El Celta está de luto con el fallecimiento de uno de los emblemas históricos del club, el defensa vasco Antón de las Heras Rotaeche, a los 85 años de edad, tras una larga enfermedad. Bilbaíno de nacimiento y vigués y celeste de adopción, Las Heras –así se le conocía– fue el zaguero más representativo y carismático del conjunto vigués en los oscuros años sesenta y una persona querida y admirada en el club y en la ciudad.

Nacido en Bilbao en julio de 1935, llegó al Celta procedente del Vasconia en 1958 y no tardó en convertirse en uno de los defensas de referencia del conjunto celeste, cuya zamarra defendió, con un breve préstamo en el Orense, hasta su retirada en el curso 1967-68.

Muere Antón Las Heras, emblématico defensa de la década de los sesenta

Aunque solo llegó a jugar una temporada en Primera División, la 58-59 –se retiró un año antes del ascenso–, Las Heras fue un futbolista insustituible en un periodo especialmente difícil en la historia del equipo. Durante varias temporadas fue el capitán del equipo, pero se distinguió sobre todo por ser un futbolista tan admirado y querido por sus compañeros como temido por sus adversarios. Sus 190 centímetros de estatura y 90 kilos de puro músculo eran una pesadilla para los delanteros rivales en tiempos en los que en el equipo celeste no había concesiones al juego bonito. “Algunos delanteros me tenían pánico”, reveló en una entrevista con este diario en 1995.

Una de sus pocas espinas en el Celta fue no haber logrado el ansiado ascenso a Primera División hasta su última temporada en el club. “Estuvimos en tres ocasiones cerca del ascenso, pero siempre nos tumbaban en las promociones”, se lamentó en más de una ocasión.

Pero quizá el episodio más conocido de su dilatada carrera en el Celta fue el partido de Copa del Generalísimo que Las Heras jugo con el peroné fracturado, acto que le valió la insignia de oro y brillantes del club.

“En aquel partido nos lesionamos Suco, Herminio y yo. Yo me lesioné al final de la primera parte. Izaguirre, que era por aquel entonces el entrenador, nos echó una arenga. Yo me piqué y jugué toda la segunda parte. Cuando el doctor Zorrilla me reconoció en Vigo unos días después no se lo podía creer. Por aquello me dieron la insignia de oro y brillantes del club y me gané el derecho a un homenaje”, relató en aquella entrevista con FARO.

Tras su retirada del fútbol, Antón Las Heras permaneció vinculado a la ciudad, donde durante bastantes años regentó un concesionario de automóviles en la calle Gran Vía. “Por afición más que por diversión”, como él mismo señalaba, dirigió durante algún tiempo a diversos equipos de competiciones regionales.

En los últimos años de su vida, Las Heras permaneció retirado debido a una penosa enfermedad. Los restos mortales de Antón de las Heras serán incinerados hoy en la intimidad familiar en el Tanatorio del Miñor. Su esquela reza: “Vasco de nacimiento, gallego de adopción y amante del fútbol”.