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El Chacho debe ser la solución

La directiva ha entregado su proyecto al entrenador argentino, que ahora debe rescatarlo de sí mismo

Tapia ejecuta un pase durante el encuentro de ayer. | // R. GROBAS

Drama en septiembre. Lo inesperado. El Celta ha sufrido en los últimos años con entrenadores en situación de fragilidad, que no habían tenido peso en la confección de la plantilla. El Celta está sufriendo con un entrenador amparado por su rendimiento en la pasada temporada y a quien han concedido, dentro de la austeridad de la directiva y de la época, aquello que había solicitado. Es apenas el arranque, pero el recuerdo tierno de los pasados sufrimientos alimenta la pesadumbre. Coudet, que rescató al Celta de la tristeza de Óscar, tendrá ahora que rescatarlo de si mismo. Al menos el equipo, en la segunda mitad, demostró corazón.

Y tiene que ser Coudet. En ningún otro oficio es tan cierto como en el fútbol que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque a veces se consigue. Coudet aprovechó su trabajo y la presión del entorno para arrancarle a la directiva un contrato inesperado: hasta 2024. Mouriño le ha entregado el centenario. El habitual desequilibrio hacia el proyecto de club se ha volteado a favor del entrenador. Puede que existe alguna cláusula de escape que rebaje la indemnización. A estas alturas, una situación clasificatoria que encendería las alarmas debe gestionarse con mayor serenidad. Para mal o para bien, el Celta se ha encadenado al Chacho.

Dos núcleos de poder

Cambio en los flujos internos dentro de la cancha, de pie cambiado a pie natural en las bandas, y también en las jerarquías del vestuario. Acostumbrado a la dictadura de los canteranos en el último lustro, el poder se ha dividido ahora en dos núcleos y eso, aunque no necesariamente negativo, genera interrogantes. En situaciones de crisis, los entrenadores suelen aferrarse a los jugadores con autoridad. Al Chacho, obviamente el líder por cargo y personalidad, se le exige equilibrio.

El cádiz de verdad

El Cádiz, como suele suceder con los equipos construidos para la vigilia, flirtea de vez en cuando con una apuesta más creativa y los disgustos le hacen retrocer a su esencia. En Balaídos recibió el año pasado un correctivo. Esta vez vino el Cádiz genuino de este tiempo, escarmentado de las primeras jornadas. El discurso legítimamente áspero de Álvaro recobra credibilidad cuando las piernas flaquean. Ayer escribió su guion perfecto, desde la renuncia al balón y la emboscada.

Un eje tembloroso

No está el Celta para conceder errores, que tanto le cuesta después corregir. Ayer encadenó varios de diferente concepto: una mala decisión táctica en la defensa de la falta, ahogando a Dituro bajo palos con una línea demasiado retrasada; un error de decisión de Fontán, que permitió a Lozano comprometer al árbitro en un territorio brumoso; un error de intensidad y atención en el rechace del penalti. La defensa es siempre una tarea colectiva, por mucho que en la foto del fracaso aparezcan los centrales. Pero cambiar cinco veces el eje en cinco partidos no es buen síntoma. A partir de ahí, un partido que debía resolverse por paciencia se convirtió en un ataque de histeria.

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