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Celta 2 - 0 Levante

El Celta corre tras una utopía

El equipo vigués supera al Levante gracias a los goles de Brais y Solari para alimentar la ilusión de luchar por la séptima plaza - La victoria tiene un enorme coste por las lesiones de Tapia, Aspas y Murillo

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Las mejores imágenes del choque. Ricardo Grobas

Persigue el Celta una utopía a lomos de un entusiasmo casi juvenil. Hacen cuentas sus jugadores, comparan calendarios, sueñan con que un final de temporada perfecto venga acompañado del desplome de algún rival. Que lo imposible empiece a tomar forma y les conceda una última oportunidad. El triunfo sobre el Levante les permitió acostarse a cinco puntos de un Villarreal que tiene una agenda complicada en las próximas semanas y al que visitarán dentro de ocho días. Y esa ilusión alimenta a un equipo que ahora mismo transmite fe en todo lo que hace. Le dan las piernas y la cabeza. Justo lo que no sucedió en los últimos finales de temporada, cuando el bloqueo era absoluto y el equipo se comportaba como un muerto en vida. Hoy compite en busca de una quimera, pero también lo hace con la idea de asentar ideas, de sembrar generando hábitos y actitudes que sirvan para el futuro, cuando el fútbol vuelva a ponerse en marcha en agosto.

El Celta ganó al Levante un partido en el que sin embargo se le acumularon las malas noticias. Trágicas si el equipo estuviese en una situación más comprometida. En una noche perdió por lesiones musculares a Tapia, a Iago Aspas y a Murillo, que cayó cuando ya había agotado los cinco cambios por lo que Coudet se vio obligado a exprimir los últimos minutos con solo diez futbolistas en el campo. Toda la columna vertebral del equipo acabó en la camilla del médico. El parte de hoy dirá mucho de lo que puede esperarse de este equipo en las cuatro semanas que restan de campeonato.

Renato Tapia fue el primero en caer. Lo hizo a la media hora después de realizar un corte monumental a una contra levantinista, un acción defensiva rebosante de fuerza y de clase al mismo tiempo. La calidad se puede tener para hacer un gol asombroso, pero también para solucionar una jugada así. Con el peruano en el campo el Celta había jugado la mejor media hora de la noche. Un partido entretenido, algo desinhibido por parte viguesa. Es lo que tiene ver la clasificación y respirar satisfecho. Fiel a la costumbre Coudet quiso ritmo y velocidad por encima de todo. Aún a costa de que hubiese escaso control. El Celta corría para atacar y para robar, una de sus grandes virtudes y en la que la implicación de sus puntas es absoluta. Puede hacerlo porque cree y porque llega bien preparado a este final de curso. Le faltó sin embargo cierta finura en ese primer tramo. A Iago Aspas y a Nolito les costó encontrar la sutileza de su fútbol. No les detectaba el Levante, pero perdonaron cuando se vieron delante del portero. Primero el andaluz, luego el moañés en un mano a mano que no suele desperdiciar tras recibir un pase primoroso de Denis (extraordinario casi toda la noche). El Levante, consciente de que todo el Celta vivía en su campo, tenía claro su plan de vuelo. Recuperación y balón largo en busca de Roger y Cantero que casi siempre se medían a Murillo y a Aidoo en un dos contra dos. Pero la lesión de Tapia enfrió al Celta que dejó de encontrar las rendijas en la defensa granota.

  • Coudet ya puede planificar el futuro

    Con cuatro jornadas de antelación, los célticos han alcanzado el objetivo de la permanencia

Coudet cambió la defensa en el descanso (dejó en la caseta al tocado Aidoo y a Fontán, que había visto una amarilla, para meter a Araújo y Aarón) y antes de que el Celta examinase los efectos de los relevos Iago Aspas y Brais hicieron arte donde aparentemente había poca cosa. El moañés tiene un poder hipnotizador en las defensas rivales. Le ven venir y muchas no saben cómo actuar. Así sucedió ayer. Los de Paco López pasaron demasiado tiempo mirándolo y cuando quisieron darse cuenta había enhebrado un pase majestuoso a Brais, que siempre entra en el área de puntillas. El de Mos honró la asistencia con un toque sutil, de pura clase para levantar ligeramente la pelota y ponérsela a Cárdenas donde no podía imaginar. Una absoluta delicia que atontó al Levante durante un tramo del partido, como si se estuviesen preguntando qué clase de encantamiento habían sufrido. Pero despertaron los de Paco López y sufrió entonces el Celta que, sin el poder defensivo de Tapia, se sintió presionado y recibió una buena dosis de centros laterales. Le sostuvo el buen partido de los centrales y el temple de Denis y Brais en muchos momentos para hacer posesiones más largas. Con media hora por delante perdió el Celta a Iago lesionado que hubiera sido una amenaza fabulosa ante un equipo que cada vez dejaba más espacio para correr a su espalda. Fue así como llegó la solución al partido en una jugada muy bien construida entre Aarón, Nolito y Denis en un costado. El andaluz puso al lateral en carrera al espacio y éste colocó un centro tenso y preciso al corazón del área donde irrumpió Solari, el recambio del moañés, como un tren para ajusticiar al Levante.

El conjunto granota bajó entonces los brazos. Aquello ya era demasiado. Paco López había buscado en el banquillo todos los recursos posibles para dañar al Celta, pero nada funcionaba. Coudet también empezó a manejar el tiempo y los relevos. A estas alturas de la temporada, el esfuerzo que hacen los vigueses suele tener su coste. Murillo fue el último de los caídos en el partido cuando ya habían hecho los cinco cambios. Acabaron los vigueses con diez futbolistas en el campo, aunque el detalle –que podía haber sido determinante en otras circunstancias– no tuvo mayores consecuencias. El Celta, con el cuerpo molido, se fue a la caseta a seguir haciendo números.

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