08 de septiembre de 2019
08.09.2019

El hombre de los milagros

08.09.2019 | 12:37
Quinocho.

Como siempre hago, hasta hoy, para ver las posibilidades que tiene el Celta en el campeonato que empieza, veo por televisión su primer partido, luego€ ya no volvía a ver más fútbol, salvo esos cortes que me hacían tragar, mucho antes, pesados anuncios de una nada entretenida y rutinaria publicidad. Pues viendo el fútbol que se juega hoy, creo que no volveré a ver ni un partido más del Celta, ni de ningún otro equipo, ya que no soporto más el juego que hacen jugadores de fútbol que no lo son, mientras son ensalzados como tales por unos perfectos ignorantes del saber futbolístico, entre los que incluyo a los siempre torpes, atrevidos, y sensacionalistas cronistas deportivos, muchos de los cuales también deberían hacer el "Mir" para escribir de este deporte, con conocimiento de causa y sin pasión, solo con la verdad que le dicta su entendimiento y su corazón, como debe ser. Ya que escuchar lo que dicen los jugadores, entrenadores, directivos y aficionados, es siempre la misma cantinela del ton ni son. Hoy ya no se juega al fútbol como antes, ya que, en mis tiempos, la calidad de los jugadores estaba a muchos años luz de los de hoy, se quiera o no, y por muchas vueltas que le den a la "noria" los torpes, como dijo uno de ellos, "junta letras".

En mis treinta y cinco años que llevo retirado del fútbol, vi solamente un jugador que estaba a la altura de los de antes y de mi época, incluso un poco más superior a todos ellos: INIESTA. Por eso lo escribo con letras mayúsculas. Los otros, salvo muy contados, con los dedos de una mano, son fruto de unas mentes que sueñan que todo lo de su época es mejor que las pasadas. Son tan atrevidos, al pensarlo, que se olvidan que nosotros, los que hemos vivido y jugamos en esas épocas, somos la única verdad con la que se puede conocer, mientras que ninguno de ellos, siquiera, la pueden imaginar. Por eso cuando veía un partido de fútbol por televisión, lo que no haré a partir de ahora, sacaba la voz del televisor para no escuchar tanta sandez. Tanta que, incluso, como en la política, tratan de hacerte ver, como ellos quieren, lo que por ti mismo estás viendo. Y para que terminen de entenderlo los que tratan de aprovecharse del fútbol, de una u otra manera, les voy a contar un "cuento", que no es de un "cuentacuentos", sino de un suceso real que le pasó a un jugador que, como yo, practicó ese fútbol durante casi 20 años.

Después de la venida a España del San Lorenzo de Almagro, fue una revolución con la llegada de equipos argentinos, como River Plate, Boca Juniors, Racing de Buenos Aires etc. etc. Recuerdo que mi hermano mayor, siempre mi hermano mayor, me llevó a Balaídos a ver al River Plate, en el que jugaba, por semana, un día de puro invierno de frío y lluvia, por lo que éramos pocos los espectadores que estábamos de pie en los escasos escalones de la grada de Río. De aquel partido me quedó grabada la gran agilidad, estilo y temple de Carrizo, uno de los mejores porteros que hoy ya no se ven en ningún campo de fútbol. El pequeño defensa Jacome, magnífico en el marcaje, en el corte, tanto con el pie como con la cabeza, a pesar de su corta estatura. Con Rossi como un gran director de orquesta que hacía jugar a las mil maravillas a un extremo derecha como Varnaza, rápido, hábil, incisivo cara al gol y en la jugada de apoyo con Moreno, el interior trabajador que hacía a Pedernera más grande que a su suplente Di Stéfano, al mismo tiempo que, junto con Labruna y Lostau, hacían un trío mortal del gol, como nunca más se vio en el fútbol. Los tres goles que le hicieron encajar a Simón en pocos minutos son la prueba de lo que digo, ya que luego se pasaron todo el partido haciendo una completa exhibición de cómo se debe jugar al fútbol, solo empleando el cerebro y el buen saber, ejecutado con hábiles pies. Exhibición que luego, en el descanso, los jugadores que hacían de suplentes ampliaban haciendo gala del dominio del balón, que nos hacían exclamar: "¡Si los suplentes dominan así el balón, ¿cómo lo jugarán?!. Pero el caso era que ninguno de ellos jugaba, después de los descansos del partido. Hasta que años después, muchos, cuando vino a jugar al Celta Ernesto Gutiérrez, uno de los más grandes jugadores de esa época del fútbol argentino, quise despejar las dudas que aún tenía al respecto. Me dijo que no eran jugadores de fútbol, sino malabaristas del balón que se contrataban para esas exhibiciones de los descansos.

