En el recuento de las inversiones predecibles, las sorpresas y las decepciones, Okay Yokuslu queda para el recuento amargo. Incluso en su resolución. Ya se podía suponer que su entrada en el carrusel de cesiones desde la temporada 20-21 iba a concluir con el divorcio definitivo. Directiva y representante habían gestionado la situación con cordialidad. No ha sido ese el tono final. Las dos partes han quedado mutuamente decepcionadas.

Okay llegó en 2018 procedente del Trabzonspor por seis millones. La dirección deportiva siempre creyó que tenía sustancia de gran pivote, de ese perfil físico a ras y por el aire que tanto se necesitaba en la plantilla –aunque de ubicación diferente, debía aportar en cierta medida aquello que se añoraba del Tucu–. Se auguraba un futuro traspaso a un equipo de la clase media-alta europea a poco que funcionase. Pero Okay no cuajó, afectado por las convulsiones de las permanencias agónicas, lastrado por las lesiones en alguna pretemporada y definitivamenbte superado por Tapia y Beltrán en el esquema de Coudet, que contempla un solo medio defensivo. Se podría achacar a su tranco lento. Pero eso no le impidió agradar en la frenética Premier. Ha sido con el West Bromwich Albion con el que mejor ha rendido.

Sin embargo, nunca llegó esa oferta inglesa que su agente tantas veces había anunciado. Y el Celta fio su venta al Getafe, si no se cumplían las condiciones escritas, a un ingenuo pacto verbal con el presidente azulón, Ángel Torres. Así que en la cúpula de Príncipe, escasas horas después de asimilar el disgusto, han optado por liberarse de la elevada ficha del centrocampista sin soñar con más contraprestaciones. Okay queda libre a sus 28 años para reactivar su carrera, que apunta a algún equipo poderoso de su país.