Análisis
Es imposible perder mejor
El Celta regala un partido espectacular con un último cuarto de hora mágico en el que mereció llevarse la victoria | Con el duelo en el alambre los de Claudio demostraron que su plan es innegociable
Se podría escribir una novela épica sobre ese tramo que va del minuto 85 al 95 de partido, justo antes del error infantil de Hugo Alvarez en el penalti que acabó condenando al Celta. Estamos en la jornada tres y seguramente hayamos asistido ya al espectáculo más sobrecogedor de esta Liga, el ofrecido por el Celta cuando el partido agonizaba, las piernas ardían y el oxígeno llegaba con dificultad al cerebro. Es imposible perder mejor. No hay herramienta que explique de forma más precisa lo que es el Celta de Claudio Giráldez que esos minutos de magia y locura. Después de igualar a tres goles, lejos de mostrar cualquier clase de conformismo, se fueron en busca de la victoria como si la vida les fuera en ello. En la balanza de este equipo ya siempre pesa más la ambición de ir a por el resto del botín que la prudencia para conservar lo ganado. Un cambio dramático teniendo en cuenta el punto de partida del viaje emprendido por Claudio hace unos meses. Perdió porque el fútbol (lo hemos dicho muchas veces) es un deporte algo absurdo en el que el peso de los detalles es infinito. Pero detrás de la derrota en El Madrigal hay una insoportable belleza, hay generosidad, entrega, valentía, descaro y audacia. Perdió, pero las derrotas importan menos cuando llegan de este modo.
Tener un plan
Claudio y el Celta tienen un plan. Aspecto que parece básico, pero que no siempre se produce en este mundo. Muchos dicen tenerlo, pero no lo demuestran y continuamente toman decisiones contradictorias con lo que pregonan los entrenadores y jugadores. En el Celta todas las decisiones van encaminadas a sostener la idea que el técnico ha incrustado en las cabezas de sus jugadores. Y la han entendido. De este modo puede funcionar un equipo que introduce siete caras nuevas con respecto a la alineación que jugó el domingo y que mueve a los futbolistas de posición como si fueran cromos en un álbum. Claudio no miente cuando dice que va a por el partido, cuando trata de penalizar los puntos débiles del rival (ayer la espalda de los mediocentros en el primer tiempo), y todas las decisiones que vienen detrás (movimientos de jugadores, cambios y uso de distintos sistemas) van en la misma dirección. En esto del fútbol conviene saber la carretera por la que quieres circular, así es imposible perderse.
Los errores tradicionales
Lo que va a tener complicado de solucionar Claudio es el problema ancestral del Celta en el juego aéreo defensivo y en las desconexiones que se producen en ocasiones atrás. Ayer fue la forma que encontró el Villarreal de castigarle. Ahí sí que queda trabajo. Luego hay matices como por ejemplo el sufrimiento generado por la pareja Carreira-Bamba en defensa que hicieron que el Villarreal volcase casi todo su juego por ese sector.
Damián-Mingueza
El Celta tiene un entrenador y líder espiritual en el banquillo, pero en el campo esconde un par de pequeños entrenadores, gente clarividente para dirigir el plan ordenado en la caseta y para interpretar el juego. Mingueza y Damián son un tesoro para el Celta porque manejan el juego y gobiernan a sus compañeros con una eficacia absoluta. Lo del canterano es un escándalo porque en dos tardes en Primera no para de generar ritmo al juego. A un toque, a dos, con cambios de juego, pases interiores cuando es necesario. El repertorio es inmenso.
El tramo final
Después del 3-2 del Villarreal Claudio quemó sus naves con un cambio de sistema y la entrada de jugadores que dejó en mínimos la defensa y reunió por delante de los medios a una colección de futbolistas de ataque. Un todo o nada de manual. Empató y en ese momento se dio la situación de ver hacia dónde quería ir cada equipo. El Villarreal dudó; el Celta lo tuvo clarísimo. Se tiró en busca del cuarto gol convencido de que corría riesgo, pero que el premio era demasiado grande como para dudar en ese momento. Y llegaron aquellos minutos preciosos con el Celta encontrando grietas de toda clase en la defensa del Villarreal que no sabe cómo salió vivo de aquelle embestida. Pero lo hizo y acabó por encontrar un premio tan grande como injusto.
Williot
A Williot, que entró fallón al partido, hay que valorarle esa habilidad para entender el momento de partido para atacar los espacios que había por detrás de los centrales del Villarreal, pero al mismo tiempo merece el reproche de no haber convertido alguna de las tres ocasiones clarísimas que tuvo mano a mano con el portero. En este fútbol esos errores suponen puntos.
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