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Celta y Afavi: las causas de un divorcio

La Asociación de Fútbol Aficionado de Vigo denuncia el incumplimiento económico del convenio y desde Príncipe apuntan a una petición de control y un cambio de política

Carlos Mouriño y Daniel Costas, durante una renovación del convenio en 2012.

Carlos Mouriño y Daniel Costas, durante una renovación del convenio en 2012. / Ricardo Grobas

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Un conflicto altera la paz social que se había construido en torno al Celta desde que Marián Mouriño asumió la presidencia. La Asociación de Fútbol Aficionado de Vigo (Afavi), que agrupa a 19 clubes, denuncia que se están incumpliendo las obligaciones económicas fijadas en el convenio. Desde Príncipe, por su parte, apuntan a la necesidad de fiscalizar cómo se emplea ese dinero y a un cambio de política, que prioriza ahora la relación directa con las entidades, sin estructuras superpuestas.

Vinculados desde 2007, el acuerdo actual entre Celta y Afavi caduca en junio. En las actuales cincunstancias no parece probable que vaya a prolongarse. Tampoco se descarta que las discrepancias se resuelvan en los tribunales, considerando las cifras que se manejan. Pero es un divorcio que apunta también a un enfriamiento afectivo.

El Celta estuvo durante buena parte de su historia moderna distanciado del tejido futbolístico comarcal, con la fuga de talentos como una de las consecuencias inmediatas. Desde el propio club, por convicción del entonces coordinador de la cantera, Toni Otero, se promovió la creación de Afavi en 2007 y la firma de un primer convenio en mayo de 2009. Los clubes se comprometían a dirigir a sus jugadores más destacados hacia A Madroa –aunque la decisión siempre ha sido lógicamente de los tutores legales– y a apoyar al Celta, que sufría en Segunda División en pleno proceso concursal. La directiva céltica, en contraprestación, debía aportar ayuda económica, material y formativa.

Cambio en las condiciones

Este acuerdo inicial ha ido evolucionando. En la última renovación, en 2021, se modificaron las condiciones establecidas cuando un canterano céltico captado previamente a un equipo conveniado es traspasado a un tercero. Debido a una redacción confusa, no quedaba claro si el Celta debía abonar un 5% del traspaso al equipo originario y otro tanto a Afavi o sólo un 5% en total. Se concluyó que sería un 6%; de esa cantidad específica, el 85% le correspondería al equipo y el 15%, a Afavi.

Mediante esta fórmula, por ejemplo, se articuló el cálculo de la venta de Jonny al Atlético por 9 millones –540.000 euros a repartir entre Casablanca y Afavi–. Los pagos, sin embargo, no se han ido completando conforme al calendario previsto. Otra desavenencia se produjo con el traspaso de Brais Méndez a la Real Sociedad por 15 millones. Aunque criado inicialmente en el Santa Mariña, el Celta argumentó que su paso por el Villarreal, del que lo había captado, extinguía sus obligaciones.

Esas diferencias existen desde hace años, con Carlos Mouriño y Antonio Chaves todavía al mando en A Sede, pero se mantenía la fluidez en los contactos. Ahora la relación se ha deteriorado además de incrementarse los desacuerdos. Desde Afavi reclaman el dinero correspondiente al traspaso de Gabri Veiga a Al Ahli (1,8 millones de los 30) y de Rubén Blanco al Olympique de Marsella (120.000 euros de los 2 millones); en ambos casos, con pasado en el Santa Mariña. También aseguran que no se les está entregando el dinero por la venta de entradas en los días de club en Balaídos, prevista en el convenio. Añaden agravios de etiqueta; en general, que el Celta ha dejado de contar con Afavi, antaño un socio querido.

«El Celta abandona a más de 4.000 jugadores de fútbol base de Vigo», reza el encabezado del comunicado firmado por el presidente de Afavi, Daniel Costas, que «muestra su rechazo y desacuerdo con la actitud y el comportamiento del R.C. Celta»; no sólo por «el incumplimiento del convenio», sino por «una actitud que consideramos no acorde con los principios de cortesía y cordialidad».

En Afavi, que ha aportado 45 jugadores actuales a las categorías inferiores celestes, consideran que lo sucedido con esos últimos traspasos «significa burlarse del trabajo de los clubes de base de cantera, cosa que estos clubes no hicieron cuando el Celta les pidió su apoyo en los momentos de crisis económica y deportiva». Concluyen: «La cantera ha sido el pasado, es el presente y será el futuro del R.C.Celta pero siempre con humildad y respeto por los que trabajan en la sombra. Cantera somos todos».

Dos visiones del conflicto

En la secuencia de los hechos, Costas relata dificultades para ser recibido en A Sede y lamenta que, ante un requerimiento notarial para una conciliación, el Celta enviase exclusivamente a un abogado. Sí logró reunirse con el CEO, José Gainzarain, aunque sin avances. El Celta, revela, se escuda en que no se firmó un anexo que incluía el nombre de los jugadores involucrados en el convenio, lo que Costas atribuye a problemas de agenda del propio Celta; un aspecto, además, cubierto por otros artículos. «Vamos a por todo», comenta respecto a qué horizonte dibuja para el conflicto. «Defendemos lo nuestro».

Desde el Celta, entre tanto, explican que la llegada a la dirección deportiva de Marco Garcés y Álex Otero, con los que se ha visto Costas, ha cambiado su enfoque. Se prioriza la relación directa con los clubes. Con esas condiciones actuales ofrecieron renovar por cinco años a Afavi, que agrupa a Arenas de Alcabre, Balaídos, Gran Peña, Coya, La Guía, Nieto, AlertaNavia, Pereiró, Vigo2015, Los Sauces, Lavadores, Moledo, Racing de Castrelos, Victoria, Casablanca, San Miguel, Atlántida de Matamá, Santa Mariña y Cadeán.

Mientras que otros aspectos como el reparto de entradas se están cumpliendo, se ha pedido a Afavi que justifique que el dinero se está invirtiendo conforme a lo regulado en el convenio. En todo caso, aseguran, están abiertos a seguir colaborando. La reconciliación, empero, se antoja complicada.

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