17 de julio de 2020
17.07.2020
Faro de Vigo

Histeria colectiva

El Celta, cansado, desubicado y desorientado por su técnico, parece haber depositado su destino en manos del Real Madrid

17.07.2020 | 01:28
Rafinha agarra a Campaña tras resbalar perdiendo el balón, en la jugada que supuso su quinta tarjeta amarilla.

El Celta se aboca al drama. Se la jugará en Barcelona sin Rafinha ni Nolito; quizá también sin Araújo y Smolov; con Murillo tocado. Y con Aspas exhausto, en una versión menor, aunque siga marcando por inercia. Poco importa que el Espanyol esté descendido. Ha tenido tiempo de digerir la tristeza. Un mínimo nivel de profesionalidad será suficiente para competir contra el Celta, como lo ha sido para Osasuna y Levante. Los celestes han depositado su destino en manos del Real Madrid; de que la resaca del título sea ligera y los pupilos de Zidane se motiven con la pelea de Benzema por el pichichi o por concluir invictos este último tramo de la temporada. Tanto mirar al Mallorca y al final el Leganés, privado de delanteros, ha sido el que mejor ha competido.

Muchos factores explican que el equipo vigués haya sido incapaz de sumar en seis partidos la victoria que habría dejado resuelta la permanencia. No le han acompañado las lesiones -como la de Denis, en su mejor momento- y la fortuna se le ha vuelto en contra en algunos momentos decisivos. La plantilla parece agotada. Pero el mayor pecado ha sido, sobre todo, el descontrol emocional. El Celta viajó a Palma convencido de completar la tarea y volvió histérico. No ha vuelto a recuperar la compostura, ni siquiera ante el Atlético aunque entonces el papel de víctima les aligerase la responsabilidad. Han malgastado oportunidades por culpa de la ansiedad, pese a que disponían de margen de maniobra. Ahora que no lo tienen, resulta difícil imaginarse a un Celta que juegue en Cornellá con el temple necesario.

mala gestión de óscar

El fútbol no tiene más horizonte que el siguiente partido. La renovación de Óscar se antojaba una excelente noticia incluso aunque el Celta descendiese. Pero la gestión que el entrenador catalán ha realizado en los últimos partidos despierta dudas incluso aunque se logre la permanencia. En el peor de los casos, Óscar iniciaría el proyecto de Segunda desgastado por lo que ha sucedido en las dos últimas semanas. Su variedad táctica surtió efecto al comienzo de la reanudación liguera. En los últimos choques ha contribuido a marear a sus jugadores. Ayer apostó por reunir a Brais y Rafinha. Y el equipo no ocupó bien los espacios. Pero su peor decisión fue jugársela al descanso adelgazando aún más una medular que el Levante había dominado. El 2-2 milagroso invitaba al Celta a recomponerse y ser paciente. Óscar alentó el nerviosismo de sus jugadores. Envió un mensaje equívoco, que contribuyó a facilitar el tercer tanto. Y después, ya que colgar balones laterales era el recurso, tardó demasiado en activar al Toro Fernández, que posiblemente deba asumir en Cornellá un protagonismo que no ha tenido en toda la temporada.

el factor físico

Resulta evidente que el Levante manejó el balón a su gusto en igualdad numérica. El Celta perdió todos los duelos. Llegó tarde a todas las presiones. Flaqueó en todos los balones divididos. Ya en Pamplona o ante el Betis había dado la impresión de estar mucho peor que sus adversarios a nivel físico. Se ha comportado con un lamentable nivel de intensidad. En ningún momento mostró ante el Levante la agresividad que hubiera marcado la diferencia. Esa apariencia, que en el caso céltico no puede atribuirse a la relajación, obedece en muchas ocasiones a la desubicación de los jugadores. Pero Óscar también ha alentado esa impresión con sus declaraciones sobre el cansancio de jugadores como Beltrán y Rafinha.

la ley de murphy

El Celta se ha convertido en un apéndice de la Ley de Murphy. El 3-3, que al menos validaba un empate en Cornellá, acaba convertido en la expulsión de Nolito. Rafinha ve la quinta amarilla por una pérdida absurda. Los célticos parecieron a veces jugar sobre hielo, con tanto resbalón, como si fuesen ellos los que no supiesen qué tacos calzar sobre el césped de Balaídos. Pero nada de esto se puede atribuir a nadie más que a los errores propios, en algunos casos tan dolorosos como la inexperiencia de Nolito o la falta de criterio de Rafinha, justo lo contrario que de ellos se esperaba.

adiós a la consistencia

Óscar se había esforzado en construir un dispositivo defensivo que taponaba las grietas y permitía rentabilizar mejor cada gol propio. Toda esa consistencia se ha derrumbado en los últimos partidos. La ausencia de jugadores creativos -Rafinha, Denis- posiblemente aliente al entrenador a recuperar el sistema de tres centrales. Pero incluso aunque ese dispositivo resultase más fiable que en Pamplona, el Celta necesitará algo más en Cornellá si no quiere estar pendiente del transistor. Solo la victoria permite al Leganés soñar con la permanencia. Solo la victoria permite al Celta asegurar la permanencia. Colista o campeón, la entidad del rival resulta más relativa que nunca. La ventaja clasificatoria de los celestes se ve compensada por el subidón de adrenalina y moral que ahora mismo tendrán los hombres de Aguirre. Ellos se vieron muertos y han resucitado. Los célticos se consideraron salvados y ahora están al borde de la muerte. En 90 minutos se juega el futuro a corto y medio plazo de los célticos. Sufrir hasta la última jornada es, como mínimo, el justo castigo a todos los errores que se han cometido.

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