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Abanca, de secundario a actor principal

Balaídos y Riazor, con sus nuevas denominaciones por el patrocinio de Abanca.

Balaídos y Riazor, con sus nuevas denominaciones por el patrocinio de Abanca.

Celta y Deportivo componen un universo propio, de gemelos y contrarios. Se imitan igual que se diferencian al sur y al norte de ese espejo que la AP-9 atraviesa. Ambos compartieron las glorias de entre siglos igual que se han seguido en las miserias posteriores; las coruñesas, superiores en ambos extremos, con sus títulos y su mayor deuda. El Celta ya ha terminado de pagar las facturas de aquellos excesos. El Deportivo se encuentra en plena travesía, entre la angustia y la esperanza. En los dos relatos desempeña un papel Abanca, la principal entidad financiera del país, que también condensa el cambio de época en sus reconversiones. Personaje secundario en la trama céltica, se ha convertido en protagonista de la deportivista. Inevitablemente desde la cúpula de Príncipe se observa de reojo lo que sucede dos categorías más abajo.

Cuando Carlos Mouriño solicitó el concurso de acreedores en 2008, dirigió toda la responsabilidad hacia Horacio Gómez, si bien la deuda se había seguido incrementando desde su acceso a la presidencia en 2006, agravada por el descenso, y él mismo había sido consejero de Gómez. La identificación de un causante que ya había abandonado el escenario facilitó el entendimiento con la Agencia Tributaria y la benevolencia de la quita. De hecho, al superar el límite exigido, se pudo instruir la posible culpabilidad y el caso concluyó en 2011 con la inhabilitación de Gómez y Alfredo Rodríguez.

Pero Mouriño y su recién nombrado director general, Antonio Chaves, encargado de diseñar la estrategia, sabían que Caixanova poseía la llave de la operación. La negociación de un acuerdo con la caja, aún liderada por Julio Fernández Gayoso y José Luis Prego, comenzó meses antes de la solicitud de concurso, que se produjo en julio, y no se firmó hasta enero de 2009. Eso y la ampliación de la cesión de Balaídos por parte del Concello despejó el horizonte celeste.

Los administradores habían consignado una deuda concursal de 68,8 millones –aunque la real llegaría a alcanzar los 85–. El principal acreedor era la Agencia Tributaria, con 33,1 millones. El segundo, la Caja de Ahorros Vigo, Orense y Pontevedra “Caixanova” (así figura en el listado, con su nostálgica denominación), con tres préstamos, dos créditos y un descuento de pagarés por un valor total de 20,3 millones. De ellos, 5,8 de deuda privilegiada y pago obligado. El beneplácito de los dos organismos aseguraba más del 50 por ciento necesario en la votación del convenio de acreedores.

Balaídos

El Celta ofrecía tres opciones a sus acreedores: cobrar el 15 por ciento en cinco años, cobrar el 50 por ciento en un máximo de 30 años o la conversión íntegra de lo adeudado en acciones. El club salió de concurso, en julio de 2009, con solo 24,8 millones de deuda concursal. Pero no solo por aquellos que se acogieron a las quitas sustanciales. Tanto Caixanova como varios jugadores convirtieron deuda en acciones, que con el paso de los años venderían (Sales, a aficionados; otros como Baiano y el grupo de Placente, a Mouriño y sus directivos).

En el caso de Caixanova, siempre planeó la sospecha de un acuerdo bajo cuerda entre la caja y Mouriño. Existiese o no, Caixanova capitalizó 5,5 millons de euros, convirtiéndose en el segundo máximo accionista del Celta (24 por ciento, por 29 del presidente). Renunció, sin embargo, a toda participación en la gestión, incluso a nombrar un consejero. Y Mouriño acabaría comprando en 2014 esos títulos, ya entonces heredados por Abanca con el paso intermedio de Novagalicia Banco. Los adquirió al precio original de 60 euros y no al nominal, que se había reducido a 10 tras una operación acordeón. Así logró además la cancelación en buenos términos de un crédito participativo.

Abanca, en resumen, ha terminado recuperando 21 de los 24 millones que el Celta llegó a deberle por diferentes conceptos. Jamás se involucró en la administración del club. Su relación actual se limita a los acuerdos de patrocinio y colaboración renovados en 2018 por diez años y que incluyen la denominacion comercial de Balaídos.

Si debes un millón...

“Si debes 1.000 euros al banco tienes un problema; si le debes un millón, el problema lo tiene el banco”,reza el dicho popular. El problema que Caixanova tenía con el Celta se ha visto triplicado en el caso de Abanca con el Deportivo. Lendoiro, además de aportar seis títulos a las vitrinas con sus éxitos, también ha colaborado paradójicamente a la supervivencia del club con el elevado endeudamiento. Los 160 millones al inicio del concurso han obligado a buscar alternativas a una liquidación que apenas permitiría recuperar migajas.

