El nuevo San Mamés ya no se le resiste en Liga al Celta de Coudet, que en apenas cuatro semanas ha conseguido sacarle más rendimiento a un equipo plagado de canteranos con talento que su antecesor durante un año. Hugo Mallo y Iago Aspas fueron los encargados de darle valor ayer a un trabajo coral en el que volvió a sobresalir Renato Tapia y en el que Mina, Brais Méndez, Denis Suárez y Nolito le dieron el brillo suficiente para tumbar a un rival que sumaba tres victorias consecutivas en casa. Y el segundo triunfo consecutivo de la temporada, con el añadido extra de no haber encajado goles, llegó con la misma apuesta futbolística valiente y comprometida que había mostrado el conjunto vigués ante el Sevilla y el Granada. El nuevo plan de juego ha dado ya excelentes réditos, 6 de los 9 últimos puntos disputados, que permiten al Celta volar hacia posiciones más tranquilas de la tabla después de partir de la última posición. Los 13 puntos le elevan a la decimocuarta plaza, empatado con el Athletic Club, que es noveno. Con Coudet han desaparecido las dudas sobre el potencial de una plantilla que en los últimos años no encontró el guía adecuado, quien supiese explotar su talento y convencer a los futbolistas de que pueden plantarle cara a cualquier rival cuando juegan por un mismo objetivo y sin ahorrar esfuerzos.

El partido de ayer fue quizás el más exigente de los tres que ha dirigido Coudet desde su llegada a Vigo porque el Athletic Club tampoco escatima trabajo en la presión y con su fortaleza física acaba aplastando a los rivales contra su propia portería. Así le ocurrió al Sevilla, al Levante y al Betis, que se llevó cuatro goles de San Mamés.

Pero el Celta ahora no se arruga, va siempre hacia delante. Ayer le costó entrar en juego a piezas importantes como Brais Méndez y Denis Suárez. Aún así, tuvo la primera ocasión para abrir el marcador, pero Mina remató casi sin ángulo contra el cuerpo de Unai Simón tras un pase de Aspas.

Después de su exhibición ante el Granada, el moañés tuvo ayer menos libertad, aunque acabaría haciendo de las suyas en la segunda mitad, cuando las fuerzas ya flaqueaban.

Con Muniain buscando los espacios a los que no llegaba Tapia, el Athletic también se acercó con peligrosidad. El primer intento corrió a cargo del centrocampista navarro, que reclamó un penalti por una mano involuntaria de Murillo.

El Celta, por su parte, explotaba su carril izquierdo para llegar con peligro. Olaza a los diez minutos lanzaba cruzado, como después le ocurriría a Vesga desde la frontal del área céltica. No había ocasiones claras, pero se juega sin tregua en la pelea por el balón en el centro del campo. Un remate de cabeza de Villalibre que salió fuera y un centro de Olaza que salió envenenado hacia la portería del Athletic tras tocar en Unai Núñez fueron las acciones de ataque con las que se cerró una primera mitad muy igualada.

En el descanso, Yuri no pudo seguir por problemas físicos y fue sustituido por Balenciaga. El Celta se vería beneficiado por esta circunstancia, de la que Mallo acabaría sacando ventaja en el marcador por ese costado.

Berenguer abrió los lanzamientos en la segunda mitad pero sin encontrar la portería de Rubén Blanco, que vivió una noche de lluvia más plácida que el ahora guardameta titular de la selección española. Unai Simón estuvo a punto de encajar el primero gol a la hora de juego, pero el colegiado, tras comprobación desde el VAR, anuló un gol de Mina por fuera de juego de Aspas.

Un minuto más tarde, el Celta anotaba el primer tanto del partido. Denis Suárez y Brais Méndez robaban entre los dos un balón en la línea de medios para armar una jugada coral. El salcedense centraba al segundo palo, donde Mina tocaba con la cabeza para que la pelota cruzase la portería. Por allí apareció Mallo, sin oposición. El capitán metió la frente para que el balón golpease en el césped y superase a Unai Simón.

El Celta tomaba ventaja en un duelo intenso y sin claras ocasiones de gol. Pero faltaba lo más difícil, marcharse de con la victoria de una ciudad en la que el Celta solo había logrado tres victorias en cincuenta y cuatro visitas en la máxima categoría. Habían pasado catorce años desde la última alegría, gracias a un solitario gol del brasileño Baiano.

Mallo, que acumulaba dos años sin marcar en LaLiga, desde octubre de 2018 al Real Madrid, celebraba su primer gol de la temporada y el cambio radical que ha supuesto para él y para el equipo el cambio de entrenador.

Gaizka Garitano recurría entonces a los delanteros que tenía en el banquillo para intentar darle la vuelta al partido, del que el Celta se había hecho dueño con el paso de los minutos y a base de la misma fórmula de apretar en la presión, defender muy arriba y redoblar el trabajo solidario.

Tras una jugada de ataque que Aspas no pudo finalizar, Coudet realizó un cambio táctico que en otras circunstancias hubiese parecido un suicidio. Entró Aidoo por Nolito para pasar a jugar con tres centrales y dos carrileros. Pero con el argentino, cada movimiento tiene premio. Le pasó ante el Granada con Baeza y Beltrán, que marcaron. Ayer, ese cambio de piezas incomodó todavía más a un Athletic que en el minuto 78 recibió el golpe definitivo: Unai Simón sacó rápido con la mano hacia el lateral derecho, pero apareció Brais Méndez para interceptar el pase y asistir a Aspas, que recibió el balón tras tocar en un defensa. El moañés no perdonó y ya suma seis goles. Vuelve a pelear por el Pichichi, con un Celta que ha resucitado con Coudet.

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