Los peores números de Coudet

El Celta vive su serie más deficiente de resultados desde que el argentino se sentó en el banquillo hace ahora dos años: tres puntos de los últimos dieciocho en juego | Su figura en absoluto está en discusión por parte del club

Óscar Rodríguez y Roque Mesa pelean por un balón el pasado miércoles. // LOF

Óscar Rodríguez y Roque Mesa pelean por un balón el pasado miércoles. // LOF / j.c.a.

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Atraviesan el Celta y Coudet un momento delicado de su convivencia. Cumplido el tramo más complicado del calendario y justo cuando iniciaba la serie de partidos marcada en rojo para llenar la despensa de puntos, el equipo vigués recibió un revés considerable en Zorrilla, agravado por la entidad del rival y por las dimensiones del tropiezo. Fue el miércoles un día en que el Celta lució sus peores defectos y puso de manifiesto muchas de sus carencias frente a un Valladolid que, pese a sus limitaciones, acabó por encontrar la manera de pasarle por encima en la terrible media hora final del partido.

Para Coudet supuso un récord negativo porque con esa derrota firmaba su peor tramo desde que es entrenador del Celta. En las últimas seis jornadas el equipo vigués únicamente ha sumado tres puntos gracias a la victoria contra el Betis. El resto han sido derrotas. Tres puntos de dieciocho posibles suponen un bagaje muy escaso. El entrenador argentino no ha vivido un tramo similar desde que hace ahora dos años se puso al frente del equipo para sustituir a Oscar García. De su mano, el Celta ha evitado grandes “parones” en su trayectoria y la capacidad para sumar de forma regular era una de sus grandes virtudes, lo que le ha permitido disfrutar de una plácida existencia por la Primera División. Esta cualidad está ahora en cuestión y le exige una respuesta rápida la próxima semana en la que deberá recibir al Getafe el lunes en Balaídos (21:00 horas) y visitar al Almería el sábado 29 de octubre (14:00 horas).

Valladolid fue escenario también de una nueva goleada en contra esta temporada. En lo que va de año el Celta ha recibido veinte tantos en diez partidos, lo que supone una media de dos goles por partido. En tres de estos encuentros ha recibido cuatro goles lo que ayuda a que el vigués sea el segundo que más goles ha recibido después del Elche. Es una evidencia que ha perdido firmeza y el propio Coudet hizo alusión a ello en la rueda de prensa posterior al partido ante el Valladolid cuando además de lamentar que la suerte les ha abandonado en las últimas semanas y que la efectividad de los rivales en el remate es asombrosa también explicó que “necesitamos orden y consistencia”. Una evidencia que en su boca toma una mayor dimensión. Y mucho más en un partido en el que precisamente eligió mezclar en la alineación a Tapia y a Beltrán con la idea de equilibrar a un equipo que precisamente terminó completamente desequilibrado y roto.

En el entorno del Celta y a raíz de la derrota en Valladolid se han agitado muchos de los asuntos favoritos cada vez que Coudet sufre una derrota y se sitúa en el centro del debate: su escasa rotación, la nula participación de algunos de los recién llegados, su negativa a completar los cambios incluso cuando el partido está resuelto y podría aprovechar para conceder descanso a los habituales y conceder una pequeña recompensa a los “marginados” o incluso a alguno de los chavales del filial. Cuestiones que forman parte de su decálogo y que a estas alturas ya parece una evidencia que va a costar mucho que alguien sea capaz de cambiar. En el Celta se asume con toda la normalidad posible. En la planta noble del club, más allá del disgusto por la derrota en Valladolid, se toman con serenidad la situación. La figura de Coudet no está en cuestión de ninguna manera, lo de Zorrilla se interpreta en gran medida como un “accidente” por la forma en que se produjo la derrota, existe la absoluta seguridad de que el equipo completará una buena temporada y toda la energía se tralada al partido contra el Getafe en el que se espera que el “rejonazo” sufrido en Valladolid sirva de acicate para un equipo que siempre ha demostrado capacidad de recuperación.

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