30 de junio de 2020
30.06.2020
Faro de Vigo

El Mallorca y el árbitro dan al Celta un sopapo de realidad

Real Mallorca 51Celta

30.06.2020 | 21:42

Estaba marcado como el partido de la salvación, pero fue un infierno. El Mallorca abusó esta tarde del Celta, se impuso por 5 a 1 y cerró a cinco puntos la distancia entre ambos equipos, con el gol average a favor de los isleños. Los vigueses tendrán que seguir fajándose en las cinco jornadas que quedan y deberán recordar que si lograron despegarse de la quema en los últimos partidos fue, sobre todo, a partir de una solidez defensiva que esta tarde se derrumbó.

Fue uno de esos días en los que todo lo que puede salir mal sale peor. El Mallorca encontró una pegada y un nivel de definición que no ha tenido en toda la temporada, y un portero, Manolo Reina, inspiradísimo, que realizó un puñado de intervenciones fantásticas. Pero antes de todo eso, el árbitro De Burgos Bengoetxea decidió dar inicio a la fiesta local en el minuto seis. El colegiado se inventó un penalti de Santi Mina sobre Dani Rodríguez. El VAR lo estuvo revisando durante varios minutos, se supone que buscando un contacto que no se veía en ninguna de las repeticiones. Al final fue él mismo, monitor mediante, el que validó su error inicial. Budimir anotó y el partido se puso cuesta abajo para los locales.

A partir de ahí el partido entró en un intercambio de golpes resuelto de manera inopinada. El Celta llevaba la batuta y encontraba espacios y buenas opciones, pero no lograba definir. Manolo Reina amargó a Bradaric en varias ocasiones y sacó casi (o sin el casi) de dentro un cabezazo de Murillo. El Mallorca, una vez traspasada la primera línea de presión, se encontraba una pradera y una intensidad defensiva inexistente. Resultado: dos tiros desde el borde del área, dos goles, de Cuchu Hernández y Álvaro Pozo. El primero de ellos con Denis fuera del campo por una lesión muscular. Le sustituyó Nolito, que estrelló en la cruceta un lanzamiento de córner venenoso. No era el día para marcar un gol olímpico.

A la vuelta del descanso, con Smolov sobre el terreno en el lugar de Okay, el Celta buscó un gol rápido que lo metiese en el partido. Lo encontró, gracias a un penalti cometido sobre Santi Mina y transformado por Aspas. Por un momento la hazaña de remontar pareció posible. Fue un instante: una buena combinación del Mallorca desarmó al indeble sistema defensivo de los vigueses solo dos minutos después del tanto del de Moaña. Budimir hizo el segundo y ahí se acabó la competición, pero no el suplicio. Salva Sevilla pondría el quinto con un lanzamiento preciso desde lejos, nuevamente con nula oposición de los defensas.

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