Vuelve a sonar el fichaje de Depay si se vende a Dembele al Manchester United. Pero no a tiempo de tenerlo en Balaídos. Desde Luis Suárez, origen y final de una curiosa historia de desamor con los delanteros, va buscando en el mercado ese goleador que le proporcione eficacia, sobre todo saliendo desde el banquillo. Pagó 30 millones de euros en el verano de 2016 al Valencia por Paco Alcácer y dejó este invierno pasado 18 millones en la caja del Leganés por Braithwaite, pero sin éxito.

Ha tocado el Barça puertas tan extrañas y curiosas como la del Sassuolo cuando en enero de 2019 reclamó la cesión de Kevin Prince-Boateng. Prueba y error. Siguiente prueba, siguiente error. Ha gastado auténticas fortunas en media puntas (Coutinho), segundas puntas o falsos nueves (Griezmann) o extremos (Dembélé). Y en el único nueve en que invirtió de verdad (pagó 81 millones por Suárez en el 2014) acertó a lo grande.

Ahora, mientras el uruguayo dispara feliz sus balas junto al cholismo, esa camiseta no tiene dueño en el vestuario del Camp Nou. Alcácer solo resistió dos temporadas, cansado de vivir con el chándal puesto en el banquillo. Jugó 50 partidos, solo 11 completos y marcó 15 goles antes de irse cedido al Dortmund -en la Bundelisga firmó 26 tantos en 47 encuentros-, paso previo antes de volver a la Liga con el Villarreal. Después, la secretaría técnica apostó por alguien que nadie imaginaba. Reclutó a Boateng, un nueve que no era nueve. Tan residual fue el delantero (cuatro partidos en cuatro meses) que ni un solo gol dejó. Y el Barça, entretanto, sigue buscando el nueve. Braithwaite, arrancado de urgencia al Leganés ejecutando la cláusula de 18 millones, tampoco brilló. Once partidos, solo uno completo y un gol delatan su triste papel. Ahora, con Koeman ha sido el delantero menos utilizado. Apenas 73 minutos en los tres amistosos. Por eso el técnico pide otro.