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Balaídos elige al heredero

Gabri Veiga vivió ante el Betis su primer gran partido frente a su afición | Aún lejos de consolidarse como titular, el futbolista gana peso a ojos del cuerpo técnico y saca provecho a su relación con el gol

Gabri Veiga conduce el balóndurante el partido ante el Betis. MARTA G.BREA

La historia de Gabri Veiga aún acaba de empezar a escribirse. El guionista de su carrera deportiva apenas finalizó el prólogo y aún está asentando al personaje y a todos aquellos que le acompañarán en este apasionante viaje. Este porriñés de 20 años vivió el domingo ante el Betis su primera gran tarde en Balaídos, ese día en que supo cómo suena su nombre en la voz de varias miles de almas. Porque Balaídos entendió el domingo –más allá de la velocidad que Gabri Veiga tome para convertirse en una referencia del equipo–, que está ante un futbolista condenado a tener un papel clave en el futuro del Celta. Su irrupción le señala además como el “heredero” natural de Iago Aspas cuando el moañés decida dar un paso al lado. Brais debería haber ocupado en buena lógica ese espacio, pero las circunstancia lo han impedido. Queda el camino abierto para este Gabri Veiga que el domingo fue por primera vez decisivo en un triunfo del Celta. Sucedió con una de esas acciones que le distinguen del resto.

Desde hace tiempo destaca Gabri por su capacidad para el desborde, su buen disparo y la habilidad que tiene para incorporarse al área y llegar a zonas donde se hace difícil de detectar para el rival. Así se convirtió en un elemento clave en el Celta B siendo todavía jugador juvenil. Condiciones que fue alimentando desde muy joven en A Madroa donde más de un técnico le advirtió de la necesidad de potenciar su eficacia de cara a la portería contraria. Una de esas esclavitudes del fútbol moderno y más cuando quieres ganarte la vida como media punta. Jorge Cuesta, exentrenador del porriñés en el juvenil, fue uno de los que se lo dejó más claro: “En esa posición te van a juzgar muchas veces por el número de goles que seas capaz de marcar”. Y Gabri se puso a ello. Potenció su remate con ambas piernas y sobre todo ganó descaro, atrevimiento. Eso se vio ante el Betis. A su calidad en el desborde (que conocieron en primera persona Canales y William Carvalho, a quienes dejó por el camino) añadió la valentía de soltar la pierna desde casi treinta metros cuando algunos de sus compañeros le ofrecían la posibilidad de un pase que no le comprometiese tanto. Pero como él mismo afirmó a la conclusión del partido, se dijo “¿por qué no?” y acabó firmando uno de los goles de la jornada sin ninguna duda. Y Balaídos entendió que estaba ante alguien diferente.

Gabri Veiga aún está lejos de convertirse en eso que todo el mundo espera de él. Su tiempo en el filial es evidente que se ha terminado. Ya está para otras películas aunque en su camiseta siga impreso uno de esos dorsales que se guardan para los canteranos de apariciones esporádicas. A ojos de Coudet su crecimiento es evidente y ante el Betis por fin le concedieron la titularidad después de semanas llamando de forma insistente a la puerta. Ya acumula en la presente temporada 160 minutos que él ha aprovechado para firmar en este tiempo dos goles y dar una asistencia. No está mal. Significa que cada cincuenta minutos participa de forma decisiva en uno de los goles del equipo. Es un dato relevante, pero por encima de todo es una prueba más de la intensa relación que Gabri Veiga ha establecido con el gol. Eso que le repetían constantemente y en lo que tanto se ha aplicado. Ante el Betis el canterano se ubicó en el vértice del rombo, la posición en la que más daño puede hacerle al rival. Se advirtió también con el paso del tiempo porque cuando Ariel Broggi -que ejerció de primer entrenador por la ausencia de Coudet- le desplazó a un costado se volvió a poner de manifiesto de que se siente extraño en esos terrenos y que supone siempre un problema mayor para el rival cuando ocupa los interiores. Pero también es parte de proceso, ese proceso en el que como el propio entrenador confesó le está ayudando el mismo Denis Suárez, convertido en una especie de mentor del porriñés.

También sus compañeros han asumido la evolución de Gabri y su imparable crecimiento. Tras el partido ante los sevillanos fue Fran Beltrán quien lo manifestó de forma elocuente. Explicó el joven mediocentro que “Gabri está entrenando muy bien, tiene unas condiciones espectaculares y, poco a poco, se está haciendo un sitio. Sé lo que está trabajando porque yo pasé por esa misma situación, me alegro mucho lo que está pasando por él”.

En este ciclo de la vida futbolística llegará el día de su definitivo asentamiento, de su próxima mejora de contrato (seguramente sea algo que dependiendo de la evolución de la temporada no se demore en exceso), de los cantos de sirena y de mil otras cosas nuevas. Pero en la memoria de todo el mundo quedará que una agradable tarde de otoño, en el minuto veinte de un partido ante el Betis, Gabri Veiga provocó el primer gran estruendo de su vida en Balaídos. El comienzo de todo.

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