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Brais Méndez sube a la cresta que le llevó a la selección

Brais Méndez disputa el balón a Vezo, en una jugada que acabó con falta del levantinista. // RICARDO GROBAS

Brais Méndez disputa el balón a Vezo, en una jugada que acabó con falta del levantinista. // RICARDO GROBAS

Iago Aspas y Brais Méndez volvieron a brindar el viernes en Balaídos una jugada para el museo mundial del fútbol. El moañés y el mosense advirtieron de un espacio libre en el área rival que solo podía ser imaginado por unos privilegiados como ellos. El tiempo se detuvo cuando Méndez anunció a Aspas hacía dónde se movería, con ambos rodeados de defensas y sin apenas margen de maniobra. Además de muchas piernas, la línea de fondo aparecía como barrera. Pero allá se fueron los dos aventureros celestes en busca del diamante. Brais trazó una diagonal hacia el primer palo y Iago filtró un pase con precisión milimétrica hacia el punto donde aparecería su compañero. El portero estaba también al acecho y salió rápido a cubrir todos los huecos posibles, pero no esperaba que Brais Méndez girase el tobillo para tocar suavemente el balón nada más llegar a su pie izquierdo para que saliese proyectado hacia la portería evitando el cuerpo y los guantes de Cárdenas. Un gol antológico, digno de incorporar a los manuales de las escuelas de futbolistas. Era el séptimo tanto del centrocampista de Mos, que se ha subido a la cresta de la misma ola que en la segunda mitad de 2018 le llevó a la selección española.

Entonces, Brais Méndez encadenó tres jornadas marcando y asistiendo en dos de ellas. La Liga observaba atónita y asombrada la irrupción de un joven centrocampista con clase y con gol. Ese curso, muy irregular para el equipo celeste, el canterano lo cerró con 6 goles y 7 asistencias. Lo que Unzué había detectado en aquella promesa del Celta B era ahora aprovechado y disfrutado por quienes le relevarían en el banquilo del Celta.

Sin embargo, los malos tiempos de los célticos pasaron factura a un jugador al que resultaban fáciles las críticas por su carácter parsimonioso y frialdad en los momentos en los que se exigía carácter y pie duro para sacar los partidos adelante. Su estrella se fue apagando después de un estreno estelar con la Roja: marcó contra Bosnia a los pocos minutos de entrar en juego.

La temporada siguiente, en la que los célticos continuaron flirteando con el descenso, Brais Méndez perdió la continuidad necesaria para volver a confiar en su talento. Cerró el curso con más suplencias que titularidades y sin un gol que celebrar. Solo contribuyó con dos asistencias. Pobre bagaje para una de las figuras emergentes, como el realista Mikel Oyarzabal. Méndez parecía haberse estancado en su progresión y corría el peligro de convertirse en un gran proyecto frustrado.

Como el resto del equipo celeste, el mosense vio la luz con la llegada de Coudet el pasado noviembre. Hasta entonces no había visto portería y pocas veces apareció en el once titular. El técnico argentino le dijo que podía ser un jugador importante. Le dio confianza y continuidad en el once titular. Pronto se convirtió en una pieza básica del Celta, hasta el punto de que Coudet lo utilizó como recambio para la posición de delantero centro cuando Santi Mina estuvo ausente. Respondió con los dos goles de la victoria ante el Alavés. Hasta finales de diciembre, el Celta volaba en la clasificación y Brais Méndez era uno de los pilotos.

El viernes pudo repetir el doblete ante el Levante, pero Cárdenas le adivinó esta vez el giro de su tobillo izquierdo para rematar un gran pase en largo de Araújo.

Ya es el tercer máximo goleador del Celta esta temporada, con 7 tantos, uno menos que Mina y seis menos que Aspas. No le han contabilizado todavía ninguna asistencia de gol. En su mejor año, sumó nada menos que 7. Es una de las asignaturas pendientes este año del mosense.

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