09 de junio de 2019
09.06.2019
PADRÓN, HISTORIA DE UNA LEYENDA

Una fecha histórica

Balaídos se inauguró el 30 de diciembre de 1928, con Graciliano anotando el primer gol ante el Real Unión de Irún

09.06.2019 | 03:14
El palco de Balaídos en su inauguración en 1928.

Ramón Allegue, conocido como el Tigre Padrón, portero céltico entre 1955 y 1962, novelista y autor del documental "El fútbol por dentro", narra para FARO cada domingo las primeras décadas de historia del club. En este decimonoveno capítulo relata la inauguración de Balaídos con un partido en el que el Celta se impuso por 7-0 al Real Unión de Irún. Gradas atestadas, bendición religiosa, saque de honor de la hija de Gregorio Espino y... Graciliano anotando el primer gol.

El Celta, asomado a la segunda mitad de 1928, se dispone a participar en las eliminatorias para ocupar el puesto vacante de Primera División. Se busca un sustituto para el entrenador escocés Mr.Cowan, que al no conseguir proclamar al Celta campeón gallego y al ser eliminado de la Copa de España de forma rotunda, había perdido la confianza de la afición. La junta directiva contrató a Moncho Encinas, que hacía poco había dejado de entrenar al Sevilla. Fichaje que es bien acogido por los aficionados, que recuerdan a Encinas como jugador del Real Vigo Sporting.

Como además el Celta quiere inaugurar el nuevo estadio, para jugar ya en él la competición liguera, se legaliza el correspondiente contrato de arrendamiento del estadio de Balaídos, entra la sociedad Stadium de Balaídos y el Real Club Celta de Vigo. Contrato que firman Joaquín Fontán Ozores, en representación de la compañía Stadium, y el presidente del Celta, Manuel Prieto González. La sociedad Stadium percibía más de 20.000 pesetas por el concepto de arrendamiento del campo durante este primer año. Por los terrenos, más de 30.000 metros cuadrados, había pagado 50.000 pesetas, tras valorarse el metro cuadrado entre una peseta y una peseta y cincuenta céntimos.

Así que el 30 de diciembre de 1928 llega el gran día, un día de crudo invierno, tan triste como el aspecto que ofrecía el nuevo Stadium. Dado lo poco que había respondido la ciudad para su construcción, se tiene que inaugurar sin el cierre exterior que figura en la maqueta, el cual se tuvo que cambiar por un simple y sencillo muro de cemento. Y aunque las gradas eran de cemento, las de Marcador eran de tierra, sujetas por ladrillos. El contorno del terreno de juego estaba vallado de madera y por fuera casi todo el Stadium estaba rodeado de árboles, desde los cuales muchos aficionados podían ver gratis el partido, al igual que desde el montículo de tierra que había detrás de la grada principal.

Aunque la tarde era una tarde invernal y el estadio no tenía cubierta, pese a este tiempo, en el que se entremezclaban el frío y la lluvia, miles de aficionados que habían acudido de Gondomar, Baiona, Cangas o Bueu, desde donde se habían trasladado en tranvía o en barco, abarrotaban las gradas del nuevo estadio. El partido que iba marcar una fecha histórica para la ciudad y el Celta se iba a celebrar contra el Real Club de Irún, que era uno de los equipos más fuertes del fútbol español.

Al igual que fueron muchos los aficionados que habían acudido a la cita del gran acontecimiento, también lo hicieron autoridades civiles, militares y deportivas. Todos recibieron con cerrada ovación a los dos equipos cuando saltaron al verde terreno de Balaídos secundados por el árbitro del encuentro, el exselecionador nacional Manuel de Castro, auxiliado en las bandas por Fariña y Paredes. El Celta, que ya vestía con su camiseta azul marino y calzón blanco, alineó a Lilo; Cabezo, Pasarín; Paredes, Cárdenas, Vega; Reigosa, Chicha, Rogelio, Polo y Graciliano. Mientras que el Real Unión de Irun lo hacía con Emeri; Alza, Anza; Malla, Gamborena, Villaverde; Antuna, Werli, Urtizberca, Echeveste y Garmendia.

En el momento en que el arcipreste de la parroquia de Santa María, el padre Faustino Ande, iba a celebrar la bendición del estadio, todos los espectadores se pusieron en pie. Luego, cuando se terminó de celebrar el acto religioso, se pronunciaron frases de salutación y vibrantes: ¡Viva Galicia! ¡Viva Vigo! ¡Viva el Celta!. Todos los asistentes al acto respondieron: ¡¡Viva!!

Con los dos equipos formados en el centro del terreno de juego, se dejó oír el himno gallego, que todos corearon en pie. Luego los capitanes de ambos clubes, Polo por el Celta y Alza por el Real Unión de Irún, se intercambiaron sendos ramos de flores. Y fue entonces cuando la señorita Carmen Gregorio Espino, hija del exalcalde Adolfo Gregorio Espino, hizo el saque de honor del partido. Fue una magnífica exhibición por parte del Celta, que venció al Real Unión de Irún por un rotundo 7-0 con goles de Graciliano, que fue el primer jugador en marcar un gol en Balaídos, Chicha, Reigosa, Rogelio, Polo (2)y Losada.

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