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El fútbol llora a Txetxu Rojo

El técnico que ascendió al Celta a Primera y lo llevó a la final de la Copa de 1994 fallece a los 75 años tras meses enfermo - Leyenda del Athletic Club, inició la etapa que los célticos continuaron con brillo en Europa

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Adiós a Txetxu Rojo, el líder de un Celta que rozó la gloria. Magar / Cameselle / Grobas / Marta G. Brea

El fútbol llora la muerte de José Francisco Rojo Arroita (Bilbao, 28 de enero de 1947), que en su etapa como elegante y habilidoso jugador del Athletic Club era conocido como Rojo I y después en su faceta de entrenador como Txetxu Rojo. Pero también le lloran en ciudades como Vigo, donde en tres años y medio de trabajo obtuvo grandes beneficios deportivos: ascendió al Celta a Primera División en 1992 y lo llevó a acariciar la Copa del Rey en la final en el Vicente Calderón de 1994.

Con él, el equipo vigués inició la segunda etapa más prolongada de su historia en la élite, en la que acumuló doce temporadas consecutivas con excelentes resultados en la Liga y en Europa.

Ayer se apagó la vida del genio del balón con una pierna izquierda prodigiosa que es mito en San Mamés, donde solo fue superado en partidos disputados (541) por otra leyenda rojiblanca como José Ángel Iribar. Llevaba tiempo enfermo.

En la hora de la despedida se recuerda la que le rindió el club de su vida invitando nada más y nada menos que a la selección inglesa a un amistoso en la Catedral.

Su etapa como técnico del Celta la cerró en silencio, después de rechazar una oferta de renovación del club porque quizás no comprendía que la entidad se desprendiese de piezas tan valiosas como Jorge Otero, Vicente Engonga (ambos ficharon por el Valencia) y Santiago Cañizares (regresó al Real Madrid). Se desmantelaba así parte de la estructura de un equipo aguerrido y comprometido con la idea de su entrenador, que quería continuar creciendo para aspirar a cuotas deportivas mayores. Esos tres jugadores formaron parte de aquel equipo que rozó la gloria por segunda vez en la historia de un club que se prepara para la celebración de su centenario en agosto próximo.

Cuando Txetxu Rojo se hizo cargo del Celta, en enero de 1991, el equipo dirigido por otro vasco, José María Maguregui, no levantaba cabeza en Segunda División. Al aceptar la oferta del Celta, rompía por primera vez el vínculo directo con su tierra, dejaba su zona de confort para emprender labores de un oficio que también aprendió en Lezama.

De su papel como futbolista de culto entre 1965 y 1982, Rojo pasó a iniciarse como técnico en la cantera de su Athletic Club hasta convertirse en ayudante de Howard Kendall en el primer equipo. La destitución del técnico británico le llevó a dirigir al primer equipo rojiblanco durante gran parte de la temporada 1989-90.

Aunque para algunos desprendía aromas de arrogancia, Rojo se ganaba el cariño de quienes le conocían y siempre se mostró leal con sus amigos. Vigo se convirtió en un lugar especial en su vida, pues aquí dejó grandes recuerdos con el Celta y a una hija que formó familia en la ciudad que abandonó para continuar su carrera profesional.

Osasuna, Lleida, Salamanca y Zaragoza fueron las siguientes paradas de Txetxu Rojo, a quien el Athletic le concedió una segunda oportunidad de dirigir a los leones, pero antes de finalizar el curso 2000-01 tuvo que abandonar de nuevo San Mamés y después repetiría en el Zaragoza, aquel rival que le privó a él y al Celta de un título de Copa. Por último, intentó salvar al Rayo Vallecano del descenso. Tampoco lo consiguió. Quien proclamaba que no era “necesaria la vanidad para ser futbolista”, se alejó de la primera línea de un deporte que seguiría amando hasta sus últimos días y a través del que hizo felices a muchos seguidores, principalmente del Athletic Club y del Celta, quienes más lloran su muerte.

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