14 de diciembre de 2019
14.12.2019

A las nueve de la noche, lección de fútbol

14.12.2019 | 21:30

El titulo de la película que cambié por este otro era: "A las 9 lección de química". Será la última lección de fútbol, esta vez sí prometo que será la última, que tome en la ruidosa aula de la cafetería en la que veo dichas lecciones. Porque tras ver la última contra el Valladolid en Balaídos, aunque ustedes no lo crean, ya sé el futuro que le aguarda al Celta en esta temporada y la capacidad real que tiene el actual entrenador para sacarlo del atolladero en el cual tan tempranamente de la Liga se encuentra metido. Hoy vuelvo a poner al tiempo como testigo de la razón de lo que aquí expongo, aunque los "paniaguados" piensen que hablo mal del Celta, porque las razones, sin el egoísmo provocado en provecho propio, pueden más que los sentimientos que todos podemos tener. No, Óscar García, después de ver el partido contra el Valladolid en Balaídos, no es el entrenador que me hizo cree que era contra el Barcelona y el Villareal, ya que estos dos planteamientos fueron llevados a cabo lejos de Balaídos y no en el feudo céltico, que es el granero donde el Celta tiene que poner a buen recaudo lo que tan costosamente ganará fuera de casa. Digo esto porque si bien Óscar García hizo un magnífico, inesperado y estudiado planteamiento contra el Villareal, lo hizo en el fondo, buscando el lado fácil del triunfo fuera de casa, como es costumbre hacerlo, plantando el partido a la defensiva para lograr el triunfo. Pero, como todo hay que decirlo, lo hizo de forma muy meditada y magníficamente planteada, cosa que no podemos decir de los entrenadores, incluso llamados grandes, que consigue el triunfo fuera de su casa. Estos dos planteamientos que hizo Óscar García lejos de Balaidos son un planteamiento para el que sus jugadores tienen que estar mental y físicamente muy bien preparados, ya que de no ser así, el esquema se rompe, casi siempre, antes de que se consuman los 90 minutos. Lo que no fue así en Villareal, a los que hizo llegar, en poco tiempo, perfectamente preparados mentalmente. Pues como un curtido exjugador, forjado en muchas batallas en Primera y Segunda, sé perfectamente lo que cuesta sufrir la presión de mantener o conquistar un resultado, tanto fuera como en casa, para no dejar jugar al contrario con la comodidad que requiere jugar ante su público. Es muy dura esa presión constante que se tiene que hacer, igual que el fútbol posicional a llevar a cabo, tanto en defensa como en ataque, que el nuevo entrenador del Celta le supo inculcar en la mente a sus jugadores, aún eligiendo el camino fácil del juego defensivo fuera de Balaídos. Hasta aquí, muy bien por Óscar García. Pero esta era la parte del examen que tan brillantemente pasó el entrenador del Celta, ahora le faltaba sacar adelante lo más difícil, el examen de la reválida.

