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El pasado cuenta (o no)

El árbitro amonesta a Lucas Olaza, a la derecha, tras derribar a Santi Mina al borde del área del Valladolid. |  // MARTA G. BREA

El árbitro amonesta a Lucas Olaza, a la derecha, tras derribar a Santi Mina al borde del área del Valladolid. | // MARTA G. BREA

“Lo pasado ya lo dejo atrás y miro para adelante”, señalaba días atrás Lucas Olaza, que despachó con educación la rueda de prensa previa a viajar a Vigo un mes después de que el Celta lo despidiese por la puerta de atrás después de negarse a pagar los 4 millones de euros que Boca Juniors le reclamaba como traspaso obligado para seguir contando con el lateral uruguayo hasta final de temporada. Ayer, después de que a finales de enero tuviese que marcharse a toda prisa hacia Valladolid, Olaza se presentaba en Balaídos con ganas de revancha.

El uruguayo ofreció ayer una actuación intensa, en la que tuvo que pelearse por cada balón con excompañeros como Hugo Mallo, Brais Méndez o Santi Mina, al que propinó un codazo que le costaría una tarjeta amarilla a la hora de partido. Además, en el minuto 19 reclamó un penalti en el área de Rubén Blanco después de protagonizar una disputa del balón con Brais Méndez, quien llegó antes que el uruguayo para despejarlo a córner. Y en los minutos finales, cuando el Valladolid estaba por delante en el marcador gracias al tanto de otro excéltico, el chileno Fabián Orellana, Olaza intentó ampliar la ventaja con un disparo lejano que se le marchó desviado. El tanto de Murillo en los minutos de descuento le privó de marcharse de Vigo con la sonrisa del vencedor.

El pasado, como dejó constancia con su actuación de ayer en Balaídos, sí cuenta para Olaza, aunque el suramericano se empeñe en expresar lo contrario en público. Esperaba que su mejor respuesta ayer a la “extraña” y “sorprendente” salida del Celta – así la calificó el futbolista– hubiese sido seguramente marcar el gol de la victoria de un equipo que sufre las inclemencias de la zona baja de la tabla clasificatoria, donde el frío del descenso se siente con intensidad. Pero su excompañero Murillo tenía reservada una sorpresa cuando Olaza y el Valladolid ya comenzaban a saborear un triunfo que les elevaría hacia el cielo, situándoles con dos puntos de ventaja sobre el descenso. El equipo de Sergio González, pasa a ocupar la decimoséptima plaza, pero con los mismos puntos que el Alavés, antepenúltimo.

El regreso a Vigo, como su adiós, lo vivió Olaza envuelto en el silencio que ha impuesto la pandemia. En un Balaídos con público, hubiese sido recibido seguramente con una sonada ovación y quizás con alguna que otra pancarta alusiva a la polémica fórmula que utilizó el club para presentarle el finiquito a destiempo, previendo además que podría utilizar su plaza de extracomunitario para fichar al argentino Franco Cervi.

Pero Balaídos, ayer, recibió al uruguayo con las canciones del último disco de C. Tangana, uno de los músicos que se ha ofrecido para componer el himno del centenario del Celta. La soledad de las gradas favoreció que el dorsal 25 del Valladolid comenzase el partido muy concentrado e intenso, intentando ganar metros para generar peligro a Rubén Blanco.

Poco después de la polémica jugada con Brais Méndez en el área del Celta, Olaza asistió a su compañero Alcaraz, que remató alto con la izquierda.

Mientras tanto, Mallo ya había generado alguna ocasión peligrosa en el área del equipo vallisoletano después de superar a un Olaza a los 58 minutos cometió una falta peligrosa al borde del área. El árbitro amonestó al uruguayo por juego peligroso sobre Mina. Aspas aprovechó el lanzamiento directo para estrellar el balón en la cruceta de la portería de Roberto Jiménez.

Diez minutos después, Olaza festejaba el gol de Orellana y dejaba tocado a su exequipo, al que intentó rematar con un disparo desde la distancia que no encontró portería. Y cuando ya preparaba la celebración de la victoria, Murillo se elevó sobre la defensa rival para establecer la igualada en el marcador de un partido en el que el pasado cuenta (o no). Con Aarón Martín mejorando día a día como lateral izquierdo, la imagen de Olaza con la celeste se va difuminando para el celtismo.

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