El Celta no se encuentra

El equipo vigués pierde ante el Athletic de Bilbao en un partido donde dejó una imagen inquie tante y no fue capaz de disparar entre los tres palos - El gol del equipo de Marcelino llegó en un grave error de Aidoo

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Generaciones enteras de celtistas han envejecido asistiendo a la misma escena. Aquella en la que un central despreocupado, inconsciente incluso, comete un error infantil que envía por el sumidero el trabajo de toda una tarde o, al menos, las ilusiones que uno se haya hecho sobre lo que podría suceder. Pasan los entrenadores y nadie es capaz de librar al equipo de ese lastre histórico.

A muy pocos equipos le hacen un gol con menos. Ayer volvió a repetirse el sketch –siempre vigente– y, como en tantas otras ocasiones, fue Aidoo su desgraciado protagonista. Sobrado de condiciones físicas, un defensa “optimista” según la división hecha por Ancelotti recientemente, se confió en un balón sencillo que pedía una solución protocolaria y Sancet e Iñaki Williams encontraron una autopista para fabricar el único gol de un partido que deja al Celta varado en la cola de la clasificación, incapaz de ponerse en marcha después de tres partidos en los que solo ha sacado un punto (algo en absoluto preocupante en el mes de agosto) pero en los que sigue muy lejos de ese ideal que Coudet construyó la temporada pasada (detalle mucho más inquietante por la involución experimentada). Sin juego, sin chispa e incluso sin piernas, el Celta no se reconoce ni encuentra a sus jugadores más representativos: apáticos y desacertados como en las peores épocas de los últimos años. Es como si del verano hubiesen regresado unos malos imitadores. Al Athletic le bastó un tiro a puerta (el único del partido) y un par de centrales solventes con los que resistir los desesperados intentos del Celta para llevarse los tres puntos de Balaídos y hacer bueno el planteamiento de Marcelino. Unai Simón, portero dado a las desconexiones y al que siempre hay que probar, abandonó el campo con la camiseta impoluta, la peor señal posible para los de Coudet, obligados a reflexionar en estas dos semanas que ahora asoman sin competición.

Mina intenta cabecear un balón.   | // MARTA G.BREA

MARTA G.BREA / Mina intenta cabecear un balón.

La primera media hora, que fue lo mejor del Celta, despertó alguna esperanza. Pareció incluso que tenían un plan bien meditado. Porque a diferencia de lo que tenía previsto el Athletic –que se cerró mucho en el centro– los vigueses castigaron con insistencia sus costados tanto con Javi Galán como con Hugo Mallo. Había intención en lo que hacía el Celta. Ritmo para recuperar la pelota, velocidad con ella y cambios de orientación que casi siempre atrapaban al Athletic mal puesto y le obligaban a rectificar.

En ese tramo a los vigueses les penalizó que no acertaron ni una vez en los envíos que llegaban desde los laterales, en el penúltimo pase o en los tímidos disparos que efectuaron (Iago y Nolito tuvieron las primeras ocasiones). Los hombres del metódico Marcelino se limitaron a esperar bien protegidos por el buen partido de Vivian e Iñigo Martínez, sus centrales, y responsables de casi todas las acciones defensivas.

Estaba bien el Celta. Tranquilo, confiado en su juego, encontrando el área del Athletic aunque echase de menos a algunos de sus futbolistas importantes. No parecía a las siete y media de la tarde un problema grave hasta que llegó el momento cumbre del partido. Un balón largo que Aidoo –impecable el resto del partido– dejó a tiro de Sancet. Lejos de despejar o de jugar hacia el portero, el defensa céltico se enredó con él de forma ridícula. El delantero se la limpió y habilitó a Williams que ajustició a Dituro con un disparo al palo corto.

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El panorama ya era completamente diferente. Una vez más el fútbol penalizaba al Celta con saña en el primero de sus errores. Y eso desgasta. Mucho más cuando un equipo como el de Coudet aún se siente lejos de su mejor versión. Durante buena parte parecieron un boxeador sonado, algo que tampoco cambió el paso por el vestuario y la charla del técnico. Porque en el arranque del segundo tiempo el Athletic de Bilbao marcó el segundo gol a una defensa paralizada por el miedo pero que Mateu Lahoz anuló tras pasar por el VAR y sancionar un manotazo que en el origen de la jugada da Berenguer a Denis Suárez.

Ese soplo de vida que recibió el Celta tampoco le hizo cambiar. Al contrario. El equipo continuó una imparable caída en su nivel de juego, incapaz de encontrar una idea sensata, a un futbolista inspirado. Aspas, Brais, Denis, Nolito y Mina, los jugadores de quienes se espera que inclinen los partidos, rivalizaron a ver quién de ellos ofrecía su peor versión. En medio de aquella mediocridad general solo emergió la figura de Javi Galán, incansable, un jugador que regatea con la facilidad de un delantero de los años sesenta. Por si fuera poco, el Athletic convirtió la segunda parte en una sucesión de interrupciones que impedían conseguir un mínimo de ritmo en el juego.

Coudet probó a cambiar la sala de máquinas del equipo con la salida de Beltrán y Solari en sustitución de Tapia y de un trágico Denis Suárez. A eso añadió a Cervi. Puede que en ese tramo el Celta tuviese mejores intenciones con la pelota, pero la situación no cambió en gran medida. Era una cuestión más de apariencias. Ni los vigueses pisaron en exceso el área bilbaína ni Unai Simón pasó a tener un exceso de trabajo. El portero podía haberse marchado al vestuario que el resultado no habría cambiado porque los vigueses siguieron sin disparar a puerta.Sus ataques morían en centros que inevitablemente acababan en la cabeza de Iñigo Martínez. Un mal plan contra el Athletic, pero el Celta no tenía otra cosa que ofrecer. No le daban las ideas y tampoco las piernas. El partido acabó en medio de un importante desbarajuste porque Coudet en los últimos minutos dio entrada a Galhardo –el último en llegar en este mercado– a cambio de Aidoo. Y recompuso el equipo para jugar con solo tres defensas. Nadie tenía demasiado clara su función en el campo y cada ataque del Athletic amenazaba con liquidar el partido. El buen trabajo de Dituro y de los defensas en esos minutos mantuvieron con vida el duelo hasta el largo descuento. Ahora la Liga de detiene y es tiempo para que el Celta se reencuentre.