La parte fácil la superó, con un aprobado alto, casi notable, sino fuera porque se vio un tanto favorecido por las circunstancias, que ahora tendrá que resolver, sobre todo, en la portería. Puesto clave para sacar adelante un resultado, así como otros defectos que, si bien subsanó en el partido jugado fuera de casa, se vio muy a las claras contra el Valladolid que seguían estando pendientes si se quiere salvar del descenso, al que estas dos últimas temporadas está tocando muy peligrosamente una y otra vez. Lo que el Celta mostró contra el cuadro del Pisuerga fue decepcionante, ya que Óscar García tiene que saber que al no haber hecho pretemporada, esta tiene que ir haciéndola en el resto de los partidos que aún quedan para el final de la primera vuelta, e incluso de algunos más de la segunda vuelta. De no hacerlo así, el Celta siempre será un acertijo en cada partido, de los que juegue fuera de casa, que son los mejores para las pobres aspiraciones de los mediocres entrenadores pues con ellas, con un fútbol defensivo, piensan conseguir la victoria, siempre más valorada el lograrla fuera de casa. Veamos pues la razón de todo lo que aquí expongo, comenzando por la victoria lograda tan limpia y merecidamente en Villareal, con la que se tenía que presentar con mente de ganador ante el Valladolid. El equipo visitante se presentó vencido de antemano, con cuatro defensas, cuatro medios y dos puntas, a ver si sonaba la "flauta" en la lluviosa fiesta gallega. Mientras el Celta, que tenía el poder del mando que da una victoria, se presentaba con un hombre menos que su rival en el centro del campo y uno más en ataque, con lo que pretendía el nuevo entrenador que el Celta jugaría al ataque. Pero resultó que llevado por el temor de la derrota al contraataque que todos buscan y proclaman, el Celta con un hombre menos en medio campo, se vio superado en casi todo el partido en dicho terreno por los cuatro jugadores del Valladolid, cuyo inspiración solo estaba en el correr y luchar por el corte y anticipación de la jugada, ausentes de toda clase y visión. Con el medio campo roto por el contrario, el entrenador céltico no supo contrarrestar, en ningún momento, el mal fútbol que esgrimía el Valladolid en dicha zona, descomponiendo todo intento de ataque céltico, solo apareciendo en contados lances del juego, cuando aún se podía subsanar tamaño descalabro local de ideas, juego y poder. Después, a partir de la mitad de la segunda parte del partido, cuando el Valladolid se contentaba con el empate, no hubo un intento serio siquiera de poder conseguir la victoria.

El Celta, que venía de ganar en Villarreal, no se presentaba en Balaídos como el gran vencedor, sino que lo hacía de forma cautelosa, disputando alocadamente los balones, sin ton ni son, solo para demostrar que era el más fuerte de los dos equipos, cubriendo la apariencia de su desconfianza en la victoria. Con el juego alocado de siempre y sin saber reaccionar en ningún momento, no supo esperar siquiera la oportunidad del gol, porque su oportunista, Iago Aspas, se perdía en el querer ser pero que no es. Un entrenador que se aprecie no se puede contentar con esperar que llegue el milagro del gol; de hacerlo queda completamente pendiente de dicho milagro, que llega en muy pocas ocasiones. El entrenador debe saber, en todo momento del encuentro, por qué el equipo contrario juega de esa forma, para contrarrestar su juego. Contra el Valladolid, Oscar García debería haber maniobrado bajando a medio campo dos hombres puntas de los tres, no solo para igualar el medio campo, sino para superar al rival en él, y hacerle incluso bajar dos hombres de la defensa, para abrir espacios, no solo a Iago Aspas, sino a los dos o tres hombres que se doblaran al ataque desde ese medio campo, arropados por otros dos para el apoyo de la jugada, ya que, con ello, siempre tendrán más controlado al hombre del contragolpe, aún escapando por velocidad, si los hombres defensivos del Celta están bien escalonados. Esta sería una de las muchas formas que un entrenador tiene para adueñarse del centro del campo y evitar el peligroso contraataque del contrario. Pero el entrenador del Celta no hizo nada, salvo esperar el milagro del gol como hacen todos los entrenadores malos y vulgares que hay. El miedo a que el aficionado creyera de que jugaba un fútbol defensivo en casa, ese temor, dejó en blanco el poder creativo de pensar que "un buen ataque se programa y fragua desde atrás".

¿Qué pasara ahora?. Es una buena pregunta para contestar y saber el futuro que nos espera. Que no es otro que esperar el descenso, esta vez sí, porque Óscar García no podrá recomponer, sin milagro, el equipo fuerte y competitivo que se requiere para tal fin. Por ejemplo, no pondrá disponer de un portero de garantía con la seguridad que se requiere para dominar el área y dar seguridad, tanto a la defensa como al resto del equipo. Tampoco le dará el aplomo que necesita la seguridad de una defensa, la cual veremos seguir, como hasta ahora, totalmente anárquica en sus posiciones, con entradas fuera de tiempo y lugar, con las que se intenta suplir la falta de calidad que hay en todos ellos. Lo que arrastrará a los hombres del medio campo, donde no hay ni mando, ni orden, ni el juego que se requiere para el desarrollo del triunfo. Pues por lo visto para ese puesto solo hay un hombre con ganas para hacerlo, pero está fuera de sus funciones. Por lo tanto huérfano de todo apoyo y encauzamiento de la jugada, queda solo el hombre oportunista del equipo, que si no deja de vestirse como figura y vuelve a la senda rebelde que lleva dentro, el futuro del Celta está más que claro. El tiempo que es el que da y quita razones, nos dirá si sigo teniendo la razón o no, estudiando el futuro del Celta. Y ahora sí, no volveré a ver un partido más de fútbol, salvo que tenga que volver a calibrar la llegada de un nuevo entrenador.