Les explico todo esto porque quiero dejar constancia, se pongan como se pongan los "charlatanes" de lo que ignoran, cómo el pasado que se ha vivido, el fútbol de hoy es imposible verlo, si antes no vio y vivió el de ayer que, repito, se quiera o no, era infinitamente muy superior al que se desarrolla hoy en todos los terrenos de juego, por jugadores, se llamen como se llamen, más dados a la exhibición de su malabarismo que a su verdadera calidad de jugador de fútbol. Ensalzada torpemente por los que ni entienden cómo debe jugar un conjunto formado por once jugadores y no por uno, en el que se quiere destacar individualmente por sus bonitos regates al contrario, en burlarse con "túneles", buscando, siempre, la espectacularidad de la jugada, o la oportunidad del gol, olvidando la mejor situación del compañero para lograrlo, o bien el verdadero sentido para su consecución. No, se quiera o no, el fútbol de hoy no se puede comparar al de ayer, ni al de mi época. El de hoy es un fútbol clonado y aburrido, que solo los gritos de los histéricos, de quienes lo rodean, saben verlo confundiendo siempre, no solo la jugada, sino al hombre que se ha disfrazado de jugador con la camiseta de un club en el que nunca llegaría a jugar si todo se desarrollara normalmente como siempre.

Con la televisión se puede comprobar muy bien lo que digo, como sin querer comprobé, una vez más, viendo el encuentro del Celta y del Lazio de Roma en el memorial de mi gran amigo, recordado y querido Quinocho, con el que conviví desde niño en ese fútbol añorado del que estoy hablando. Al final del cual conectaron con el encuentro del Español en su clasificación para Europa y comprobé, un poco por curiosidad, que era el mismo partido que acaba de ver entre vigueses e italianos. ¡Calcado!. Lo que no me extrañó ya que hoy, en fútbol, todo está clonado, incluso las pretemporadas que ningún equipo sabe para lo que tienen que ser: ¡Hacer que once jugadores jueguen como uno solo!. Lo demás es buscar dinero para las arcas de los clubes, y hacer de escaparate para entrenadores físicos y de porteros, que también quieren participar en lo que entra en las arcas, para lo cual inventan jueguecitos para que no se aburran los jugadores, aunque luego, en el fondo, su preparación física y enseñanzas son las mismas que cuando yo jugaba, sin tanto gimnasio, gomas y aparatitos con los que, junto a los móviles, ordenadores y demás aparatitos del llamado progreso, solo sirven para robarnos el tiempo, que en mi en época era ¡ORO!. Luego, para más Inri, tengo que leer lo que dice el "entrenador de los milagros", que está satisfecho porque enfrente del Celta había un gran rival como el Lazio. Cuando el equipo italiano nunca fue un gran equipo en el fútbol italiano, incluso en su mejor época de 1950, en la que ganó 3-1 al Atlético de Madrid el V Teresa Herrera. Siendo el primero de estos trofeos que salió fuera de España, y de cuyo partido, nuestro genial escritor Wenceslao Fernández Flórez, tras afirmar que no entendía ni una palabra de fútbol, dijo que lo mejor de este encuentro fue el espectáculo mezcla de lucha libre y boxeo que habían ofrecido los jugadores españoles e italianos.

Y con el saber, como en aquella película de Julio Iglesias, " La Vida sigue Igual", se encaró el primer test de la tTemporada contra un club venido tanto a menos que incluso se olvidó de vestirse con su ropa de gala, blanca, la que cambió por otra de negro, por la pena que estaba dando en los terrenos de juego, en el que siempre había sido el rey. Era tanto todo tan parecido a la pasada temporada que todo seguía siendo igual, continuando el Celta por ese camino que seguramente, esta vez, nos llevará a la perdición de jugar, próximamente, el fútbol de Segunda División. Yo ya lo comprobé en las tres primeras temporadas de los años sesenta, y no me gustaría volver a verlo. Pero desde entonces, y ahora más que nunca, todo sigue igual por el "Camino de la Perdición". Aunque ese camino se quiera disfrazar con la ignorancia de trabajar la cantera. Aquí, aunque no esté de acuerdo el hombre que espera los milagros, y los que han confiado en él para su continuación, por una solo vez, que conste, le voy a dar la razón al presidente:¡Hay que trabajar la cantera!. Pero bien y sabiendo lo que encontraremos en ella.

Trabajar bien la cantera no es perder ese tiempo, que todos nos roban, con lo que dicen es progreso, como si fuera oro, trabajando con muchos jugadores jóvenes. Como no lo es hacer debutar a la joven promesa a las primeras de cambio, sin antes moldearla, poco a poco, en el fuego en el que se moldea el saber cristalino de la futura promesa. Eso requiere un tiempo, temple, y un conocimiento que está fuera incluso de los poderosos, como Guardiola lo demostró en el Barcelona cuando disfrazó a las promesas de la "Masia" de blaugrana. Y para que el "hombre que espera los milagros" lo entienda, les cuento otro cuento, que no es de ningún otro cuentacuentos. Un buen día, a un buen director del cine español, que empezaba, le propusieron hacer una película de niños. Contento por el encargo hizo una película con muchos niños, que resultó un verdadero fracaso. Y para demostrarle la productora que no hacía falta reunir a tantos niños para hacer una película de niños y de muy baja calidad, le hicieron ver que, con un solo niño, se podía llevar a cabo un magnifico film para niños, como hizo Ladislao Valjda en 1954, con Pablito Calvo, "Marcelino Pan y Vino".

