11 de agosto de 2019
11.08.2019

Náufragos

11.08.2019 | 11:00

Como en el cuento de John Steinbeck "Naufragos", llevado al cine por el genial director Alfred Hitchcock, que transcurre en un bote salvavidas que navega a la deriva en el Atlántico Norte, los jugadores del Celta regresan felices al puerto de la Primera División tras una larga y agónica operación, en la que la diferencia de goles les salvó de la muerte a Segunda. Fue tan larga y penosa la travesía. Solo el asombro de haber salido de ella con vida nos hace olvidar las miserias de no tirar a gol, una vez más, durante los ¡noventa minutos! del partido y van€; de pretender hacer jugar a un portero de libero, sin tener conocimiento para enseñarle que es más fácil enviar el balón a una banda, en una jugada de peligro, que lanzarlo al área contraria donde hará de frontón, por buen chut que se tenga para el pase, si no se sabe enviar el esférico a los espacios laterales del campo, donde le es más difícil al contrario poder quedarse con la pelota.

Pero lo más penoso de todo fue ver el quinto penalti que se pitó a favor del Celta, en toda esta etapa del técnico Escribá cuando, por quinta vez, Aspas ejecuta mal y por el mismo lado los cinco penaltis pitados, sin que ninguno de los cinco guardametas batidos fuesen capaz de de detener, aún sabiendo el lado que el jugador había escogido para hacer el gol. Lo que la televisión, una y otra vez, les indicaba a los porteros, entrenadores, y técnicos, cuya ignorancia disculparán los porteros con: "Yo elegí un lado como se me dijo", mientras sus entrenadores lo harán: "Eligiendo un lado, es la única forma que hay de acertar por donde se va a tirar el penalti". Para el técnico de turno su disculpa será: "Eso se lo tiene que enseñar al guardameta el entrenador de porteros". Y así, la ignorancia del saber y de enseñar se la van pasando unos a otros.

Y ya, una vez salvados, es cuando tenemos que contestar a la pregunta:¿"Jugó más y mejor el Celta entrenado por Escribá que en las etapas de Mohamé Ali o Cardoso?. Veamos.¡ De ninguna manera!, en la de Mohamé el Celta jugaba como uno más de los equipos de la categoría del cuadro vigués, que militan en Primera División. Lo hacía con un fútbol despreocupado, buscando el gol en la portería contraria, sin importarle que el contrario la buscase en la del Celta. Provocando con ello un fútbol alegre, peleón y constante, que llevaba el contento a la hinchada azul celeste. Al mismo tiempo que se veía un fútbol con el cual no se sabía contrarrestar el peligro del que practicaba el contrario. Lo que desencantaba al espectador céltico que veía con claridad dónde estaba ese peligro para su equipo, así como lo fácil que le sería subsanar al entrenador, si viera con claridad los fallos que provocaban este fútbol alegre y peleón de ataque, conjuntándolo con otro más contundente y ordenado defensivamente, para equilibrar ataque y defensa, haciendo un equipo de fútbol más serio, con el que buscar y al mismo tiempo defender el gol. Este defecto hizo que el Celta fuese un equipo frágil, que en cualquier momento del encuentro podía ser derrotado por el contrario. Esto llevó a la intranquilidad a todo el celtismo, cuyo fallo buscó y estaba en su entrenador que solo conocía e inculcaba marcar más goles que el contrario, fuera como fuese.

En cambio el Celta de Cardoso tampoco vio de entrada el fallo que tenía el de Mohame Ali y que arrastraba desde la mal llevada a cabo pretemporada. Por lo que decidió hacer borrón y cuenta nueva, implantando su propio sistema de juego, que no era otro que traer a Balaídos el sistema de juego portugués, técnico, lento, de control del balón, pero no del partido y de escaso peligro para el contrario. Tanto que nos quiso ilusionar con su fútbol casero portugués, intentando que se comenzara a jugar, desde atrás, con el balón ya controlado y entregado por el portero, como Gilmar en el Ccampeonato del Mundo de 1958-62 de Chile. Lo que duró escasamente quince minutos de juego, dado el desconcierto que estaba produciendo esta forma de jugar en los jugadores celestes que, abandonando dicho sistema de juego, pronto comenzaron a jugar como lo habían estado haciendo bajo las ordenes de Mohamed. Hasta que Cardoso, al fin, dio con el fallo que le había inculcado Mohamed al equipo, al despreocuparse de los goles que también le hacía encajar el contrario.

