurdo renunciar a su caudal de fútbol, al estado de gracia que atraviesa, en la pelea europea. Le costó al equipo conducir el balón a ese uno contra uno con el lateral que el manchego ha convertido en la vía principal de producción ofensiva. Cuando lo consiguió, todo el Mallorca retrocedió asustado.

Energías alternas. La intensidad, que tantas veces se emplea como excusa, suele ser la consecuencia palpable de la coreografía colectiva. Pero el fútbol es también, ciertamente, una cuestión de energía. El Celta, de presión mordiente contra el Las Palmas, salió ayer posicional, perdiendo todos los balones divididos. Jugó a lo que el Mallorca prefería. En la segunda mitad, en cambio, a los locales les pasó factura el esfuerzo y los visitantes crecieron gracias a la inyección de los cambios.

Esperando a Aspas. Aspas ha sido todo, no está siendo mucho pero aún puede ser suficiente en este ocaso. Le falta ritmo, ciertamente. Él ha transitado por todas las posiciones ofensivas en algún momento de su carrera. En las temporadas de angustia, de hecho, creaba la acción y la remataba. Ahora, en cambio, se mueve por el campo más desubicado que por necesidad táctica. No es tiempo aún, sin embargo, de entonarle el elogio fúnebre. Le falta una última primavera y la disfrutará desde el alivio de no ser imprescindible por primera vez en casi una década.

El ciclo de la vida. Aspas se va agotando y Fer López crece. Aunque la posición invite a compararlos, su estilo difiere y sería injusto para el joven cargar con el peso de semejante legado. Aspas es un monumento esculpido en mármol, aunque aún palpite. Fer es carne tierna. Asombra, con todo, el inicio de su camino: su incidencia en el juego, su actitud irreprochable dentro y fuera de la cancha, su estética impecable... Casi apetece encontrarle una tacha. Aterran los ojos ajenos que lo codician. Una vez más, que su porvenir ni nos ciegue ni nos angustie el ya. Iago y Fer. No hay que llorar por las rosas que se marchitan, sino recordar lo hermosas que han sido y disfrutar de las que florecen, el popurrí de sus últimos y sus primeros pétalos.

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