Eduardo, el Chacho, Coudet tiene un plan para reflotar al Celta. El debut del preparador argentino en LaLiga frente a un adversario de tanto fuste como el Sevilla fue, pese a la derrota, prometedor. El Chacho puso sobre el tapete del Ramón Sánchez Pizjuán una atractiva idea de juego que los futbolistas celestes cazaron al vuelo, sin tiempo apenas de asimilar conceptos y desarrollar automatismos. Se pudo ver en Nervión un sugerente bosquejo de la idea que Eduardo Coudet prometió hace unos días en su presentación: un Celta atrevido y protagonista, pero también abnegado e intenso y, mientras la duraron las fuerzas, enérgico en la disputa de cada pelota.

El preparador argentino repitió frente a los de Julen Lopetegui el mismo once que su antecesor, Óscar García, desplegó la anterior jornada frente al Elche, pero con diferente disposición de piezas sobre el tapete y una actitud mucho más vivaz y ambiciosa, con la línea de presión más adelantada, mucha gente sobre la salida de pelota rival y mayor verticalidad en la circulación de la pelota para armar el ataque con menos toques.

“Estoy contento con la predisposición de los jugadores. Con trabajo, este equipo está capacitado para aguantar los noventa minutos y encontrar mi ideal. Vamos a trabajar en lo físico y en lo técnico para que el equipo juegue como yo quiero. Necesitamos tiempo y estamos urgidos de ganar. Es una contradicción pero es lo que nos toca. Nos vamos a adaptar”, resumió Coudet tras su debut.

Y éste es el principal problema con el que debe lidiar el nuevo técnico: la necesidad de implantar su idea y engrasar física y técnicamente la maquinaria del equipo a contrarreloj porque la competición no concede tregua y el Celta, pese a las buenas sensaciones ofrecidas en Nervión, debe corregir de modo urgente problemas que se han vuelto crónicos en las últimas tres temporadas.

Uno de estas carencias es la gran fragilidad defensiva que viene sistemáticamente anclando al conjunto celeste en la zona baja de la tabla. Con independencia del infortunio del tercer gol sevillista, que llega en un rebote y desequilibra definitivamente el partido, el equipo vigués concedió demasiado en los diez minutos iniciales, en que los salió dormido, y encajó dos goles casi a bocajarro con remates francos de cabeza del rival en el área pequeña. No es casual que el Celta sea el equipo más goleado del campeonato: 19 goles en 10 partidos (1,9 por encuentro). Y llueve sobre mojado. Los celestes figuran desde hace tres o cuatro temporadas entre los más goleados de LaLiga

El exigente plan de ida y vuelta de Coudet precisa de una condición física y de una solidaridad y coordinación en las ayudas de la que el Celta, hoy por hoy, carece. Y este trabajo debe combinarse con la asimilación del armazón táctico.

En esta carrera contrarreloj, amplificada por la urgencia de verse transitando por tercera temporada consecutiva en las catacumbas de la tabla, el nuevo técnico debe lidiar también con un evidente problema de fondo de armario, especialmente obvio en las posiciones de ataque.

Casi todos los recursos (por no decir todos) los puso Coudet en el Sánchez Pizjuán en el once, de modo que cuando hubo que echar mano del banquillo para intentar remontar, el preparador argentino tuvo que recurrir a un juvenil en claro contraste con su rival, que rentabilizó sus cambios con tipos mucho más contrastados, como De Jong y Munir. La calidad del banquillo marcó, en gran medida, las diferencias en el Pizjuán. Salvo sorpresa mayúscula, este problema se va a perpetuar hasta el mes de enero.

Sí parece haberse producido un avance ante el Sevilla en la recuperación de futbolistas que en los últimos meses han estado claramente por debajo de su nivel. El caso más llamativo fue el de Hugo Mallo, al que la restitución de la capitana mejoró de forma notable contra los hispalenses, pero también otros pesos pesados como Santi Mina o Nolito, que confirmaron la línea ascendente mostrada contra el Elche.

La victoria del Valladolid en Los Cármenes relega al equipo celeste a la última plaza

La clara victoria obtenida ayer por el Valladolid ante el Granada en Los Cármenes (1-3) relega al Celta a la cola de la tabla, una posición que el equipo vigués ha eludido en las dos últimas campañas en las que ha venido coqueteando con el descenso y que no ocupaban (de forma coyuntural) desde el 9 de septiembre de 2016, con Eduardo Berizzo al frente del banquillo. Transcurría la tercera jornada de Liga. En la jornada sexta el Celta estaba ya fuera de descenso. La situación dista notablemente de la actual, que se produce después de dos temporadas en las que el Celta ha estado luchando por la salvación hasta la última jornada de Liga. Y a pesar de la mejoría en las sensaciones (que no en los resultados) ofrecida en el Ramón Sánchez Pizjuán en el estreno de Eduardo Coudet al frente del banquillo, lo cierto es que cada nueva temporada el problema del descenso se adelanta en el conjunto de Balaídos. El pasado curso, los celestes no entraron en descenso hasta la undécima jornada, una más tarde que ahora y nunca en estos dos últimos años de constante emergencia habían sido colistas. Tampoco el club había despedido al entrenador que había iniciado la temporada antes de la duodécima jornada. La destitución de Óscar García se ha adelantado tres a la de Fran Escribá, cesado el pasado curso en la jornada 12, la misma en que cayó la temporada precedente Antonio Mohamed. El argentino dejó el banquillo con el equipo cómodamente instalado en la decimocuarta plaza, con 14 puntos, el doble de los que suma ahora. La pasada campaña el Celta contabilizaba dos puntos más que actualmente.