Señor Escribá, como todo en la vida, el trabajar la cantera que le pide el presidente que trabaje, no es para tomarlo como disculpa a una mala clasificación, sino que es, simplemente, saber hacerlo. Lo que creo, como todos entrenadores del fútbol español, no saben hacer o quieren, salvo los que entrenan al Athletic de Bilbao, que se tienen que adaptar a su cantera y métodos de origen, desde casi la fundación del histórico club. Y para que vea que sé muy bien lo que le estoy explicando, para que sepa lo que usted como entrenador, que presume ser, igual que muchos, debiera conocer y desconoce: el Athletic de Bilbao, santo y seña de trabajar para bien y para mal su cantera, efectivamente, tuvo en un tiempo jugadores extranjeros en sus filas cuyos nombres son Caceaau,(francés),Evans,Graphan, Mills, Burns,Davis, Coc Kran, Veitn Smith, Sloop, y Martin,(ingleses). Tres de ellos formaron en el once que conquistó el título nacional en 1903, que formó asi: Acha; Silva, Arana; Goiri, Cockran, Ansodieaga; Sota, Montejo, Astorquia, Cazeaux y Evans. Siendo por lo tanto, el club bilbaíno, campeón de la "Copa de España", la Liga aún estaba por inventarse, con jugadores extranjeros en sus filas en los años: 1903, 1904, 1910 y 1911. ¿Por qué sé todo esto? Porque yo, señor Escribá, amo al fútbol de verdad, el que yo aprendí y jugué de los que sabían, y no el fútbol clonado y falsificado de ahora, que se nos hace pagar por verlo y escucharlo, de fraudulenta manera, por la "caja tonta". Lo que antes tampoco era así, como no era conocerlo robándole el precioso tiempo a nuestro conocimiento, con el "móvil para tumba burros". Y ahora, si me permiten, me voy a despedir de continuar viendo el mal fútbol que se juega hoy. Pero antes le quiero agradecer a este maravilloso deporte, cuando lo juegan jugadores de verdad, todo lo mucho que me dio en mi carrera futbolística en la que me hice un hombre. Por lo tanto, como ya no quiero ver más fantasmas, por televisión, de los que vi en cine, apago la "caja tonta" para siempre y me despido, dejándoles con sus "genios" y con toda la parlamentaria que se ha montado alrededor del que hoy dicen es fútbol. No pudiendo evitar una fuerte carcajada, ante el asombro que me produjo el nombramiento del nuevo seleccionador. Sin pretenderlo esta vez, pensé como siempre en el cine, al ver cómo está montado y dirigido el mundo del fútbol de hoy. Lo que me recordó aquella película de los dos cómicos, antes de separarse, Dean Martin y Jerry Lewis: "¡Que par de golfantes!".

Ahora sí, ya dejo para siempre de ver los milagros del fútbol de hoy, ya que no vale la pena perder un precioso tiempo para verlos. Pues con los milagros que vi la temporada pasada, creí que ya había visto todo en fútbol. Pero estaba equivocado, ya que mi asombro fue tal que aún me quedaba por ver el milagro de todos los milagros, el que nunca creí se podía dar en fútbol y se dio: ¡Ganar cuatro puntos sin tirar ni una sola vez a gol!. Con un recurso de tacón, contra el Valencia, y de jugada controlada, la única, en la que se acercó el Celta al área en Sevilla. Lo que "El hombre de los milagros" volvió a vender, modosamente, al tiempo que hacía creer que el Celta era un equipo distinto a la temporada pasada. Ante todo esto, no puedo salir de mi asombro, si sigo viendo este fútbol milagroso. Ni con Rafinha, ya que no creo en los jugadores que retornan al "nido" que han abandonado para cubrirse de gloria, y vuelven en busca de "El Arca Perdida". Como no creo que "El Hombre de los milagros" sepa dónde colocarlo en el equipo, para cubrir el puesto en el que falla toda la estructura del Celta. Porque Rafinha no tiene esas cualidades para tal puesto. Y el Barcelona lo sabe, ya que también falla en dicha posición desde las ausencias de Xabi e Iniesta, y ahora, por los años, con la de Busquets. Por eso, al dejarlo marchar, se libera de cargar con la ficha o parte de ella, que asume el Celta, mientras que el Barcelona sigue siendo el dueño del jugador, para una mejor y lucrativa operación. Así pues, con milagros o sin milagros, con Rafinha o sin Rafinha, el Celta tiene una andadura, pero muy difícil de salvar. El tiempo, que es el que pone a cada uno en su lugar, nos dirá, al igual que la temporada pasada, si tengo o no razón de pensar así.

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