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Sergio Álvarez dice adiós al Celta

Sergio Álvarez abrazando a sus compañeros en la despedida y con su hija en brazos Marta G. Brea

“Que yo recuerde, desde que tengo uso de razón, quise ser un gánster”. Con esta frase de ‘Uno de los nuestros’, pero cambiando la última palabra por la de guardameta, podía haber iniciado Sergio Álvarez el discurso que ayer ofreció en el emotivo acto de su despedida del fútbol, celebrado sobre el césped de Balaídos con la asistencia de familiares, amigos, la primera plantilla del Celta y dirigentes célticos. El club eligió el título de esa película de Scorsese para el acto de despedida de Sergio: “Un dos nosos” mostraban los carteles.

El portero de Catoira se despide del fútbol con 34 años debido a una grave lesión - El club organiza un emotivo homenaje en Balaídos, a la espera del que le ofrezca el celtismo cuando abran los estadios al público

“El Celta es parte de mi vida. Este club me ha dado unos valores que no sé si los adquiriría en otro sitio. Siento emoción, vengo a despedirme. Tuve la oportunidad de disfrutar de cosas muy bonitas en el campo. Solo puedo daros la gracias y deciros que disfrutéis cada día de lo que yo tuve la oportunidad de hacer”, señaló emocionado y con alguna que otra lágrima el portero de 34 años al que una grave lesión de rodilla le obliga a poner punto y final a una carrera de 17 años en el club vigués, al que llegó en edad juvenil procedente del Arosa.

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Hasta siempre Sergio Álvarez, el símbolo del jugador de club Marta G. Brea

"Se cierra una etapa muy bonita, el Celta es parte de mi vida"

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“Se cierra una etapa muy bonita. Cuando era pequeño no estaba en mis sueños jugar en el Celta tantos años”, dijo antes de recordar también que su madre tuvo que firmar el primer contrato, por ser menor de edad, y que en ese momento conoció a Atilano Vecino, una leyenda céltica que continúa en labores administrativas y que ayer no se perdió el homenaje: “Aquel día, él me dijo: llegaste, pero lo difícil es mantenerse. Esas palabras quedaron dentro de mí y quiero dar las gracias a todas las personas que me acompañaron. Solo puedo estar orgulloso y agradecido”.

Sergio, con su hija y su pareja. Marta G. Brea

El presentador del homenaje recordó los 168 partidos que el catoirense disputó con el Celta en Primera División, de los cuales en cuarenta no encajó ningún gol. A continuación, los organizadores del acto le regalaron la emisión de un vídeo en el que se repasaba su trayectoria deportiva, salpicada de opiniones de padres, familiares, amigos y compañeros como Hugo Mallo, Iago Aspas, Rubén Blanco y Borja Oubiña.

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Sergio Álvarez Conde (Catoira, 3 de agosto de 1986) pone fin a una brillante trayectoria en el Celta que va más allá de lo deportivo para convertirse en un ídolo de las nuevas generaciones por los valores que representa: lealtad, generosidad, compromiso y profesionalidad. Ha conseguido que muchos niños quieran ser porteros, como él, que siempre alude a que no tuvo elección cuando comenzó a practicar este deporte: era el más pequeño de una amplia familia y le tocaba ponerse bajo el larguero.

En los primeros años en la cantera del Arosa le pusieron el apodo de ‘Gato de Catoira’ por una agilidad que el mismísimo Lionel Messi valoró y reconoció en aquella noche história del 1 de noviembre de 2014, cuando el Celta asaltó el Camp Nou con un gol de Larrivey tras un taconazo de Nolito. Estos días, con motivo de la visita al coliseo azulgrana, todas las referencias iban hacia la jugada que protagonizaron el andaluz y el argentino, pero ese gol de poco habría servido si no fuese por la extraordinaria actuación de Sergio Álvarez.

Los focos casi nunca han ido dirigidos hacia alguien que todo lo que consiguió en el deporte rey se lo debe a su trabajo, esfuerzo y dedicación. Nadie le regaló nada, pero supo ser paciente y un competidor leal –como recordó públicamente en una ocasión el doctor García Cota, médico del Celta y de la selección española– en espera de una oportunidad. Cuando la tuvo, Sergio Álvarez no solo cumplió, sino que intentó dar mucho más para convertirse en una pieza básica del Celta que alcanzó por primera vez en su historia la semifinal de la Liga Europa. Y la UEFA se lo recompensó incluyéndolo en el once ideal de la segunda competición continental en la edición de 2016-17.

Esa temporada, recordaba ayer Sergio Álvarez, fue la que más destaca de la decena que pasó en el primer equipo, casi siempre iniciando el curso como segundo portero: de Falcón, de Varas, de Yoel Rodríguez o de Rubén Blanco. “Es un modelo a seguir”,señalaba en el vídeo el portero de Mos. “Es un privilegio trabajar con él”, apuntaba Aspas. Oubiña destacó “la fuerza interior” de un jugador respetado y querido. “A los aficionados también les transmite muchas cosas”, añadió el exfutbolista vigués. “Es el espejo de los compañeros”, añadió Mallo, de quien sus familiares destacan por “su humildad: mayor incluso desde que llegó a la élite del fútbol”, subrayó su madre.

“Emoción en estado puro”, añadía otro de los que participó en el emotivo homenaje, en el que su padre apuntaba hacia dónde puede dirigir su futuro Sergio Álvarez:“Pienso que seguirá dedicado al fútbol”.

Rodeado de todos, con su pareja Carla a la espera de un segundo hijo, Sergio Álvarez vivió ayer una inesperada y emocionada despedida. La parada del penalti a Medunjanin en el minuto 89 que valió un triunfo céltico en un clásico gallego contra el Deportivo en Balaídos fue la imagen con la que se cerró el repaso a la trayectoria de un deportista querido por el celtismo y por su pueblo, que hace tres años lo nombró hijo predilecto de Catoira. Desde ayer pasa a convertirse en una leyenda del celtismo, en “un dos nosos”.

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