El Celta B se queda con la miel en los labios. Compuesto y sin play-off, que los de Onésimo Sánchez planeaban disputar con la ventaja del factor cancha en Balaídos. No fue capaz de pasar el filial del empate en Las Gaunas frente a un adversario al que ya no le iba nada en el envite y las victorias del UD Logroñés en León y del Rayo Majadahonda en el último minuto del descuento en Badajoz hicieron realidad su peor pesadilla. Le faltó al conjunto vigués ambición para buscar el triunfo, determinación para perseguirlo y lucidez para gestionar su ventaja cuando Fabricio, recién ingresado en el campo, adelantó con fortuna a los celestes con un potente disparo fuera del área que un defensa del Logronés desvió con el pie al fondo de la red.

Pero el gol que con ahínco buscó el Celta en el primer tiempo y encontró con suerte en el segundo y que debía haber inclinado el campo a su favor acabó por convertirse en una maldición. Jon Ander empató solo 4 minutos después de adelantarse los celestes, al filial le entró el tembleque y la última media hora del encuentro se convirtió en un ejercicio de impotencia que acabó en desastre cuando el Rayo Majadahonda marcó en el último minuto del descuento en el Nuevo Vivero. Cuando se juega con fuego uno se acaba quemando. Y los celestes se abrasaron. Dependían de sí mismos en las dos últimas jornadas para poner el broche a una gran temporada que al final que ha quedado en una buena campaña. Sin más.

Nada de esto hacía sospechar el buen inicio de partido de los de Onésimo, que arrancaron con energía, apretaron arriba a su rival y generaron más peligro en los 20 primeros minutos de juego que en el resto del partido.

El técnico pucelano introdujo un par de cambios con respecto al equipo que cayó frente al Racing de Ferrol en Balaídos. Volvieron Carlos Domínguez y Gabri Veiga, que la pasada jornada estaban con el primer equipo y reforzaron el aguzado once con que el preparador pucelano pretendía cerrar con éxito la temporada. Losada y Gabri Veiga fueron los catalizadores del juego ofensivo frente a un adversario que su técnico, Raúl Llona, blindó con defensa de cinco y expuso muy poco en busca de una contra que le permitiese ganar la espalda de la defensa céltica.

Los celestes gobernaron la pelota y el juego, pero se toparon un muro que rara vez fueron capaces de traspasar. Hubo mayor sensación de peligro que verdaderas oportunidades de gol. Gracias al desborde de Losada, el más incisivo de los celestes en el arranque del juego, el Celta llegó con claridad en los primeros minutos. Miguel Rodríguez estuvo a punto de adelantar el filial tras un robo de Iker. El catoirense combinó con Holsgrove y el tiro rechazado de este le cayó a bote pronto en el segundo palo al redondelano, que no precisó el remate y envió la pelota fuera. Un inicio prometedor que se prolongó con toda una delicia de Gabri (luego desaparecido), que filtró un buen pase al área que Miguel desaprovechó Alfon y Carbonell lo intentaron desde fuera del área, sin precisar bien el tiro.

Tras el intermedio, Raúl Llona, el preparador local, modificó a defensa de cuatro y el cambio de dibujo funcionó al Logroñés, que dio un paso al frente. El equipo riojano reclamó la pelota y en un abrir y cerrar de ojos convirtió el choque en un monólogo rojiblanco. Cada vez con mayor facilidad, el Logronés se acercó a los dominios de Gaizka Campos frente a un Celta cada vez más desdibujado. Privado de la pelota, el filial se convirtió en un equipo mediocre. Solo Veiga con un disparo lejano desviado por la defensa amagó cierto peligro.

La entrada de Fabricio por Iker Losada a la hora de juego pareció cambiar las tornas. El brasileño agarró la pelota, condujo hasta la media luna y disparó con potencia con la fortuna que el balón le pegó en el pie a un defensa y despistó a Saúl. Un espejismo porque solo 4 minutos después Jon Ander igualó el marcador tras cazar un balón suelto en el área y el Celta se desmoronó como un castillo de naipes. Incapaz de digerir el golpe, el cuadro vigués deambuló por el campo persiguiendo fantasmas, siempre un paso por detrás del Logroñés, que vivió un final de encuentro plácido, con el filial entregado a su suerte. Onésimo buscó la reacción en el banquillo, pero los cambios no hicieron efecto y el equipo celeste sucumbió a la perniciosa inercia que lo redujo a la nada en este desangelado segundo tiempo.