Valladolid 4 - Celta 1

El Celta se desmorona en Pucela

Un endeble equipo vigués recibe una paliza a manos de un Valladolid que convirtió en gol casi todo lo que le lanzó a Marchesín | Los de Coudet hicieron de nuevo agua a balón parado en otro choque sin capacidad de reacción

Un Celta endeble, sumamente frágil a balón parado y sin capacidad para reaccionar a un marcador adverso se desplomó anoche en Pucela goleado por un Valladolild que convirtió en gol casi todos los balones que le lanzó a Marchesín. Reincidió el conjunto de Eduardo Coudet en todas las carencias que le han impedido trasladar su dominio de la pelota al marcador en una temporada en la que recibir gol primero equivale a un sentencia de muerte.

Frente un adversario sin mucho colmillo, que tan solo había marcado 6 goles en los nueve primeros partidos de Liga y que había evidenciado indecentes lagunas defensivas, recibió el conjunto celeste cuatro, naufragó a la hora de desequilibrar al adversario en el último tercio del campo y se dio nuevamente de bruces con una falta de tino preocupante a la hora de aprovechar sus (ayer escasas) ocasiones de gol. Salvo el impagable trabajo de Larsen, artífice del único tanto celeste en una contra maravillosa culminada por Óscar, y las paradas de Marchesín, que detuvo un penalti a Sergio León, poco puso sobre el tapete el Celta para llevarse un partido que comenzó dominando y acabó con el rabo entre la piernas.

Al Valladolid todo le salió en cambio a pedir de boca. Resistió con orden y sin complicarse la vida el arreón inicial de los celestes en cada tiempo, les cerró las líneas de pase hacia el portal de Masip y golpeó con una implacable contundencia desde la primera vez que lanzó a portería. Aunque el Celta reaccionó pronto al afortunado gol con que Roque Mesa abrió el marcador y salió en tromba en busca del segundo tras el intermedio, el equipo vigués se desplomó en cuanto Joaquín remachó contra la red el segundo sin oposición en un lanzamiento de córner al punto de penalti. El partido se puso entonces cuesta arriba para el Celta, que se extravió en un laberinto de indecisión y nervios, y cuesta abajo para el Valladolid, que encontró la contundencia que le había faltado en los nueve partidos anteriores para humillar a los celestes.

{"pollEmbed":{"title":"\u00bfEst\u00e1 haciendo Coudet una buena gesti\u00f3n de la plantilla del Celta?","id":"77477700"}}

Coudet sorprendió de partida con las rotaciones. Retiró de la ecuación a Gabri Veiga tras tres muy buenos partidos como titular del canterano, recuperó el doble pivote con Tapia y Beltrán, cambió a Unai por Mingueza en el eje de la zaga y mantuvo a Óscar y a Cervi en las bandas. Con este traje, intentó el Celta penetrar el blindaje dispuesto por Pacheta, que formó con defensa de cinco (tres centrales y Olaza y el canterano Lucas Rosa en los flancos) y se guarneció en terreno propio, sin exponerse más que lo inevitable, evitando asumir el menor riesgo bajo el torrencial aguacero que sacudió el Nuevo Zorrilla. Tal escenario de partido no favoreció los intereses del Celta. El cuadro vigués presionó con avidez y gobernó la pelota en zonas improductivas, pero careció de creatividad en el último tercio del campo para filtrar un pase decisivo. Apenas dos tímidas llegadas al área rival que no inquietaron a Masip.

El Valladolid, en cambio, encontró el gol con fortuna en su primer lanzamiento a portería. Fue, como no, a balón parado en una jugada ensayada que pilló al Celta a pie cambiado. Aguado puso un balón en la frontal a Roque Mesa y éste, sin que nadie le saliese al paso, descerrajó un trallazo que pegó en la espalda de Hugo Mallo desviando lo suficiente la trayectoria del balón para sorprender a Marchesín.

El Celta encajó el tanto con entereza y a los diez minutos replicó con una contra mortal de necesidad al lanzamiento de un córner del rival. Aspas sacó la pelota hacia Cervi, que se la sirvió con un gran pase a Larsen y el noruego hizo el resto. Partió la cintura a Feddal con un quiebro imparable, galopó hacia Masip y en cuanto se plantó frente al portero del Valladolid le regaló la pelota a Óscar para que el talaverano la acompañase hasta el fondo de la red. Quedaban unos pocos minutos para el descanso.

A la vuelta del intermedio, el Celta salió en tromba. En cuatro minutos, entre el 50 y el 54, generó cuatro ocasiones con las que podría haber sentenciado el encuentro, pero Beltrán no encontró puerta desde la frontal, Aspas desvió un tiro de falta pocos centímetros a la izquierda del portal blaquivioleta, Cervi remató fuera en buena posición y la defensa pucelana desvió otro buen disparo de Larsen. La falta de puntería volvía a pasar factura al Celta.

Viendo la que se le venía encima, Pacheta movió ficha. Sacó a Óscar Plano y a Sergio León y el partido tomó un giro de 180 grados. Antes de que Joaquín pusiese a Valladolid en ventaja, el cordobés dio el primer aviso. Joaquín no perdonó sin embargo poco después en el lanzamiento de un saque de esquina. Llegando desde atrás, tras dejar atrás a su marcador, el central cabeceó libre de marca en el punto de penalti sin dar opción a Marchesín. El tanto dio un impulso incontenible al conjunto de Pacheta, que se volcó contra la portería celeste.

Coudet intentó reaccionar moviendo el banco. Entraron Carles Pérez y Gabri Veiga por Cervi y Tapia, pero los cambios no mejoraron a los celestes. Pacheta se jugó entonces la baza el ecuatoriano Gonzalo Tapia, un cambio ofensivo que hizo volar a los pucelanos.

El tercero llegó en jugada, un cómodo y certero centro de excéltico Lucas Olaza que Sergio León enganchó con un remate ajustado que tampoco alcanzó a atajar el arquero céltico. Casi a continuación, en plena fase de desconcierto de los celestes, que no acababan de creerse cómo se les había escurrido el partido entre las manos, Aidoo sujetó a Gonzalo Plata en el área y el árbitro señaló el punto fatídico. Marchesín evitó el cuarto despejando con una estirada imponente al disparo de Sergio León. Un débil rayo de esperanza que enseguida se desvaneció cuando el propio Sergio León hizo el cuarto con un remate inapelable a un gran perfecto servicio de Óscar Plano. El desconcierto cundió en las filas del Celta, que a partir de entonces ya se movió por pura inercia. Pese a todo, el equipo celeste pudo recortar distancias con un inocente penalti de Feddal a Larsen en una jugada que no aparentaba demasiado peligro.

Aspas recogió el balón, tomó carrera y lanzó a la derecha del portero, pero Masip adivinó sus intenciones y despejó con solvencia. Sin embargo, el árbitro, ordenó repetir el lanzamiento por haber entrado gente el área. El moañés disparó esta vez a la izquierda del guardameta, que de nuevo frustró sus planes con una formidable parada. Toda una metáfora de un partido que el Celta perdió en un pésimo segundo tiempo frente a un rival de su Liga y que arroja dudas en el peor momento.