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Faro de Vigo

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La vida es más feliz con Aidoo

Punto carísimo por la lesión del central ghanés, cuya presencia permite que el equipo presione mejor y juegue con más confianza

Iago Aspas reclama una falta de Joan Jordán. | // MANUEL GÓMEZ (LOF)

Punto sabroso por el escenario, satisfactorio a priori, y sin embargo amargo. Por la lesión de Aidoo y la ventaja desperdiciada, que se enlazan como causa y consecuencia. Aidoo siempre ha sido el mejor central del Celta. Le penalizaban sus desatenciones puntuales, aunque también otros pecaban, y las manías del Chacho. Aliviadas ambas, se ha convertido en una pieza absolutamente imprescindible. Aidoo hace y deshace. Corta, se anticipa y se impone a ras y por el aire. Pisa diferente. Asusta en la confienda psicológica. Saca el balón de manera aseada. Pertenece además a esa clase de centrales cuya trascendencia se tasa en lo que generan en sus compañeros. Aidoo permite que el Celta juegue mejor. Impulsa la presión elevada desde la confianza de que él protegerá las espaldas. Amplía el margen de riesgo. Lo sucedido ayer funciona como demostración. Desapareció del campo y el Celta reculó, alimentando la reacción sevillista. El próximo parte médico será el más crucial desde la lesión muscular de Aspas en la temporada 2018-2019.

Gestión de espacios

El partido se resolvió en la administración de los espacios. El Celta presiona alto y se repliega en bloque. El momento más arriesgado es ese del ocaso, de la transición entre el día y la noche, cuando el rival ha superado la primera trinchera y los celestes todavía no se han asentado en la segunda. El equipo ejecutó ayer muy bien ese movimiento de fuelle. El Sevilla solo le encontró grietas en las maniobras horizontales, desde los cambios de juego, y no en las verticales. Sucedió así hasta que los célticos cedieron el campo en la última media hora. Por cansancio propio, por empuje ajeno, pero también por una modificación táctica que descuajaringó a los visitantes.

Sustitución perjudicial

El Chacho ha modelado una criatura que enorgullece: un equipo atrevido ante todos los rivales, con personalidad definida y alma incluso en los peores días. Genial en lo general, Coudet flaquea en el detalle. Al entrenador argentino le cuesta interpretar determinadas situaciones. Ejecuta siempre los cambios en circunstancias en apariencia similares, sin reparar en los detalles, que son la sustancia. El Celta se protegió en el 2-0 ante Osasuna apretándose contra Dituro. No era la mejor solución en el 0-2 ante el Sevilla. Diferentes enemigos. El equipo siguió presionando alto tras el descanso. Controlaba el ritmo a su antojo. El Chacho emitió el mensaje equivocado al cambiar otra vez a Tapia por Denis. Concedió más importancia a la tarjeta amarilla del salcedense –y Tapia se ganó la suya propia nada más entrar– que a la dinámica del juego, con demasiado tiempo por delante.

Forma y futuro

El Celta prosigue en línea ascendente desde noviembre. Solo flaqueó en esa semana negra de la eliminación copera y la decepcionante actuación en Anoeta. Varios jugadores han empezado a coincidir en su frescura. Deben aprovecharlo en las próximas semanas, cuando se reanude la Liga, para dejar sentenciada al menos la permanencia. Porque esa plenitud podría diluirse en el último tercio del campeonato. Y eso plantearía un problema a corto plazo que atañe, en realidad, a las raíces del proyecto que el Celta ha dibujado para los próximos años.

La directiva ha concebido su plan hasta el centenario con el Chacho al timón. Los equipos funcionan en equilibrio, en base a la dialéctica de un entrenador que exige lo inmediato y un club que mide lo que concede desde una mirada más larga. Pero entre el Chacho y la directiva han comenzado a aparecer a destiempo interferencias. La plantilla es más corta de lo que el técnico desearía. El fichaje de Orbelín Pineda, estratégico, no le entusiasma. Y no concede sitio a canteranos que parecen estar ya en disposición de aportar, como Veiga y Miguel Rodríguez.El Sevilla, con una plantilla profunda y lujosa, tiró ayer de sus propios canteranos a causa de sus muchas ausencias. Y resultaron útiles. Posiblemente Mouriño y Chaves deban elevar su ambición el próximo verano, siempre que no descompongan la salud financiera. Pero también le toca al Chacho asimilar con qué club se ha comprometido y mejorar el aprovechamiento de lo que está a su disposición, también en el filial.

Fotografía y película

El fútbol consiste en una extraña combinación de lo probable y lo impredecible. La clasificación de la Liga en la 22ª jornada sitúa al Celta exactamente donde le corresponde por entorno socioeconómico, presupuesto y calidad. Solo el Rayo Vallecano quiebra esa jerarquía comparativa. Naturalmente el juego no es una fotografía, aunque sea un retrato tan preciso, sino una película de trama compleja, sujeta a numerosas variables. El Celta puede aspirar a Europa y a conquistar algún año la Copa. También descenderá en alguna ocasión, como casi todos. Para aproximarse más a lo primero, debe exprimir sus recursos económicos y futbolísticos; acertar más que otros. Y entre sus prioridades debe figurar la recomposición de los puentes con el celtismo. El club dispone de material humano para ilusionarse.

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