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El Celta prevé una larga cuarentena

La ampliación del estado de alarma alimenta las dudas del club de que LaLiga pueda reanudarse a comienzos de mayo

Carlos Mouriño conversa con Felipe Miñambres durante un partido del filial en Barreiro. // Eugenio Álvarez

Carlos Mouriño conversa con Felipe Miñambres durante un partido del filial en Barreiro. // Eugenio Álvarez

El Celta se prepara para afrontar una larga cuarentena por la epidemia del coronavirus. La extensión por 15 días, hasta el próximo 11 de abril, del estado de alarma decretada ayer por el Gobierno confirma los pronósticos del club celeste de que la suspensión de LaLiga va para largo, sin que se atisben de momento respuestas a las muchas incertidumbres que se ciernen sobre las competiciones futbolísticas en todo el continente europeo.

En lo que respecta al campeonato español son muchas más las dudas que las certezas. Se barajan diversos escenarios en función de la evolución de la crisis en las próximas semanas, pero no existen garantías de que se pueda concluir LaLiga antes del 30 de junio, como pretende Javier Tebas, aunque ello signifique jugar varios partidos en la misma semana, ni que pueda jugarse como posterioridad a esta fecha, como ha propuesto el presidente de la RFEF, Luis Rubiales.

Ambos dirigentes discrepan sobre un calendario que amenaza con quedarse corto, sobre todo considerando que si la inactividad se prolonga, será imprescindible realizar una pretemporada para prevenir lesiones. Juan José García Cota, jefe de los servicios médicos del Celta, estima que si la paralización supera los dos meses, lo que no parece descabellado, la fase de readaptación no debería ser inferior a un mes. En todo caso, la impresión generalizada en el club es que LaLiga no se va a poder reanudar a comienzos del mes de mayo, como pretende Javier Tebas.

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A las dudas sobre la incertidumbre la reanudación de la competición se suman los problemas con que el equipo tiene que lidiar para mantener el estado de forma en condiciones de trabajo muy limitadas, con pautas básicas de trabajo para no perder tono muscular que cada jugador desarrolla individualmente en su domicilio, en algunos casos tirando de mucha imaginación. "No podemos llegar entrenar y jugar. Necesitaremos adaptación, una mini pretemporada. No como en verano, pero similar", ha reconocido David Juncà, que realiza para del trabajo en el garaje de su edificio. "Como vivo en un piso, solo puedo hacer carreras y series en el garaje", ha declarado el lateral catalán a TV3.

Pero las implicaciones de la suspensión del campeonato van más allá de la parcela puramente deportiva y afectan directamente a cuestiones de tanto calado como la economía de los clubes, que se puede ver seriamente perjudicada. Aunque algunos clubes, (en concreto el Barcelona) han deslizado la posibilidad de realizar un ERTE, el Celta no se plantea de momento recurrir a tal mecanismo. Tampoco LaLiga que, si la situación empeora, baraja una solución colectiva.

La planificación deportiva también se verá alterada. El Celta ha estimado que el perjuicio económico podría alcanzar los 20 millones de euros, casi una cuarta parte de su presupuesto, lo que mermaría de forma considerable los ingresos del club para futuros fichajes o ejercer opciones de compra sobre algunos de los futbolistas cedidos con los que el club celeste quiere contar el próximo curso.

En esta situación se encuentran jugadores como Lucas Olaza, cuya opción de compra por 4 millones de euros se proponía ejercer el club antes del próximo 30 de junio; Rafinha cuya cláusula de rescisión ha sido rebajada a17 millones y al que el Celta quiere convencer para que siga, o Jeison Murillo, por quien el club vigués tiene una opción preferencial por 15 millones que se pretende renegociar a la baja aprovechando que no entra en los planes del Sampdoria y el deseo del zaguero colombiano de seguir vinculado al club. Otros casos, como el del croata Filip Bradaric, por quien también existe una opción de compra, están en el aire, mientras que parece improbable que el club se decida a a comprar a Pape Cheikh, que cuesta 9 millones y cuya cesión ya se intentó revocar sin éxito en el último mercado de invierno por un episodio de indisciplina.

Si la celebración de LaLiga se prolonga más allá del 30 de junio, podría haber problemas para contar con los jugadores (sobre todo con los cedidos) que terminan contrato, tal como ha reconocido recientemente Felipe Miñambres. "Es un tema que se está estudiando. Creo que lo que a a pasar no lo saben ni ellos. No es un tema fácil", ha admitido el director deportivo celeste, que confía en que se alcance una solución corporativa a de un problema que afecta a la mayor parte de los clubes.

Una de las pocas decisiones importantes que sí puede (y debe) tomar el Celta en estas semanas es precisamente la continuidad de Miñambres, cuyo contrato expira también a finales de junio. La decisión la tomará directamente el presidente, Carlos Mouriño, aunque el momento de incertidumbre que se vive favorece su continuidad, más allá de que el club valore su gestión en estos últimos cuatro años.

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