Pero no pude resistir a cerciorarme bien de lo que aquí expongo, pues así como quiero ser justo en mis apreciaciones, también pretendo ser siempre lo más exacto en calibrarlas en mis bien meditados juicios. Por eso volví a ver un partido más del Celta, el jugado en Leganés contra el equipo de esta ciudad. Al que tampoco me resisto a titular con el título de aquella película de Spielberg: "Atrápame si puedes", que iba de un vividor de la estafa. Porque a Sergio, que después se ha lesionado, se le estafó un partido de titular que merecía y había ganado con anterioridad. No muy brillantemente, pero sí de forma tan eficaz como venía defendiendo la portería del Celta. Lo que debemos de anotar como un fallo del nuevo entrenador, pues el ser joven para triunfar no es una cualidad, sino un camino que tenemos que recorrer en nuestras aspiraciones por la vida. Aquí Óscar García, después de ver la debilidad para defender una portería, si se pretende tener un portero que lo haga, tenía la oportunidad de hacerle ver al joven Rubén Blanco que para seguir defendiendo el marco céltico, hay que ser algo más que joven, insistiendo en la titularidad de Sergio. De la forma que lo hizo no ha beneficiado ni al joven portero ni al Celta, ya que Rubén no tendrá que esforzarse en pretender serlo, pues mientras sea joven tiene el puesto asegurado, salvo que salga un competidor más joven y con cualidades para disputárselo. Luego, al entrenador, le faltó valentía para prescindir de un jugador que no resuelve nada de lo que necesita el Celta para salir de la problemática situación en la que se encuentra, como es la de un juego efectivo de garra en la confrontación y lucha por la victoria. Además Rafinha no es un jugador nuestro. Tampoco Óscar García le hace vestir el buzo azul celeste a Iago Aspas, tal vez por ese temor que se les tiene a los jugadores "intocables" que no lo son ya que no tienen la calidad suficiente para serlo, pero si son jugadores de "raza" y efectivos, cuando visten el buzo del equipo que les sienta bien. Todo estos miedos se descargan, injustamente, con un jugador que, al igual que todos los hombres de la defensa, naufragan en la ignorancia de un sistema en el cual, cada uno actúa y mal por su cuenta. La media tampoco sabe lo que es el fútbol posicional y como se deben hacer los relevos y apoyos a los compañeros.

Y dejé para el final la gran lección que le dio el entrenador del Leganés, Aguirre, a Oscar González, al cual le demostró de forma contundente lo que yo ya hice ver cuando se ganó en Villarreal. Si el Celta quiere evitar el descenso que, por la forma de ver cómo actúa su entrenador, lo tiene muy difícil, tiene que perfeccionar y jugar un mismo sistema, en todos los partidos, hasta que se salga del bache, como el que empleó en Villarreal y que Aguirre le enseñó que también le sirve para jugar en casa, con el que también, si se sabe emplear, se marca goles y se ganan partidos, taponando bien los defectos que hay y seguirá habiendo en el equipo hasta el final de temporada, mientras no se haga una nueva pretemporada. Y si se piensa arreglar con los nuevos fichajes de invierno, ¡arreglados estamos!, pues habría que fichar a todo un equipo nuevo, salvo los que se pueden contar con los dedos de una mano. De momento, lo mejor es seguir con la lección que nos dio Aguirre, tanto para jugar fuera como en Balaídos, perfeccionando el sistema en cada partido.

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