Lo intentó arreglar colocando un hombre más en la defensa y en medio campo, para apoyar la línea defensiva en el intento de evitar el gol que intentaba lograr el contrario, y al mismo tiempo tener siempre bien cubierto posicionalmente el medio campo, tanto para deshacer la presión y el juego del rival en su ataque, como para comenzar a hilvanar el suyo. Para terminar de salir, de esa demarcación, el apoyo que requería Iago Aspas. Así pensaba en sacar al Celta de la penosa situación en la que lo había dejado Mohamed, y así jugó un partido serio y bien jugado contra el Alavés, faltándole solamente un poco más de tiempo para terminar de encauzar bien el juego cara a la peligrosidad del gol. Pero no le dieron más tiempo para poder hacerlo, teniendo que dejar el equipo, ya bastante bien encauzado, para salir del atolladero con el milagro o los milagros del Cristo de la Victoria. ¡Ninguna esperanza más se abría sobre el césped de Balaídos!.

Con el bote ya casi hundido, en el que navegaban los náufragos de los jugadores célticos, se busca un tercer entrenador para "achicar" el agua que entraba a borbotones en el casi hundido y deteriorado bote, para seguir con la arriesgada y peligrosa singladura, de alcanzar la milagrosa salvación. Pero Fran Escribá, aunque conocía, teóricamente, las normas de la navegación del fútbol español, no estaba capacitado para llevarlas felizmente a cabo, dado su poca experiencia en la práctica. Así que se hace cargo del ya casi hundido bote, con todos sus náufragos, con la esperanza de encontrar el milagro salvador del Cristo de la Victoria. Cuya espera hizo sin perder la esperanza suya, con la calma, tranquilidad, y sosiego de su ansiada continuación en el cargo. Por los que intentó vender como propios por su continuación.

Pero a pesar de los milagros del Cristo de la Victoria, la situación del bote era cada vez más angustiosa, en la que todos nos veíamos ya con el agua al cuello. Porque el señor Escribá no sabía jugar los partidos a "cara de perro", como se suele decir, en los que había mucho que ganar y nada que perder, ya que todo estaba perdido de antemano, en ellos, como él dijo, contra el Madrid y el Atletico madrileño. Luego siguió sin hacer nada para llevar a puerto al ya casi hundido bote, haciendo que el equipo acumulase más peligro de hundimiento. Era tanto su desconocimiento de la situación que incluso probó salir de ella copiando el sistema de juego que uno de sus rivales había empleado en Balaídos contra el Celta. Lo que tampoco le dio resultado, en el corto trayecto que faltaba para terminar la competición.

Y como el bote se hundía, cada vez más, y la situación angustiosa no se aliviaba con el "hacer" de Escribá, sin tirar a gol e implorando un milagro más, cuyo hilo salvador conducido, una y otra vez, por Iago Aspas, se ganó uno y otro punto, que malamente hicieron que el bote se hundiese definitivamente ante la hermosa playa de las Islas Cíes, por lo que pudieron salvarse todos los náufragos en ella. Allí, olvidados, tenían que haberse quedado, pero si quieren llevarlos para Mos, pensándolo mejor, pueden hacerlo pero dejándonos en Vigo a Iago Aspas, con el cual, para el centenario, se puede contar para refundir, una vez más, al Celta en el Atlético Celta de Vigo, sin salir de la ciudad y sin acciones ni votos. Solo con el recuerdo de la inolvidable y magnífica película de José Luis Garci: "Volver a Empezar".

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