El Celta sopesa repescar a Borja Iglesias

El Betis ofrece incluir al delantero compostelano en la operación de Manu Sánchez y el club celeste estudia pros y contras

La elevada ficha del artillero, que está por la labor de regresar a Vigo, y su discreta última temporada generan muchas dudas

Borja Iglesias conduce la pelota ante Aidoo en Balaídos.

Borja Iglesias conduce la pelota ante Aidoo en Balaídos. / Ricardo Grobas

El Celta se está pensando la posibilidad de repescar a Borja Iglesias, a quien el Betis ha ofrecido incluir en la operación de venta al conjunto sevillano de Manu Sánchez. El club celeste no se cierra en banda a tal posibilidad, pero le genera bastantes dudas. Nada hay avanzado ni concretado por el momento, más allá del interés del Betis por abaratar el fichaje del lateral zurdo madrileño y la buena disposición del artillero compostelano a regresar a la que un día fue su casa y abandonó hace seis años por la puerta trasera.

El posible regreso de Borja Iglesias presenta no pocos puntos oscuros. El principal obstáculo es el elevado sueldo del futbolista, entre los seis más altos del actual plantel bético y del todo inasumible para el Celta. Cualquier tipo de acuerdo pasaría por que el artillero compostelano aceptase rebajarse de modo muy sustancial su actual salario o bien que el Betis se hiciese cargo de una parte del mismo, lo que implicaría que el retorno del Panda a Balaídos tendría que formalizarse mediante una cesión.

No menos interrogantes genera en la Calle del Príncipe la pobre temporada firmada por el delantero, cuyo rendimiento en este último ejercicio ha estado muy alejado del ofrecido en años anteriores. Residual para Pellegrini hasta el mes de enero, en que fue cedido al Bayer Leverkusen, Iglesias tan solo disputó el pasado curso con el conjunto verdiblanco 403 minutos repartidos en 11 encuentros, 2 de ellos como titular. Por primera vez en su carrera se quedó sin marcar, aportando apenas una asistencia. En el mercado de invierno fue cedido al vigente campeón de la Bundesliga con una tarifa de préstamo de 1,5 millones y una opción de compra por 8 millones que el conjunto alemán declinó ejercer. Con el equipo de Xabi Alonso sus cifras tampoco mejoraron: 257 minutos en 7 encuentros, cero goles.

Tampoco la edad del compostelano (31 años) encaja en el perfil de delantero que el Celta busca para reemplazar a Larsen, que apunta a ser la gran venta de este verano. Salvo en contadas excepciones ha abordado el Celta el fichaje de un jugador mayor de 30 años y en el caso de los atacantes la política del club ha sido acudir a mercados secundarios para incorporar delanteros jóvenes y con proyección, de los que pueda obtener plusvalías en pocos años. El propio Larsen, Swedberg y más recientemente Douvikas son claros ejemplos de esta filosofía.

A favor del retorno de Borja Iglesias está el deseo del futbolista por reactivar su carrera en el equipo que lo catapultó al fútbol profesional, pero en el que no pudo llegar a triunfar. Salvo el pasado curso, el artillero santiagués ha acreditado gol en los años en que ha estado fuera del Celta y jugar cerca de casa podría ser el revulsivo que necesita el jugador para recuperar el nivel que tenía hace solo un par de años. Su condición de gallego y mito del filial en un equipo de ADN canterano y de vocación ofensiva podría ayudarle en esta empresa.

División de opiniones

La posibilidad de que Borja Iglesias retorne al Celta ha sido acogida con división de opiniones y ha generado un intenso debate en las redes sociales entre partidarios y detractores. Una parte del celtismo no le perdona su abrupta salida del club (tras pagar el Espanyol los 10 millones de su cláusula) mientras no ocultan su deseo de ver al lado de Iago Aspas al delantero que lideró el Panda Team con 32 goles en Segunda División B, brilló en Segunda con el Zaragoza y se consolidó luego como uno de los mejores delanteros españoles de LaLiga con el Espanyol y el Betis.

Esta división de opiniones se ha dejado ver en las veces que el delantero compostelano ha jugado en Balaídos con otros equipos. En su primer partido, con el Espanyol, recibió silbidos de una buena parte de la grada, pero los pitos del público se han ido atenuando en posteriores visitas y fueron apenas perceptibles en su última comparecencia con el Betis a comienzos de enero pasado, semanas antes de marcharse a la Bundesliga.