Primer dilema para Koeman después de los compromisos internacionales. Por un lado, el holandés deberá dosificar a Messi y por otro intervenir en el debate-problema- sobre la posición de Griezmann, alimentado por el propio jugador al cobijo de sus dos goles con la selección francesa: uno a Ucrania y otro a Croacia, un furioso y preciso derechazo. "Es uno de los más bonitos que he marcado", dijo luego. Pero también dijo que "Deschamps sabe dónde ponerme", lo que le otorga "una confianza" en su juego que no tiene en el Camp Nou desde que llegó hace más de un año, previo pago de 135 millones de euros. Pide Griezmann su sitio en el Barça de Koeman, quien ya le dejó dicho en su día, antes incluso de que pisara el césped, que no lo veía como un extremo, aunque arranque desde la banda derecha. Su sitio es el que ocupa ahora Coutinho, a quien el técnico ha rescatado en tiempo récord para la causa culé después de una cesión al Bayern de Múnich en la que el brasileño se reconstruyó físicamente.

Pide el francés, que solo ha marcado un gol en los últimos 15 encuentros oficiales que ha jugado con el Barça, que Koeman le trate como le trató siempre Simeone en el Atlético o como lo mima Deschamps con Francia. No quiere Griezmann sentir la misma orfandad táctica que padeció con Valverde primero y con Setién luego, cuando ambos lo confinaron a la banda izquierda.