Lendoiro solicitó el concurso en enero de 2013, en un contexto general de crisis, y con una quita máxima del 33 por ciento en los créditos ordinarios que impedía su posible culpabilidad. Tino Fernández lo sucedió como presidente en enero de 2014. Fernández acordó con Abanca en 2017 un crédito de 45 millones para saldar la deuda privilegiada con Hacienda; en sustancia Abanca se hacía cargo de esa deuda y ofrecía más facilidades de pago al Deportivo. Pero la hoja de ruta incluía unas expectativas competitivas que no se han cumplido. La deriva futbolística llevó al banco a capitalizar 35 millones, lo que ha supuesto controlar accionarialmente el Deportivo, finiquitando el modelo de capitalismo popular que enorgullecía al deportivismo. El club herculino aún le debe 27,5 millones a Abanca (y 28 a otros acreedores). A esa cifra calcula Xosé Manuel Mallo en La Opinión que habría que sumarle alrededor de 15 millones aportados por la entidad financiera en el ejercicio actual. En total, según esas cuentas, Abanca habría comprometido en el Deportivo alrededor de 77 millones.

La capitalización de Abanca fue pactada por Fernando Vidal cuando reemplazó a Paco Zas como presidente. A Vidal se le suponía casi total autonomía. El presidente del banco, Juan Carlos Escotet, acaba de ordenar una maniobra que modifica el juego. Ha desalojado a Vidal y a sus directivos. Sitúa en el consejo de administración a gestores de su confianza comandados por Antonio Couceiro.

Estadio Abanca Riazor, con su nueva denominación Víctor Echave

La directriz que parece guiar esta política es devolver al Deportivo a las categorías profesionales, aunque haya que seguir inyectando dinero entre tanto. En Segunda y sobre todo en Primera el Deportivo volvería a ser rentable y Abanca podría recuperar su inversion vendiendo las acciones. Como referencia de un club similar en envergadura deportiva y entorno socioeconómico, Mouriño rechazó la oferta de 93 millones por el Celta que le había realizado un conglomerado industrial chino, cierto que en la coyuntura anterior a la pandemia.

“Por la mente de Escotet no pasa la venta del Deportivo a ningún empresario ajeno a A Coruña”, han asegurado fuentes citadas por Xosé Manuel Mallo. Tampoco se podría descartar que el presidente de Abanca prefiriese conservar el Deportivo como plataforma que realce su poder de influencia. Aunque improbable, nada se lo impediría, ya que banco privado.Pero su principal mercado es Galicia, con delicados equilibrios que incluyen el fútbol. “La banca tiene todo el derecho a invertir su dinero como considere oportuno, pero creemos que si Abanca presume de ser banco gallego, debe apoyar tanto al norte como al sur de Galicia. No debe hacer ni marcar diferencias y tratar a todos los equipos con las mismas condiciones. El negocio de Abanca se sostiene con los clientes y con los habitantes, tanto los del norte como los del sur”, declaraba Carlos Mouriño en una entrevista con FARO en julio de 2020.

En febrero había emitido una primera advertencia a través de su director comercial, Carlos Salvador: “Pedimos un trato igualitario; no se puede perjudicar al Celta por hacer las cosas bien”. En los últimos meses no se han producido conversaciones sobre el tema entre Abanca y el Celta, pero desde Príncipe siguen pendientes. Y el Deportivo compite a día de hoy con Coruxo, Compostela, Pontevedra y Racing de Ferrol, con el Lugo en Segunda.

El juicio popular

En todo caso, Escotet se ha situado en cierto modo en la trinchera del fútbol, de reglas tan diferentes a las que habitualmente maneja. Manda la pelota, su raciocinio y su capricho. Lo saben bien Mouriño y Tino Fernández, empresarios acostumbrados al éxito que como dirigentes de club han coleccionado cicatrices. Couceiro apenas le servirá de frágil escudo. El deportivismo ha demostrado una extraordinaria fidelidad en estos años de sufrimiento. Pero también se manifiesta cansado del penoso deambular por Segunda y Segunda B. Un sector siente que le han arrebatado el club que, como pequeños accionistas, realmente compartían. Y persiste una corriente lendoirista, a la que no habrá gustado que Vidal citase entre las causas de su defenestración que su amistad con Lendoiro desagradaba al propietario. El fútbol exige piel dura ante el permanente enjuiciamiento público y resistencia al fracaso en sus vaivenes. Es un examen al que Escotet se arriesga.

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