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El Celta B despierta de su hermoso sueño

El árbitro muestra la tarjeta roja a Markel. // LOF

El árbitro muestra la tarjeta roja a Markel. // LOF

Gloria para este Celta B que echó la persiana a una temporada maravillosa con los ojos llenos de lágrimas por una derrota tan injusta como cruel que apaga su sueño de llegar a Segunda A. La delirante expulsión de Markel a media hora del final y el apagón posterior del equipo de Onésimo (que encajó dos goles en cinco minutos) dejó al filial céltico frente a un imposible con poco más de veinte minutos por jugar. Pero aún así, con todo en contra, regalaron un final heroico de partido. Recortaron diferencias por medio de Iker Losada y rozaron el empate frente a un rival asustado por el aluvión que se les venía encima y que solo se preocupó por perder tiempo mientras rogaba al árbitro para que pusiese fin a aquella pesadilla. Un hermoso epílogo a una temporada que han sembrado de actuaciones para el recuerdo. La de ayer también lo fue aunque el fútbol les hiciese una mueca desagradable en el último momento y les apartase de un premio que seguramente merecían. Nunca había estado el Celta B tan cerca del ascenso a Segunda; tal vez nunca vuelva a estarlo. Pero esta generación de cachorros de A Madroa –bien aderezada con futbolistas más bregados procedentes de otros mercados– quedará para el recuerdo.

Lautaro llora tras el pitido final. LOF

Cuesta digerir lo sucedido en Villanueva de la Serena, donde el Celta B tuvo que lidiar con un terreno de juego de hierba artificial que condicionaba su estilo y facilitaba la tarea del Athletic B que basó su juego en cerrarse con eficacia y enviar balones a la espalda de Pampín en busca de Nico Williams. Frente a eso el equipo de Onésimo trató de imponer su estilo más combinativo. El técnico eligió a Santi Prado como pareja de Cunha en el centro de la defensa para mantener a Barri y Markel en el centro de la defensa. Su solidez ha sido muy importante en este tramo de temporada y el técnico no quiso prescindir de ellos. Solís y Kevin Soni, un martirio para los centrales vascos, tuvieron las mejores oportunidades del Celta B. Eligieron malas soluciones en ambos casos y por ahí se le fue al filial la ocasión de marcharse al descanso por delante en el marcador. Pero la situación invitaba al optimismo. Salvo una parada de Alvaro, el cuadro vigués mantuvo el control del partido aunque echase de menos algo más de protagonismo de Manu Justo y de Holsgrove, seguramente los futbolistas que más acusaban el hecho de moverse en un terreno de juego que dificultaba los controles y los giros.

Pero el partido se explica por lo sucedido en el minuto 58. Todo nace de una imprecisión del Celta B en la salida de la pelota. El Athletic recupera el balón y lanza a la espalda de la defensa en busca de Ewan. Markel trató de alcanzar al delantero vasco y en la pelea echó mano la cintura. Ni llegó a agarrarlo. Ewan se fue al suelo y el árbitro saltó al escenario para estropear el espectáculo. Roja directa. Un castigo desmedido para la acción. En el debe del Celta cabe señalar su reacción a esa expulsión. Se fue del partido y eso resulta imperdonable en una situación como esa. Los detalles importan mucho y los de Onésimo se equivocaron. Siete minutos después perdían 2-0 tras los goles de Cabo y Ewan que castigaron las imprecisiones de los vigueses, más pendientes del árbitro y de su dolor. Les costó salir de ese bucle, pero lo hicieron a lo grande. Onésimo dio entrada a Iker Losada, Alfon, Gabri Veiga y Lautaro para lanzar al equipo en un ataque absoluto que desbordó a un Athletic que había empezado a celebrar la victoria. No eran conscientes de la madera de la que está hecha este Celta B. Con uno menos encerraron a los vascos. Sin pegar un pelotazo, sin renunciar a su estilo. Y fueron llegando las ocasiones. La tuvo Solís, luego Kevin Soni dos veces, Cunha estrelló un cabezazo en la cruceta. El reloj corría, el Celta volaba, el Athletic temblaba. Llegó entonces una maravilla de Iker Losada. Una falta a treinta metros, ideal para un centro al área, el de Catoira la transformó en un lanzamiento prodigioso por fuera de la barrera que sorprendió a Iru. Quedaban ocho minutos más el descuento y el milagro parecía posible. Lo creyó el Celta B que se instaló en el área del Athletic B. Joseba Etxeberría sacó al campo todos los defensas que tenía en el banquillo para resistir el empujón final del grupo de Onésimo, generoso, entregado. Los vascos jugaron con el reloj hasta un punto delirante con la complicidad de un arbitraje mejorable. La prueba, lo sucedido tras el gol de Iker Losada. Se marcó en el minuto 82 y el balón no se puso en juego hasta pasado el 85. El Celta B murió en el área del Athletic. Soni tuvo el empate en una acción algo embarullada y en los últimos centros al área llovieron los agarrones y la confusión. Ahí se murió el Celta B. El momento para el dolor, para las lágrimas, pero también para el orgullo. Han firmado una temporada ejemplar que seguramente no se merecía este final. El fútbol les sonrió en muchos momentos de la temporada. Ayer les mostró su cara peor cara. Sobre muchas lágrimas de sus canteranos (aquellas Copa de Campeones de juveniles sin ir más lejos) el Celta ha ido construyendo su futuro.

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