12 de enero de 2020
12.01.2020

Sueño de reyes

12.01.2020 | 12:21

Noche fría, como todas las noches invernales de Balaídos. Noche de Reyes, de ilusión, como la que tenía Anthony Queen en aquella magnífica y emotiva película, en la que pretendía llevar, sin tener dinero para ello, a que su hijo se curase de una terrible enfermedad en su Grecia
natal. Al igual que Oscar García esperaba el regalo de Reyes, de los tres puntos, que le traían los magos de Oriente.Como Fran Escribá esperaba los milagros del "Cristo de la Victoria", que siempre era compensado con ellos. No así el preparador céltico catalán, que de los tres puntos solo recibió uno, teniendo que conformarse, como los chicos que se han portado mal, con los otros dos puntos convertidos en carbón.

Luego en rueda de prensa, como un triste político de este tiempo, intentó confundir la intensidad del juego local con el fútbol fogoso, sin ton ni son, que había empleado el Celta sobre el terreno de Balaídos. Esa intensidad de juego solo se vio reflejada en un rechace del larguero, durante los treinta minutos de juego de la primera parte. En los restantes, el Osasuna cerró más sus líneas pasando a su único delantero punta al medio campo, y a uno de los hombres de esta demarcación lo retrasó para arropar más la defensa. Con lo que le cedió una buena franja ancha del terreno de juego al equipo local, que no supo aprovechar, salvo el regalo de Reyes que les trajo el mal guardameta forastero, que gesticulaba como si fuera bueno. La intensidad a la que se refiere el entrenador céltico, en la segunda parte del partido, siguió la misma tónica con la que había terminado la primera, pero esta vez sin regalo de Reyes, pues Osasuna comenzó a controlar nuevamente las posiciones, el balón, así como el partido, y el resultado, al volver a coger nuevamente las posiciones del comienzo, con lo que también le llegó el regalo de Reyes, por la incapacidad de reacción, reflejos y el conformismo de Don Tancredo, sacado a relucir, una vez más, por nuestro confortable guardameta. Mientras no tenga un competidor con verdaderas ganas de triunfar, no tendremos nunca un portero en el cual no podamos confiar nuestro esfuerzo por la victoria. Y así llegó este intercambio de regalos, que al final de esta primera vuelta del campeonato nos dice, muy a las claras, que estamos abocados al descenso, como ya hemos dicho en el comentario del "Memorial Quinocho". Por lo que también repetimos: "El tiempo nos dará o quitará razones".

Razones son las que tenemos para decirle al técnico catalán celeste que su tiempo, ese poco tiempo que tenía para enderezar la peligrosa deriva del equipo, se le ha terminado. Lo agotó al querer salir de esta peligroso situación en la que se encuentra el Celta, por si mismo, con planteamientos de distintas formas, sin tener en cuenta la valía y posibilidades de sus contrarios reales cara a la salvación. Sin tener en cuenta los consejos, prácticos, que un veterano entrenador como el mejxicano Aguirre le hizo ver sobre el terreno de juego, el cual, con anterioridad, nosotros mismos se lo habíamos hecho notar en uno de nuestros comentarios. Lo que nos demuestra que desconocía lo que se traía entre manos, aun sabiendo cómo tener que plantear esos partidos, como lo demostró en Villarreal. Resultado que no le va a servir para nada ya que los de La Cerámica son un equipo que no va a estar en el grupo de los del descenso. También se olvidó, no solo de saber contra qué equipos tiene realmente que pelear, sino que tiró por la borda un tiempo vital para recomponer una pretemporada que se hizo mal. Añadiendo a todo esto que esta temporada no habrá más milagros, porque su hilo conductor cambió de "chip", ya no nos queda más tiempo que la espera de un fatal desenlace. En cuya espera, lógicamente, brillará la victoria que no nos llevará a ninguna parte, porque lo que mal empieza, mal termina. Y mal terminará con ese 4-3-3 al que se aferró el entrenador céltico en las últimas jornadas de la primera vuelta, viendo cómo entrenadores como Aguirre, el mismo del Osasuna, Valladolid y Mallorca, sin nada, le enseñaban el camino a seguir para conseguir la salvación. Camino que él supo ver contra el Villarreal, pero que no supo calibrar porque no creyó en el esfuerzo constante que tenían que hacer sus jugadores, para mantener esa presión que se requiere, para presionar al contrario durante los noventa minutos. Porque había salido de un fútbol más creativo, completamente distinto al que necesitaba el Celta para salir del atolladero en que los responsables, que no juegan, pero sí cobran, lo han metido. Ya no habrá más milagros, ni noches de Reyes Magos. Solo nos queda planificar bien la próxima temporada, si no queremos celebrar el centenario en el infierno de la Segunda División. El tiempo, como siempre, nos dará o quitará las razones. Luego, los incompetentes paniaguados, como siempre, dirán que hablamos mal del Celta.

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